Archive for » octubre 17th, 2015 «

Lugares y no lugares

«Estos lugares tienen por lo menos tres rasgos comunes. Se consideran (o los consideran) identificatorios, relaciónales e históricos. El plano de la casa, las reglas de residencia, los barrios del pueblo, los altares, las plazas públicas, la delimitación del terruño corresponden para cada uno a un conjunto de posibilidades, de prescripciones y de prohibiciones cuyo contenido es a la vez espacial y social. Nacer es nacer en un lugar, tener destinado un sitio de residencia. En este sentido el lugar de nacimiento es constitutivo de la identidad individual. (…) Michel de Certeau ve en el lugar, cualquiera que sea, el orden “según el cual los elementos son distribuidos en sus relaciones de coexistencia” y, si bien descarta que dos cosas ocupen el mismo “lugar”, si admite que cada elemento del lugar esté al lado de los otros, en un “sitio” propio, define el “lugar” como una “configuración instantánea de posiciones”, lo que equivale a decir que en un mismo lugar pueden coexistir elementos distintos y singulares, ciertamente, pero de los cuales nada impide pensar ni las relaciones ni la identidad compartida que les confiere la ocupación del lugar común. (…) Histórico, por fin, el lugar lo es necesariamente a contar del momento en que, conjugando identidad y relación, se define por una estabilidad mínima. Por eso aquellos que viven en él pueden reconocer allí señales que no serán objetos de conocimiento.

(…)

Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un no lugar. La hipótesis aquí defendida es que la sobremodernidad es productora de no lugares, es decir, de espacios que no son en sí lugares antropológicos y que, contrariamente a la modernidad baudeleriana, no integran los lugares antiguos: éstos, catalogados, clasificados y promovidos a la categoría de ‘lugares” de memoria”, ocupan allí un lugar circunscripto y específico. Un mundo donde se nace en la clínica y donde se muere en el hospital, donde se multiplican, en modalidades lujosas o inhumanas, los puntos de tránsito y las ocupaciones provisionales (las cadenas de hoteles y las habitaciones ocupadas ilegalmente, los clubes de vacaciones, los campos de refugiados, las barracas miserables destinadas a desaparecer o a degradarse progresivamente), donde se desarrolla una apretada red de medios de transporte que son también espacios habitados, donde el habitué de los supermercados, de los distribuidores automáticos y de las tarjetas de crédito renueva con los gestos del comercio “de oficio mudo”, un mundo así prometido a la individualidad solitaria, a lo provisional y a lo efímero, al pasaje, propone al antropólogo y también a los demás un objeto nuevo cuyas dimensiones inéditas conviene medir antes de preguntarse desde qué punto de vista se lo puede juzgar. Agreguemos que evidentemente un no lugar existe igual que un lugar: no existe nunca bajo una forma pura; allí los lugares se recomponen, las relaciones se reconstituyen; las “astucias milenarias” de la invención de lo cotidiano y de las “artes del hacer” de las que Michel de Certeau ha propuesto análisis tan sutiles, pueden abrirse allí un camino y desplegar sus estrategias. El lugar y el no lugar son más bien polaridades falsas: el primero no queda nunca completamente borrado y el segundo no se cumple nunca totalmente: son palimpsestos donde se reinscribe sin cesar el juego intrincado de la identidad y de la relación. Pero los no lugares son la medida de la época, medida cuantificable y que se podría tomar adicionando, después de hacer algunas conversiones entre superficie, volumen y distancia, las vías aéreas, ferroviarias, las autopistas y los habitáculos móviles llamados “medios de transporte” (aviones, trenes, automóviles), los aeropuertos y las estaciones ferroviarias, las estaciones aeroespaciales, las grandes cadenas hoteleras, los parques de recreo, los supermercados, la madeja compleja, en fin, de las redes de cables o sin hilos que movilizan el espacio extraterrestre a los fines de una comunicación tan extraña que a menudo no pone en contacto al individuo más que con otra imagen de sí mismo».

Marc Augé. Los «no lugares», espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad. 1992.

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Eurolines Pass

Tres son los elementos determinantes en un presupuesto de viaje. Uno es la comida, el segundo es el

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Au P’tit Grec, Mouffetard, Paris

Las mejores galettes y crepes de París a un precio muy económico

París es una ciudad cara para el turista, así que la recomendación de este sitio es perfecta para complementar la visita a la ciudad y aprovechar para degustar un plato típico de la región a una relación calidad-precio inigualable.

Ubicado en el distrito V de la ciudad, en la calle Mouffetard, una zona llena de vida en uno de los barrios universitarios con mayor tradición e historia, de visita casi obligada si quieres abandonar los lugares turísticos de París, que son muchos, y conocer algo más local.

Sitio ideal para visitar durante la tarde o tarde-noche, se puede hacer tiempo en caso de no tener hambre y tomar algo en la plaza Mouffetard, repleta de bares y restaurantes, aprovechando las happy hours para sentarse y descansar en cualquiera de las terrazas de dicha plaza, y preparase para lo bueno.

Place Mouffetard

El local no es gran cosa, pequeño, a pie de calle, sin mesas, la mitad del espacio lo ocupa la barra y la cocina, y se observa a escasos centímetros de uno mismo como se elabora el pedido. Al otro lado del local, algunos taburetes altos pegando a una barra pequeña, no es un sitio para ir a comer tranquilo y sentarse para ser atendido, mas bien todo lo contrario.

Sin llegar a equivocarme, creo que cualquier galette o crepe en este lugar está riquísimo, con un precio que ronda los 3-6 euros según lo que se pida. Mi recomendación para estos sitios que se visitan por primera vez es preguntar al propio chef para que escoja por tí algo único, o bien elegir alguna especialidad de las que aparecen destacadas en las pizarras del propio local, y aprovechar para probar algo cargado de ingredientes y bien completo.

Petit grec 2

Otra opción es preguntar a los clientes del lugar, pues he aquí el punto negativo, aunque comprensible, de dicho bar. Si vas en hora punta de comida o cena, independientemente del día sea laborable o fin de semana, la cola no bajará de los 30 minutos, por lo que tendrás tiempo de preguntar a unos y otros para que te asesoren y aconsejen a la hora de elegir tu galette o crepe. Lo ideal sería ir a una hora no habitual de comida y así aprovechar el tiempo; en cualquier caso, la espera merecerá la pena.

En mi perfil de instagram podréis ver la satisfacción al recibir la comida tras una larga espera.

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Gracias totales

Esta entrada es fruto de un impulso repentino, de un querer echar pa’ fuera algo que desde hace días

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