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Las lecciones.


Si tú pretendes darme una lección con todo esto, no voy a aprender nada, pues cuando se trata de ti me vuelvo terca y obstinada…

Sólo las situaciones que más  anhelas  hacen que te vuelvas tonta  a la hora de actuar. Jamás piensas en lo que ocurrirá luego, pues lo deseaste tanto que no tomas en cuenta las pequeñas cosas que no van a tu favor.

Tomar decisiones premeditadas sin pensar en las consecuencias es fácil. Lo que te llevará aquello que no pensaste es bastante  complicado.

Las emociones afloran al respirar tu mismo aire, ingresar a diario a tu habitación y observar que sólo algo cambió en esas cuatro paredes,  me resulta difícil. Ya no está la fotografía de nosotros, todo está igual, la misma fragancia, los libros desordenados y las colillas de cigarro debajo de la cama, la habitación esta ordenada pero aun así es un lugar donde todavía me cuesta permanecer.  Me siento en tu cama y trato de agrupar todos los recuerdos en ese lugar, el problema no es recordarlo todo, el problema es recordar lo feo que ocurrió ahí.

Hoy me acosté después de muchas semanas en tu cama y trate de conciliar el sueño, era inútil. Creía que jamás volvería a abrigarme con tus cobijas y envolverme en tus sábanas, pensaba  en lo que estarías  haciendo tú en este momento, si te estaba yendo de maravilla en aquellos viajes que te mantienen vivo y feliz, también pensaba en si en algún momento me extrañabas como yo a ti. Aquella noche no dormí en lo absoluto, primero porque había pasado mucho tiempo sin siquiera asomarme a tu cama y segundo, me decía a mí misma que ya era inútil tratar de remediar algo,  pensamientos como salir sin importar donde estés tú a buscarte, sin tener la certeza de que también te alegres de verme, miles de cuestiones y dudas rodaban por mi cabeza. Tú estabas a miles de kilómetros de esa cama,  quien sabe haciendo que, pero yo, te pensaba sin cesar. Trataba de buscarle mil maneras de respuestas a mis preguntas.

Porqué pretendía aun salir corriendo a buscarte, porqué quería abrazarte  nuevamente, porqué quería reír contigo otra vez, porqué quería escucharte cantar para mi otra vez, porqué quería besarte otra vez. Si lo último que pasó fue escapar de ti, pedirte que me soltaras y que me dejaras tranquila, pedirte que no me toques más, que dejaras de hacerme llorar, que dejes de gritarme y que no vuelvas a intentar besarme. El último sabor tuyo era amargo y me dolías mucho al recordarte, nada de lo que había pasado era  agradable.

Tenía las coordenadas exactas de tu ubicación pero aun así  sentía un miedo intenso al no encontrarte o al encontrarme con alguien que ya reconocería,  tenía miedo de cual fuera tú  reacción cuando me encuentres donde menos lo esperabas, perdón  decir “encuentres” creo que es erróneo, pues no me estuviste buscado, lo más apropiado sería  decir: Cuando te topes conmigo. Tenía miedo también de perder a gente que me ama por culpa de una decisión estúpida, tenía miedo de que estas ideas se tornen reales y finalmente salir a buscarte… ya no era tiempo de hacerlo.

A la mañana siguiente todo era de rutina, pero estaba exhausta no había  pegado un ojo en  toda la noche, luego tomar desayuno  un café y dos tostadas y también  las mismas conversaciones con el ángel contándole como había pasado la noche, creo que la conversación esa mañana tuvo un título y eras “tú” la conversación se hizo más intensa pues las lágrimas caían, ver el rostro resquebrajarse y llorar porque ya no estabas ahí,  fue el detonante para salir  inmediatamente a buscarte. No había pensado en cuán lejos estabas y cuanto me iba tardar encontrarte, pero la soledad me estaba volviendo loca y  presentía  que el amor no volvería  por aquí si yo no salía a buscarte. Te extrañaba demasiado

Estabas a miles de kilómetros de casa, esa  mañana salí sin mucho afán, pero con un  miedo intenso  que de imaginarme tu reacción quizá jamás hubiera partido.
Y finalmente  después de tantas horas de viaje llegué a donde estabas tú.

Toqué la puerta, sabía que no abrirías si no decía quién era, pues eres un paranoico y así paso no me abriste… toqué una y otra vez los intentos fueron fallidos tú no estabas. Cogí mis cosas y estaba a punto de partir pero no me dí el valor ya había recorrido miles de kilómetros y me había arriesgado a tanto que me parecía inútil no intentar buscarte otra vez. Regresé  me quede más de  tres horas esperando que llegaras, mientras tanto pensaba que decirte que explicación lógica darte para cuando llegaras pues ya había pasado el tiempo y tampoco era el lugar para buscarte…

Cuando llegaste me oculté para que no me vieras y de inmediato toqué la puerta y de suponerse no abriste, preguntaste quién era…. Casi llorando respondí que era Yo. Abriste la puerta y te quedaste anonadado, lo primero que dijiste fue, ¿Qué haces aquí? y con eso surgieron más preguntas y reproches, lo cierto es que yo no supe responder a ninguna cuestión… ahí no existía ninguna palabra, los actos estaban claros… ¡Había ido por ti!

Para que contar lo que sucedió después… yo salía de ahí llorando y lamentando porque te había  ido a buscar… y tú ya  no eras tú.

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