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1984, vuelta a la Unión Soviética

Добро пожаловать товарищ! O quizás debería empezar diciendo sveiki atvykę draugas! para daros una pista de a dónde vamos hoy. La entrada de hoy nos trae de vuelta a nuestra eterna Europa, más concretamente a su centro geográfico. Cuidado, porque es muy fácil pensar que el centro del antiguo continente está en Alemania (por aquello de decir siempre lo de Centroeuropa o Europa central), pero no te dejes engañar, está más al noreste de lo que parece. También hay que decir que depende de cuáles son los límites europeos que tomamos (¿es el Cabo da Roca en Portugal el límite occidental o las Azores? ¿Y el septentrional, Cabo Norte (Nordkapp) en Noruega o la Tierra de Francisco José (Земля Франца Иосифа) en Rusia?), y por eso mismo hay varios centros, pero generalmente se acepta que está en Purnuškiai, un lugar a 26km al norte de Vilna (o Vilnius para los angloparlantes), ¿¿capital de…??

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Música inspiradora para leer la entrada:

Ojalá tuviera tiempo y espacio aquí para hablar de todo el país, ya que junto con Islandia, los países Bálticos forman mi parte favorita de Europa. Peeero igual que cuando se viaja hay que dejarse sitios por ver, para así al país volver (toma pareado cutre), nos dejaremos hoy un montón de cosas en el tintero (en el teclado, más bien, hay que actualizar la expresión) para poder volver a hablar de este país, que bien vale una decena de entradas.

Adentrándose en los bosques de Nemenčinė

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Viviendas en Kalniečiai (Foto de: Augustinas Žemaitis)

En realidad hoy voy a ser muy específico, y vamos a hablar de cómo en un país que se independizó de la Unión Soviética hace ya 25 años se puede vivir una experiencia similar a la de vivir en aquellos años de comunismo. Está la forma gratuita e imaginativa que es la de pasear por ciudades pequeñas lituanas o algunos barrios de Kaunas como Šilainiai o Kalniečiai y ver los típicos edificios que son bloques grises de cemento, uno detrás de otro. Toda una experiencia, desde luego; aún más si consigues ir en esa época del año en la que todo se ve triste, frío y neblinoso. Sin embargo, esto lo puedes hacer en prácticamente cualquier país que haya estado al este del Telón de Acero, y al fin y al cabo, la experiencia se reduce a uno de los cinco sentidos: la vista.

Aaaaamigo, pero eso no es la Lituania soviética de verdad, no, no, no. Yo hablaba de una vivir una experiencia, no de verla. De ser encerrado en habitaciones oscuras en búnkeres, de ser detenido e interrogado por soldados soviéticos, de que te intimiden con perros, o de tener que sobrevivir con lo que había en las tiendas de 1984.

Todo eso se puede hacer en los bosques de Nemenčinė, en un sitio llamado Naujasode, a unos 25km de Vilna.

Lo que encontrarás allí será un búnker en medio de la nada, convertido en una especie de parque de atracciones soviético, único en el mundo. El sitio en cuestión se llama Soviet Bunker, y tienes dos opciones: la opción gallina, que es visitarlo cual museo, de tranqui; y la opción survival drama, que llaman ellos, o simulacro de régimen totalitario. De esta es de la que vengo a hablar. Disfrutar de esta opción supone entrar al complejo aceptando que eres un preso capturado por la KGB y que te van a tratar como tal. Ojo, que en la KGB no pedían las cosas por favor, y cualquier orden que se te de la tendrás que cumplir (ya sea arrodillarte en un interrogatorio, meterte en un calabozo a oscuras, etc…). No cumplir las órdenes supone salir del espectáculo o sufrir castigo físico (no es coña, te golpean en la espalda con una correa/cinturón de cuero a grito pelao, en russki y delante de todo el mundo; en el vídeo que te dejo al final lo puedes ver).

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Закрой свой рот, сукин сын! (Foto de: sovietbunker.com)

Se trata de simular de la forma más realista posible que has sido capturado preso por la Unión Soviética en una dramatización que dura 3 horas. En este tiempo vivirás las dos caras de ser un ciudadano soviético. Por un lado, verás la televisión del momento, y realizarás cosas tan cotidianas como ir al puesto de comida a comprar lo que sea que hubiere en aquellas tiendas. Hasta te incluyen una comida/cena con chupitos de vodka, comida tradicional y bailes y canciones típicas de la época. Pero no todo van a ser risas, camarada. Por otro lado, te recibirán con perros, te obligarán a despojarte de todas tus pertenencias (eso incluye la cartera, el móvil o la cámara), te bajarán al búnker, helado cual FrigoPie y a 6 metros bajo tierra, te darán un mísero abrigo húmedo como ropa de prisionero, te harán aprenderte el precioso himno de la URSS y te enseñarán a ponerte una máscara de gas para prepararte contra un ataque biológico-nuclear. ¡Hasta te darán un café (de cebada) aguado! Para más inri, absolutamente todas las instrucciones te las van a dar en ruso o lituano (por hacerlo más realista y agobiante, pero puedes pillarte un intérprete),  y no esperes que los guardias te sonrían lo más mínimo, por mucho que sea una simulación. Te van a gritar, te van a humillar psicológicamente delante del resto del grupo (ahí, el hecho de que te humillen en ruso casi es una ventaja) y es que tienes que recordar una cosa: al entrar has firmado un papel en el que aceptas un trato vejatorio. Obviamente no vas a salir en muletas soviéticas y con un ojo color rojo comunista, pero algunos de los actores son realmente ex-agentes de la KGB y van a intentar dar el máximo realismo posible. Uno a veces se olvida de los sitios a los que viaja, y este no es un lugar para salir en una foto sonriendo y haciendo el signo de la victoria. Han habido desmayos, y si quieres ir tienes que aceptar que vas a ser un prisionero pseudo real durante 3 horas. Sobra decir que la entrada no está permitida a niños o gente con problemas del corazón o claustrofobia.

Visitors at the Soviet Bunker

¡Ay como se te ocurra reírte! (Foto de: Lithuanian Board Trust)

Tu papel será acatar órdenes, responder a preguntas, repetir la propaganda comunista que te enseñen, correr por fríos pasillos paupérrimamente iluminados, con perros detrás persiguiéndote, firmas falsas acusaciones o incluso te retarán a intentar escapar, para que puedas sentir que no era tan fácil salir de semejante infierno. Al final te dan un certificado de haber sobrevivido a un arresto soviético y te dan un souvenir de la tienda de regalos del centro

Sobre lo ético del parque temático, lo dejo en tus manos. Hay quienes piensan que es una falta de respeto a los que vivieron los verdaderos calvarios; pero también quienes se preguntan cómo narices no se han inventado esto antes. Yo desde luego me meto en este último saco.

La entrada al museo es de 30 litas (8’7€ a día de hoy), mientras que ser golpeado, insultado y todas esas historias te va a costar un poco más, sobre los 30€ por persona. Además, tendrás que planear bien tu viaje, ya que se hace cada 2-3 semanas, de forma un tanto irregular y si te quieres garantizar una plaza lo mejor será que contactes con ellos directamente o veas el calendario actual. En esta página podrás comprar los tickets.

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Desfile de la moda en Lituania (Foto de: boingboing.net)

Así que ya sabes, si te interesa la historia soviética, estás aburrido de ver el campo lituano o la ciudad, y lo que buscas es una experiencia acojonante (en cualquiera de sus sentidos), coge un coche, ve al norte hacia Nemenčinė por la carretera 102, coge el desvío a Nemenčinė-Buivydžiai y casi 5 km más allá llegarás al búnker en Naujasode.

Antes de terminar, un inciso. Soviet Bunker está pensado para recrear cómo era la vida bajo una filosofía totalmente distinta a la actual, y se centra obviamente en la parte más impactante, que es la violenta. No obstante, en muchos países ex-soviéticos, Lituania incluida, todavía queda gente que añora aquellos tiempos, y que dicen que la economía era peor, pero la vida era mucho mejor que como la pintamos ahora en tiempos capitalistas. En alemán hay hasta un término para definir ese sentimiento, Ostalgie (de Ost, Este y, obviamente, Nostalgie, nostalgia; nostalgia del Este). Tanto es así, que la misma creadora del espectáculo, Ruta Vanagaite, dice que una de las razones que le motivó a llevar a cabo esta idea fueron ellos, los nostálgicos de la época soviética.

Fuentes e información extra: True Lithuania, Snarky Nomad, The Guardian, Canada.com, WW2 Tourism.

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