Archive for » octubre 13th, 2015 «

Cómo elegir bien el mejor asiento en tu vuelo

Asientos de Avion

Cualquier viajero de negocios experimentado puede reconocer qué asiento debe elegir en un avión si quiere tener un vuelo tranquilo y de calidad. Equivocarse al elegir un asiento puede llevarnos a tener problemas de comodidad, ruido y otras molestias que haga extenuante el viaje.  more »

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Este fue el lugar en el que nos hospedamos en Cancún (te amo Airbnb)

Tuve que hacer una cama de cojines :P . Todo estuvo muy bien salvo por las camas que en realidad eran prácticamente resortes metálicos cubiertos de tela.

Para quedarnos en Cancún, rentamos un apartamento disponible en Airbnb, me llamó la atención por su costo: 5, 600 pesos por 5 noches y 6 días, dos habitaciones separadas, sala, comedor y acceso directo a la playa delfines.

Como he hecho en las tres ocasiones previas en que uso este servicio de hospedaje revisé las reseñas hechas y una de ellas mencionaba el mal estado de la cama, por ello le escribí al dueño que si era cierta esa situación o era algo exagerado.

Me comentó que no, que en realidad estaban exagerando, sin embargo las camas sí estaban muy mal, no recuerdo alguna otra que me hiciera quejar tanto, literalmente despertábamos con dolor de espalda pero bueno.

Lo que más me gustó del alojamiento fue que tenía acceso directo a la playa, y además de la vista al mar también se podía apreciar la laguna Nichupté, prácticamente veíamos el amanecer de un lado y el atardecer de otro.

El departamento estaba dentro de un conjunto habitacional llamado Condominio Brisas que también contaba con una alberca de 1.5 metros de profundidad y otra para niños chiquitos.

En la zona de la playa había palapas para los huéspedes y camastros sin costo; todos los días que estuvimos se mantuvo la bandera roja de manera que no podíamos nadar y en general el mar en esa zona de Playa Delfines suele ser “recio”.

Fue muy útil que el lugar tuviera horno de microondas y refrigerador pues eso nos ayudó a desayunar siempre en casa -previamente comprando en súpermercados- y aminorar costos y tiempo.

Lo recomiendo mucho -excepto por las camas- pero le sugerí al dueño que ya es tiempo de cambiarlas.

Azul turquesa por doquier.

Lo mejor era disfrutar de la playa

Lo mejor era disfrutar de la playa

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EL HOMBRE DE LAS CAVERNAS

Las «casas cueva» son edificaciones bioclimáticas situadas bajo tierra, típicas de algunas zonas del

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Shades of rainbows

Entré a leerme. Y también he vuelto para continuar. Estoy escribiendo sin saber de qué forma encaminar todo lo que tengo guardado aquí adentro. Agradezco a quienes me recuerdan lo que puedo hacer, sé que el camino se hace empezando a andar, y aquí estoy. Más que andar, ahondando; en los recuerdos y los golpes.

Hay una Amairani que se quedó en todas esas palabras escritas antes, alguien que todavía cree en el amor soñado, en las almas que se encuentran sin planear, en su fuerza y en la vida más allá de ésta. No se puede negar que viví deseando y creyendo en la magia, y ese lado luminoso de la vida (que no era todo). No se puede negar que muchas veces impulsé a otras personas a ser felices, sin comprender cuánto cuesta levantarse de un desastre. Quizás era porque no conocía realmente cada cosa que soñé, pues era sólo eso: un sueño hermoso. Quizás era porque no había perdido a nadie.

No quiero hablar mucho de mí en las siguientes entradas, ya que la intención no es esa. Lo hice en su momento y no me arrepiento, cada palabra nació justamente de mis ilusiones, en aquellas noches de preguntas. Hoy, en cambio, quiero decir que la vida te enseña con inimaginables vivencias que toda belleza tiene algo de dolor. Hay un mundo ardiendo allá afuera, muerte y desaparición, odio, miradas tristes. Gente corriendo por llegar a un lugar, trabajadores incansables, soñadores defendiendo sus ideas, están todos, allá afuera están todos, estamos sumergidos en nuestros propios pensamientos. Y yo soñaba con ese mundo, por eso quise irme, irme lejos y verlo con todos los ojos posibles.

Hice un viaje del cual ya no volveré. No hablo de dejar todo, sino de hacer que jamás termine. Por mucho tiempo desperté cada mañana con una angustia en el pecho, con miedo, pensando incluso que no lograría estar lejos de casa porque no tendría la fortaleza necesaria. La capacidad que tengo de estar llena de melancolía y otros días extremadamente feliz me hizo cambiar de opinión una cantidad de veces, aunque casi a diario en esas mañanas el mundo seguía aterrándome.

Así fue mi vida, una lucha por vencerme, hasta que en lugar de luchar decidí salir a enfrentarla, sin un poeta que me salvara. Le hice caso al impulso que siempre tuve en el corazón. Dejé de pintar un sueño para ir a conocerlo. Qué fuerte descubrirlo, sobre todo si el inicio de ese viaje conlleva dar el abrazo más fuerte en un aeropuerto con el desconocimiento de cuándo se volverá a repetir. Justo allí se me rompió el alma de verdad… o es que las alas duelen al abrirse.

Todos los momentos después de una decisión tan grande son uno por uno recuerdo y marca que ya nadie borra. Los quiero compartir de aquí en adelante porque sé que no estoy sola en este sitio, que al dar este paso sé que voy a encontrarme con alguien que va a entender mis palabras, porque al final todo en esta vida tiene sentido sólo si se comparte.

Lo mejor que me dio viajar fue arrancarme los miedos. Las mañanas con angustia desaparecieron y fue allá, en lugares nuevos, donde comprendí que la respuesta a mi mayor inquietud no estaba en otro lugar más que en mí, que el miedo no era a estar lejos, sino a quedarme en el mismo lugar. Viajar me hizo fuerte, me entregó un regalo que sigo abriendo y me apasiona. Viajar me hizo consciente de las maravillas que siempre tuve cerca. Viajar me enseña cada día, aunque hoy esté de nuevo en casa, porque las memorias de cada risa y cada lágrima me siguen recordando lo que quiero hacer toda la vida.

No fue antes porque creo fielmente que absolutamente todo llega cuando tu alma explota, y para llegar a eso… sucede algo, sucede alguien que te lo hace ver.

A mí vos me enseñaste a vivir, y si hay un dolor, es no poder mirarte para decirlo. Ahí está lo más grande a enfrentar, y ningún color volverá a brillar tan fuerte hasta agradecerte.

Voy a seguir escribiendo, para respirar.

travell

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