Archive for » agosto 11th, 2015 «

Aquellas maravillosas cuatro ruedas

“El viajar es un placer,
que nos suele suceder.
En el auto de papá
nos iremos a pasear.
Vamos de paseo pipipi
en un auto feo pipipi
pero no me importa pipipi
porque llevo tortas pipipi”

                  Los Payasos de la tele

La verdad es que no estoy encontrando muchos huecos para poder escribir de vez en cuando, pero es que he encontrado una distracción mejor que requiere todo el tiempo del mundo, y encima, lo sabe. El Azuki ya hace un montón de monerías y llama nuestra atención a cada momento, y es imposible negársela. Aún así, sigo teniendo ganas de continuar con esto e imagino que llegará el momento en el que vuelva a coger el ritmo del blog y de todo en general.

El mes de julio, uno de los más calurosos que yo recuerde, hemos estado muy tranquilitos los tres, y la verdad es que ha pasado muy rápido. Estuvimos unos días con mi padre en Cantabria, huyendo del horno en el que se había convertido más de media España. Allí arriba, sin embargo, nos poníamos chaquetita y mantita para dormir, todo un lujo. Hemos pasado allí mi cumple, rodeada de mis chicos favoritos y muy a gusto. Parece que la palabra “tranquilidad” en todas sus formas es lo que vamos buscando a cada momento. Tranquilidad para el Azuki, para nosotros, para lo que nos rodea. Creo que llevo buscándola mucho más tiempo de lo que realmente soy consciente.

Y no era de esto de lo que quería hablar, pero una cosa lleva a la otra y al final termino descubriendo nuevos enlaces a los temas. Yo quería contaros cómo me había sentido yendo en coche de viaje, porque al cambiar la situación e ir con un bebé, me vinieron todos los recuerdos de cuando era niña y viajábamos a Galicia de vacaciones.

viaje-coche

Hacía mucho tiempo que no me iba unos días de viaje en julio. Recuerdo que salíamos a las 6 de la mañana, medio dormidos, en un Peugot 205, blanco. Nos esperaban muchas horas de viaje por delante, más de 6. Íbamos por carreteras que en nada se parecían a las súper autopistas de hoy en día, y por supuesto lo del aire acondicionado era un lujo que no todo el mundo tenía. No se llevaban las sillitas de niños hasta los 12 años como ahora y el cinturón de seguridad atrás no era obligatorio. Pero mi padre sí que los puso.

El viaje era largo y debíamos llevar un arsenal de cosas para entretenernos y para comer algo, y una buena organización a la hora de buscarle el hueco a todo, incluyéndonos a nosotros.

MI madre y mi hermano solían caer dormidos nada más coger carretera. Yo me quedaba acompañando a mi padre la mayor parte del camino. No quería dormirme. Nunca me ha gustado dormir más de la cuenta, es como si tuviera la sensación de perderme cosas. Eso sí, íbamos todo el camino con los cassetes de canciones infantiles (de todas las series de dibujos que podían existir) y de los cuentos del Caserío. Había un ratito que mi padre me pedía poner alguna de sus cintas, para cambiar un poco. Debía llevar la cabeza como un bombo de tanto Oliver y Benji y Juana y Sergio. Y así viaje de ida y viaje de vuelta y un año detrás de otro. No sólo fuimos a Galicia, claro, pero era uno de los sitios que más me gustaban a mí y el último al que fui con mis padres y mi hermano. Ahora lo recuerdo con nostalgia.

Este año el viaje ha sido también en familia, a Cantabria, a ver al abuelo. Pero esta vez los padres éramos nosotros y llevábamos un bebé, en su súper silla, con todos los muñequitos para distraerle, parando cada hora y media o dos horas y sin querer dormirme como cuando era pequeña. Lo bueno es que el enano sí que se dormía, un santo para viajar, no nos podemos quejar.

Sé que no es un post de los más interesantes o emocionantes. Pero a mí este primer viaje con el enano me ha hecho recordar mis viajes de cuando yo era pequeña. Ahora ya casi acostumbrados a ir en avión o en trenes de alta velocidad, parecía que el coche se iba a quedar atrás. Pero por la sensación que he tenido y lo que mi cuerpo y mi nueva situación me demandan, creo que ha llegado el momento de aparcar los grandes viajes para volver a recorrer la geografía española y que el Azuki empiece por aquí.

Eso sí, no me olvido de un viaje que tengo pendiente  a Amsterdam y otro a Nueva York, y él vendrá con nosotros, por supuesto. Pero sea por lo que sea, ahora me apetecen vacaciones en familia, buscando disfrutar de ellos más que del lugar. Aquel concepto que hace un tiempo pensé que había perdido y lo escondí con otro tipo de distracciones, ahora vuelve a mí y lo quiero disfrutar: mi familia.

Y en eso estamos. Ahora viene agosto y ya son tres meses aprendiendo y creciendo. No nos queremos perder nada, así que estamos durmiendo lo mínimo jeje.

Nos leemos otro día, ya no me atrevo a decir si pronto o tarde. Disfruten de sus días de verano, y si se da el caso, de unas buenas vacaciones.

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Verano

El blog no ha estado activo por razones personales. Pero ya volvemos a la carga. Aún queda para que se termine el verano. ¿Cuáles son vuestros planes? Los míos piscina, piscina y más piscina. Pero no me puedo quejar ya que en menos de un año he ido a Lisboa, República Dominicana, París y otros lugares dentro de la geografía española.

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Las últimas subastas de Europa

Más de 700 años de existencia, cerca de 100.000 visitas semanales y 300 comerciantes, los más variad

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Hanoi – Sapa

La llegada a Vietnam fue bastante más sencilla: la hora escasa de vuelo y el acuerdo diplomático recién firmado para poder permanecer en el país al menos 15 días sin visado hizo que en apenas 30 minutos estuviera disfrutando de una de las ciudades más fascinantes que jamás había vivido. Nada más bajar del taxi, el jolgorio de los claxon constantes y tener que esquivar a la inmensa cantidad de motocicletas que abarrotaban las calles hizo que tuviera que estar más despierto que nunca aunque ya fueran las 10 de la noche.

Intenté acomodarme lo más rápido posible para poder disfrutar de ello sin mochila y respirar profunda y tranquilamente la gran contaminación que en el ambiente flotaba, pero me encantaba.

Gente joven abarrotaba las terrazas bebiendo cervezas con hielo, fumando cachimbas o afinando sus gargantas en alguno de los karaokes que alrededor había. Y a las 23 toque de queda, es impresionante como en apenas unos minutos todo se transforma y desaparece como si se lo tragara la tierra. 

Y de nuevo el diluvio universal, en Koh Tao dos noches seguidas el cielo se cerró de repente y descargó la furia de media vida junta, y aquí igual, lluvia torrencial durante una o dos horas, se oxigena el ambiente y como si no hubiera pasado nada.

   
  

Las hermanas riojanas estaban alojadas bastante cerca, así que contactamos y decidimos salir a gozar juntos, y vaya si lo hicimos, Hanoi es una de esas ciudades que no te deja indiferente desde el primer segundo, el caos del tráfico, la gran vegetación, los varios lagos, los diferentes mercados, la gente tan auténtica por todas las calles,… se mezclan con una sensación de seguridad y tranquilidad contrapuestas; y a mi me ha chiflado. Nada más empezar nuestro paseo una terraza de paisanos nos debió llamar tanto la atención que no dudaron en invitarnos a sentarnos con ellos a tomar unas cervezas (recién desayunados) y a conversar animadamente mediante señas, fue un momento maravilloso, de lo poco que pudimos entender a uno de ellos es que era ex-combatiente de la Guerra de Vietnam a la vez que nos señalaba una cicatriz de proyectil en su cabeza. En apenas 15 minutos nos pidió dos cervezas a cada uno y le frenamos con las siguientes, y por supuesto no nos dejó pagar. 

Aprovechamos durante el día para dar un paseo por lo turístico del centro y al caer la tarde rematamos viendo el espectáculo de marionetas en el agua que debía de ser famoso aunque para mi ni de oídas. Disfrutar por el Old Quarter inmerso entre jóvenes vietnamitas ansiosos de comida y bebida entre terrazas superpuestas y mezclando la comida con los tubos de escape y la melodía inagotable de los claxons estruendosos era algo que tampoco nos podíamos perder.
  
    
    
    
    
  
Y finalmente llegó Sapa, decidimos coger un servicio de bus express y en 5 horas y media estábamos deleitándonos en lo que desde el inicio le estaba dando sentido a este viaje. El monzón había acentuado las dudas de venir, muchas zonas montañosas han sufrido graves inundaciones y ha muerto bastante gente, intentamos conseguir toda la información posible para extremar las precauciones, cosa que aquí no es fácil, y decidimos venir…

El tema del voluntariado sí que está complicado: las ONG’s con las que había contactado están en zonas catastróficas y una de ellas me ha dicho directamente que me olvide de ir pero que les puedo ayudar mucho rezando por sus gentes y por las víctimas.

Gracias a mis nuevas compañeras de viaje, hemos conseguido contactar con una mujer de la tribu H’Mong para que nos haga de guía y poder disfrutar de un par de días de trekking y convivir en su casa con su familia, y la estamos gozando. Las limitaciones son bastantes pero que te ofrezcan toooodoooo lo que tienen me cautiva y me llena de energía. En su cabaña hemos coincidido con una surcoreana con la que compartimos unas cervezas mientras disfrutábamos del atardecer entre los preciosos campos de arroz, luego la cena con nuestra anfitriona y después un momento maravilloso disfrutando del cielo estrellado espectacular entre cantos de grillos y torrentes de cascadas.

Yo he dormido en una tabla de madera cubierta con mosquitera y tapado por una manta “zamorana” de casi 4 kilos de peso, en estas semanas he tenido todos los niveles de confort y visualmente éste ha sido el más bajo, pero he logrado descansar perfectamente ayudado por un estado de tranquilidad y paz tal que no lo recordaba. 

Continuamos con la ruta de vuelta hacia Sapa pueblo, hoy son 13 los kilómetros por la zona baja del valle que vamos disfrutando a cada paso.

El monzón nos ha respetado y han sido 3 días geniales en todos los aspectos: INDESCRIPTIBLE SAPA!
  
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
    
   

  

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