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Descubriendo Samoa (II)

Si no has leído la primera parte peor para ti. Aquí la tienes.

Ay, estos samoanos…

Map showing Samoa and the international date lineSamoa es como ese amigo tímido que nunca hace ruido pero de cuando en cuando le da por hacer cosas extrañas. Una de ellas es cambiarse de lado con respecto a la Línea de Cambio de Fecha. Hasta hace no mucho Samoa estaba al este de la Línea, esto es, era uno de los primeros países en empezar los días (cuando allí llegaba Año Nuevo en España estábamos todavía en Nochevieja). En 2011 decidieron que no, que ahora iban a estar al oeste, pasando entonces a ser uno de los últimos países en acabar cada día (cuando en España ya es Año Nuevo, en Samoa están en Nochevieja). Este cambio de posición respecto a la Línea se hizo el 30 de diciembre de 2011, por lo que en realidad ese día nunca existió para ellos. Del 29 se pasó al 31 automáticamente. Y lo gracioso es que no fue la primera vez que cambiaron. Ya en 1892 dieron el salto contrario, esta vez repitiendo dos días del calendario: el 4 de julio precisamente. Las razones, en ambos casos, tienen que ver con quién se juntaban en cada momento (Estados Unidos primero, Australia/NZ después) y con concordancia de horarios y calendario con dichos aliados.

Otra rareza es que el límite de velocidad permitido en la carretera es de 55km/h. Al principio choca que el máximo sea tan bajo, pero a poco que empieces a conducir por allí, por el bien de los riñones y de tu culo verás que la idea no es tan descarada. El asfalto es lo suficientemente irregular como para que el cuerpo no te pida ir más rápido, y la probabilidad de atropello es bastante alta (animales y niños corriendo de un lado al otro cada muy poco), por lo que al final uno se acostumbra a ir paso de tortuga. Total, los paisajes son increíbles, y así se disfruta del fa’a samoa (tranquilo modo de vida samoano). ¡Por cierto, que conducen por la izquierda!

CarreteraViajar por / a Samoa

Si vas a Samoa, algo que debes tener en cuenta es que vas a estar rodeado de gente MUY religiosa, más específicamente cristiana (98% de la población). Esto significa dos cosas: una, que los domingos son días sagrados, y que absolutamente todo cierra. Y esta gente se lo toma muy en serio. Con absolutamente todo incluyo gasolineras, por si te pilla en coche. Tan serio es que, se dice, se comenta, que en algunos pueblos no te dejan ni entrar, ya que es un día para no hacer nada, ni siquiera turismo. A mí no me pasó, pero sí me quedé sin gasolina. ¡Coge provisiones el día anterior!

Hablando de provisiones. Hazte con todas (¡Po-ké-mon!) en Apia, que fuera no vas a encontrar ná de ná. De vez en cuando por la carretera hay algún puestecillo (literalmente hecho con cartones o láminas de PVC) en el que te ofrecen una barbacoa por 3 míseros euros, o alguna pizzería super aleatoria en medio la nada, en la que puedes tomar algo caliente. Por lo demás, encontrar comida en Samoa es lo más parecido a encontrar comida en una isla deshabitada. En pocas líneas, comer fuera supone: a) comer en un resort, o b) comprar bolsas de patatas y galletas en un chiringuito.

Y ya que estamos, la comida me pareció una mierda pinchada en un palo un punto negro en Samoa. Como ya he dicho antes, aquí la gente no come muy bien, y yo no me iba a librar por guiri. En general se reduce todo a carne de pollo o cerdo, coco y taro. Cualquier combinación que se te ocurra con estos ingredientes es válida; cualquier otra combinación era la del siguiente, y así. Un día comíamos pollo con salchichas de cerdo y salsa de coco, al siguiente era pechuga de pollo con coco y taro hervido , etc… Incluso si vas a un “restaurante”, todo lo que encuentras es eso, o comida europea (pasta, hamburguesas, …). Es decir, apenas hay nada auténticamente samoano, salvo el palusami, que es salsa de coco con hojas de taro (¡oh vaya, qué sorpresa!). En este sentido me sorprendió que tratándose de una isla diminuta en medio del maldito océano más grande del planeta apenas hubiera pescado. Si no hay pescado en una isla yo me bajo del mundo (hola Nueva Zelanda). Lo único decente se encontraba en el mercado de pescado de Apia donde, la verdad sea dicha, hacen el mejor fish&chips del mundo, con un pescado sabroso de verdad (parecido al atún), y barato.

"""Estación""" de autobuses en Apia.

“””Estación””” de autobuses en Apia.

En cuanto al transporte, depende del itinerario, de los días que tengas, y de tu paciencia, es mejor una opción u otra. Si no vas a estar mucho tiempo, y no vas a ver mucho más que Apia y alrededores, lo mejor es tirar de transporte público. La ventaja es el precio, y las desventajas… son cuestión de perspectiva. Coger un autobús se convierte en una experiencia curiosa: se llenan hasta los topes (y recordemos que los samoanos no son precisamente Peter La Anguila), no tienen aire acondicionado, y además no tienen horarios. Por lo que si tienes prisa por llegar a algún sitio, olvídate. Además, es costumbre entre samoanos ofrecer o sentarse en el regazo de otros, por lo que si estás de pie, que no te extrañe demasiado que un hombre o mujer te ofrezca sentarse sobre sus rodillas. No hay que considerarlo una ofensa, allí es de lo más normal, pero claro, puede llegar a ser incómodo de cuyons, más con los bachecicos que hay. El taxi tampoco es muy descabellado, por lo barato (recuerda acordar el precio antes) y por las distancias tan cortas en la isla. Si vas a ver 3 o 4 puntos de la isla solamente, sin explorar, no es mala idea. Verás que el mismo taxista, una vez que te deja en tu destino te ofrece su número de teléfono por si lo vas a necesitar otro día. Son capaces de ir de una punta de la isla a otra para llevarte.

Si lo que quieres es flexibilidad, alquilar un coche es lo mejor. No es que abunden las compañías de alquiler, pero para un país en el que todo existe en cantidades muy pequeñas no es difícil encontrarlas. En general salen a unos 30-40€ el día según compañía y modelo de coche, y la gasolina está a precios españoles (o lo que recuerdo que eran los precios allí a finales de 2014). Sin duda la mejor opción, ya que fuera de Apia todo lo que hay son pueblecitos de 20-50 habitantes: sin infraestructuras ni nada, ni internet, ni otras compañías de alquiler; por lo que moverte sin coche supondría rezar porque pase un autobús por allí, llamar a un taxi y esperar a que venga desde Apia, o ir a dedo. Por no haber no hay ni gasolineras apenas. En todo el sur de Upolu no hay ni una, y para repostar hay que irse a Apia o cerca de Mulifanua. Ídem en Savai, con 3 ó 4 gasolineras en toda la isla. Pero que no te engañe el tamaño de las islas en el mapa: puedes ir de la punta más lejana a la otra y volver sin repostar por lo menos 4 o 5 veces. La islas son realmente pequeñas.

Y Apia. ¡Qué decir de Apia! Le voy a dedicar más palabras que cosas hay que ver, pero desde aquí quiero decir: si vienes a Samoa no te quedes solo en Apia. Nunca, Jamás. No te dejes engañar por los planfletos del aeropuerto en los que te hablan de la “vibrante vida nocturna” de la capital (yo estuve viernes y sábado y no hay ni un alma), o de su “rica gastronomía” (10 restaurantes tirando muy por lo alto, la mayoría con comida italiana (WTF??)). A Apia hay que ir para comprar comida en el único, e increíblemente vacío, supermercado del país, ver los mercados de fruta y pescado para seguir pillando aún más comida, y visitar Palolo Deep Reserve, un sitio para echar la tarde (o la mañana, dependiendo de la marea) haciendo snorkel del bueno, con aguas azules, peces coloridos y corales. Si eres un poco friki de la literatura puedes visitar la casa/museo de Robert Louis Stevenson (pero que ni siquiera está en Apia en sí, sino en las afueras, al sur), ya que el hombre se vino aquí a pasar sus últimos días. Por lo demás, más allá de ver los quehaceres de los samoanos en su única ciudad y de asombrarse por lo pequeño de la capital, no hay más que hacer o ver.

¡Qué bonico!

¡Qué bonico!

Acabamos con los precios. Samoa no es tan barata como pueda parecer, al menos no como turista. Comprar comida básica en (el) supermercado es relativamente barato (precios algo superiores a España), pero a poco que quieras alguna pijadilla (ostras es que estas galleticas saladas me encantan) o alguna tontuna innecesaria el precio se dispara, ya que casi todo es importado. Por otro lado, a la hora de dormir, o duermes en resort o en fale. Esto es, no hay albergues, y pasar la noche en Samoa te va a costar como muy poco 25€ por persona (en un fale). Eso sí, si lo piensas, está muy bien de precio si tienes en cuenta que estás en primerísima línea de playa, y que casi siempre se incluye desayuno y cena. Por lo demás, siendo cauto y moviéndote como los locales, no deberías llevarte ningún susto. Ir de una punta a otra de la isla en taxi puede salir a 10-15€; menos, si vas acompañado. Cruzar de Upolu a Savaii o viceversa son 4€, y llegar a cualquier otra isla pequeña debería ser aún más barato (tienes que pedir a los locales que te lleven), a no ser que caigas en las trampas para turistas en las que te cobrarán más del doble.

A propósito de los precios, Samoa es una isla que está totalmente “poseída” por familias. Con esto me refiero a que cada trozo de tierra tiene un dueño, un matai, al que tendrás que pagar una cantidad simbólica por hacer uso de ella. ¿Qué quiere decir esto? Cuando pares en algún sitio verás que casi siempre se te acerca alguien. Es el matai o alguien relacionado con él, que sin mediar otra palabra te dirá “five tala” (5 dólares samoanos, 1’66€). El asunto va de que como casi no hay turismo, el poco que hay ha de contribuir a la manutención del lugar que esté visitando. Por lo que ir a una playa, ver una catarata o irte de picnic a un lago conlleva un pequeño pago por persona. Has leído bien, ir a la playa cuesta dinero. Como ves, la cantidad no es muy alta (asegúrate de llevar siempre billetes pequeños o monedas), pero para disfrutar de toda Samoa tendrás que dar por hecho que un porcentaje se te irá en “manutenciones”. Normalmente son 5 tala (se llama tala porque es la transliteración en samoano de la palabra dólar), pero las atracciones más turísticas, como To Sua Ocean Trench son 20 talas (6’7€).

El único, el inimitable To Sua Ocean Trench.

El único, el inimitable To Sua Ocean Trench.

Y con esto y un bizcocho terminamos el capítulo dedicado a Samoa. ¡Espero que te haya despertado un mínimo de interés!

Fuentes e información extra: Samoa Bureau of Statistics (I y II), CIA World Factbook, Wikipedia (I y II), OMS, World Obesity, Country Reports: Samoa, Fact Monster, Daily Mail, y el recomendadísimo Fronteras blog.

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