Archive for » septiembre 30th, 2015 «

Un mes y medio de vida en la maleta

EquipajeLargarte de tu vida acomodada hacia un nuevo destino tiene un precio. Al estrés habitual que acompaña el hecho de preparar una maleta para pasar, por ejemplo, un fin de semana, se le suman complicaciones cuando el periodo de tiempo es más amplio. Porque hacer una maleta para un mes y medio es difícil de narices…

Para sobrevivir en la India y Nepal a lo largo de estos 44 días no solamente necesitaremos ropa. Elementos tecnológicos para contaros nuestra aventura, caretas para nuestros paseos bajo el mar, chanclas para cuando los pies estén tan doloridos por el caminar que se declaren en huelga… O incluso un botiquín. Como no sabemos qué nos vamos a encontrar en nuestro camino ni tampoco a qué precio, hemos cargado con una buena maleta por si hay una urgencia. El hecho de tener una pareja enfermera ayuda porque en cualquier otra situación no creo que mi botiquín hubiese pasado de unos paracetamoles y unas pastillitas para dormir durante el vuelo.

Como podéis ver en la foto, esto es todo lo que nos llevamos entre los dos. Como objetos curiosos nos llevamos una mosquitera por si las moscas… Y los mosquitos, evidentemente. Estaremos en zonas donde la Malaria coquetea sutilmente con aquellos que campan por allí por lo que cualquier precaución es buena. En este sentido, cada uno de los dos tenemos que tomarnos una pastilla de Malarone diariamente que previene en caso de contraer esta molesta enfermedad. No, no es molesta, es una auténtica putada.

En el botiquín, aunque os sorprenda, llevamos además: vendas, antibióticos, antinflamatorios, pegamento para heridas, repelente de mosquitos, crema solar, aftersun, pomada con cortisona, Fortasec (un regalo de los dioses que corta de maravilla cualquier diarrea pero que se debe tomar con precaución), suero fisiológico, betadine… Y alguna cosa más que se me escapan.

Como veis, nuestras madres estarán contentas, no nos falta de nada. Tengo pensado que incluso si nos sobra tiempo muerto Clara puede darme unos cursillos de enfermería básica porque una cosa está clara: Si el que tiene problemas soy yo, está todo controlado. Ahora si la que necesita atenciones es la enfermera y se las tengo que dar yo… Lo mismo estamos apañados.

Escribo este primer post pasada la medianoche y acojonado, mejor dicho, ACOJONADO porque se acaba de despertar la puñetera Tormenta Perfecta. Unas rachas de viento que han provocado que la tapa del jacuzzi de la terraza haya salido volando no sabemos muy bien hacia dónde. Ha sido una salvajada. Una situación ideal para alguien al que le aterra volar y que para llegar a su destino tiene que chuparse tres aviones. F-A-N-T-A-S-T-I-C-O.

Parece que Eolo ha dado una mini tregua pero la verdad es que ahora mismo tengo tanto miedo que no os lo puedo ni explicar. Irónico, ¿no? Que un proyecto de mochilero tenga miedo a volar… Pero imagino que es como todo en esta vida, que tiene su precio. Llevo una semana pensando en esa primera birra que me voy a tomar nada más pisar Bangalore porque significará que todo ha salido bien.

No sabemos cuando podremos volver a escribiros pero por si a caso, sed buenos y muy felices.

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Segunda edición del “Se Buscan Aventureros”

Este año, al igual que el año pasado, LAN y TAM se unen para ofrecer la posibilidad de viajar a Suda

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Consejos para combatir el Jet-Lag en tus viajes de negocios

Jet Lag Viajes de Negocios

Los viajes de negocios suelen ser largos y causar el conocido “Jet-Lag”, es decir, la desincronización temporal de las funciones del cuerpo tras un viaje largo en avión. La especialista en nutrición Natalia Losana comparte algunos consejos para evitar el Jet-Lag mediante un plan de alimentación y una adecuada estrategia de adaptación.  more »

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Hendaya, la bella durmiente.

Hendaya es una pequeña villa marítima ubicada en el País Vasco francés (o Iparralde), a escasos metros de la frontera española con Irún. Salvo en los meses de verano, la ciudad aparenta menos de los quince mil habitantes censados, gracias a una calma rayana en el tedio que caracteriza su ritmo vital. De hecho, casi todos los trabajadores del pueblo finalizan su jornada laboral y se encierran en su casa antes que el Sol, incluso en los días de menos luz.

Aparte de albergar la infructuosa entrevista entre Franco y Hitler durante la Segunda Guerra Mundial o disfrutar de las primeras patadas del ex-futbolista Lizarazu, campeón del mundo en el 98, poco y pocos han trascendido más allá de las fronteras de esta localidad, que no deja de ser un pueblo. Bonito, sí, pero no exento de la asfixia, la estrechez de miras y las rencillas internas propias de todo pueblo de acá o de más allá.

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Pero a pesar de todo, me encanta Hendaya. Primero por razones personales; fue en esa playa, de arena fina y mareas bailonas, donde di mis primeros pasos, también donde escuché mis primeras palabras en francés. O donde descubrí los trenes de gran velocidad, con destino a Eurodisney, hace ya unos cuantos años.  Y no menos decisivo es que allí resida buena parte de mi familia materna. Cuando un lugar, una persona o una experiencia están ligados a tus recuerdos, sobra toda explicación para justificar el apego hacia él o ella.

También existen motivos objetivos que justifican este idilio. Como la recientemente construida pasarela que comunica la playa con Behobia y la antigua aduana fronteriza, construida, como no, con fondos europeos. Lugar ideal para tomar fotos, correr, pasear al perro o simplemente despejar tu mente mientras mueves las piernas a tu propio ritmo. O el barco que comunica la ciudad con Fuenterrabía, villa guipuzcoana situada justo en frente y que también merece una visita.

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Pero no me hubiera gustado ser de Hendaya. Hendayais, quiero decir. Mi visión del mundo y de mi propio entorno serían muy distintos, y no creo que para bien. Tal vez me hallaría ahora mismo despotricando contra aquellos visitantes ocasionales que, como yo mismo, aprovechan las zonas verdes, la playa  y demás infraestructuras para pasear y bienvivir hasta que el cansancio se les presente. No entendería qué necesidad tienen de mover el culo hasta un lugar que no es el suyo donde hay gente que no conocen y que además habla en otro idioma. Ni esos horarios tan extraños, haciendo todo más tarde y más despacio o quizás demasiado deprisa. Pero por suerte, aunque hendayófilo, no soy hendayais.

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Hace poco tuve la ocasión de volver con un amigo brasileño. Lo bueno de viajar es que el dónde no es más importante que el con quién, pudiendo así disfrutar de nuevas experiencias en los mismos lugares una y mil veces. Por eso mismo, por todo lo que se nos quedó por hacer o probar (submarinismo, surf, montañismo…) y por toda la gente a la que aún no he llevado y que no conoce este lugar, además de por mi familia, sé que volveré pronto a Hendaya, la bella durmiente. À très bientôt, j’espere.

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