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La Búsqueda

Por Andrés Di Giuseppe

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De un momento al otro verte pasar, escucharte hablar y hasta sentirte parte. No tenerte, no poder tocarte y estar lejos hasta de rozarte. Entre lo eterno, lo efímero y la falta de sustento, nos encuentran las historias pero nos distancian las sensaciones. Las rectas se vuelven curvas y de los llanos parecen nacer nuevas sierras.

Algunas palabras viven en el recuerdo, porque la vida no es justamente lo que vivimos, sino lo que recordamos para contarlo. Nada es absoluto, ni tampoco definitivo y resulta extraño saber que no hay sentido detrás de la búsqueda. Es el simple curso de las cosas. Elijo escribir para no morir, para liberarme, para ser y dejar ser.

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Pasar sobre una playa artificial

¡Hola, hola! Demos la bienvenida a Noviembre con un buen paseo de domingo por la tarde en el Parc de

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Katmandú: vida, amor, comida y el horroroso olor de la muerte

El crematorio de los cuerpos provoca una fuerte humareda además de un olor muy fuerte.

El crematorio de los cuerpos provoca una fuerte humareda además de un olor muy intenso y desagradable.

Es imposible obviar la devastación que provocaron los terremotos ocurridos en abril y mayo de 2015 a medida que te vas moviendo por el valle de Katmandú. Y eso que la gente, su maravillosa gente, te recibe con la mejor de sus sonrisas y te desea buen día y buena suerte en tu viaje, aunque no hagas demasiado caso a lo que te ofrecen en su tienda. Anima encontrarse, de vez en cuando, con eslóganes en los que puedes leer: “We will rise up again”, algo así como “resurgiremos de nuevo”. Aunque lo tienen muy chungo. Katmandú es una ciudad de contrastes, de vida, de cultura, de superación y, sobre todo, de muerte, como lo demuestra la visita al crematorio de Pashupatimath.

Vista aérea de la plaza Durban en Patán y de los desperfectos causados por el terremoto.

Vista aérea de la plaza Durban en Patán y de los desperfectos causados por el terremoto.

Cuatro días enteros bastan para patearse Katmandú y sus principales poblaciones/distritos. Se trata de una ciudad que ha ido creciendo progresivamente hasta el punto de ir absorbiendo otras poblaciones que tenía alrededor hasta transformarlas en distritos. Es el caso de Budanath, Patan y Swayambhunath, las que hemos elegido para estos días. El primer aviso para mochileros y viajeros en general es que se prepare porque nada de lo que aparece en las guías tipo la Lonlyplanet está actualizado tras los seísmos por lo que puede haber algún que otro chasco.

Una de tantas estupas que hemos visto por el valle de Katmandú y que no se ha visto afectada por el terremoto.

Una de tantas estupas que hemos visto por el valle de Katmandú y que no se ha visto afectada por el terremoto.

El primer día lo invertimos en la famosa plaza Durban de Katmandú, así como el barrio Thamel, el que suele agrupar a los mochileros ya que ofrece hospedaje barato y una oferta gastronómica de lo más variada. La Lonely Planet te ofrece dos recorridos por la zona de Durban que son muy interesantes ya que te lleva a templos con más de 600 y 700 años, de tipo Newa y que visualmente son muy atractivos.

Las construcciones Newa son visualmente muy atractivas.

Las construcciones Newa son visualmente muy atractivas.

En este tipo de construcción se combinan la piedra y, sobre todo, la madera, un elemento que cobra mucho protagonismo en detalles muy elaborados como ventanas o marcos de puertas, así como en columnas. Bien pronto nos dimos cuenta de que muchas de estas edificaciones necesitaban puntos de apoyo para aguantarse en pie ya que los temblores que llegaron a ser de 7,4 en la escala Ritcher zarandearon sin piedad pasado, futuro y presente, sesgando la vida a más de 4.000 personas.

Hay miles de palomas por todo Katmandú lo que quiere decir que las posibilidades de que te caguen encima son muy altas.

Hay miles de palomas por todo Katmandú lo que quiere decir que las posibilidades de que te caguen encima son muy altas.

Otro aspecto que destaca a primera vista es la constante y cansina omnipresencia de palomas por todos los lados. No hablo de decenas sino que se cuentan por centenares en cada plaza con su consiguiente riesgo de destrucción masiva en forma de excremento. Ni Clara ni yo salimos impunes de la visita, ya os lo adelanto.

Tras las primeras dos horas de paseo, intentamos acceder a la plaza Durban, una zona en la que hacen pagar al turista 1.000 rupias, unos 10 euros. Se trata de una plaza llena de monumentos y de casas de construcción Newa… Desde fuera se veía todo muy derruido y no nos atrajo lo suficiente como para pagar, por lo que recorrimos otro circuito recomendado por la guía por el sur de la plaza, que fue de lo más interesante.

Detalle de un hombre mayor portando mercancía para vender en Katmandú.

Detalle de un hombre mayor portando mercancía para vender en Katmandú.

A diferencia del primero, en este atravesamos zonas más comerciales como la de los ornamentos y otras más curiosas como una calle abarrotada de clínicas dentales o dentistas, según se mire. Cada uno exhibe, como si de un trofeo se tratase, dientes huérfanos de boca, algo de da bastante grima.

El epílogo lo escribimos regresando a Thamel a pie, en un paseo que en total significaron unas 5 ó 6 horitas buenas y nos dimos un homenaje a base de cocina nepalí, una sopa de pollo típica de aquí y unos momos, las empanadas que ya os comenté pero en este caso fritas y con pollo. Mejor que las primeras aunque siguen sin ser lo mío. A Clara le fascinó la cena, y lo mejor fue el precio: Unas 600 rupias, unos seis euros los dos.

Otro plato nepalí, una sopa de pollo con pasta.

Otro plato nepalí, una sopa de pollo con pasta.

Momos fritos de pollo, un plato muy nepalí.

Momos fritos de pollo, un plato muy nepalí.

La plaza de Durban, en Patán, es una especie de museo al aire libre. Una pasada.

La plaza de Durban, en Patán, es una especie de museo al aire libre. Una pasada.

El segundo día nos dirigimos a Patán. Según la guía podíamos ir a pie, en bicicleta, en taxi, en microbús o en tempos, una especie de coches eléctricos que ayudan a combatir la gran contaminación que azota a la ciudad, substituyendo los autorickshaws de la India. Además, son el medio de transporte más barato con diferencia. Por un trayecto de unas 600 rupias en taxi, con bus eran entre 80 y 150 y en tempo salía por 15 rupias cada uno, aunque a los turistas les salga por un poco más, unas 20. Es bastante más agradable que el microbus donde los cazadores de clientes se encargan de llenarlos hasta rozar la asfixia.

El terremoto de mayo y abril dejó muy afectadas a las poblaciones del valle de Katmandú.

El terremoto de mayo y abril dejó muy afectadas a las poblaciones del valle de Katmandú.

Patán es un distrito que también cuenta con la plaza Durban, un punto de encuentro comercial antaño, y hoy una especie de plaza mayor. Aquí el terremoto no afectó tan duramente a los templos, aunque sí que algunos se derrumbaron parcialmente. En la plaza reina el museo de Patán, una visita en la que puedes invertir tranquilamente dos o tres horas ya que además de las piezas arquitectónicas hay un buen archivo fotográfico que muestra el inevitable paso del tiempo para la localidad.

De nuevo nos fiamos de la Lonely Planet y seguimos la ruta que nos propuso para encontrarnos con un recorrido similar en cuanto a contenido a los del día anterior. El estilo de construcción Newa es muy atractivo por lo que os comentaba, la manera en la que manejaban la piedra y la madera. Además, los colores negro, rojo y marrón oscuro son los que predominan claramente.

La construcción Newa se caracteriza por usar piedra y madera, con muchos detalles en ésta.

La construcción Newa se caracteriza por usar piedra y madera, con muchos detalles en ésta.

En Patan cruzamos una serie de callejones secretos con puertas realmente muy bajas.

En Patan cruzamos una serie de callejones secretos con puertas realmente muy bajas.

Tras casi tres horas de paseo entre callejones secretos y con puertas realmente bajas, optamos por movernos a Swayambunath, cuyo principal atractivo es una gran estupa blanca en lo alto de una montaña que ofrece una vista muy bonita de Katmandú y de las montañas que rodean el valle. Además, también se le llama templo del mono, imagino que intuiréis porqué.

Para cambiar de ciudad/distrito buscamos un tempo, por lo que el paseo hasta la estación de autobuses fue a través de un bazar abarrotado de gente. La mayoría de las tiendas eran de ropa pero también había carnicerías por las que la Organización Mundial de la Salud debería preocuparse más que por la carne procesada y pescaderías que otro tanto. La materia prima al sol, sin hielo ni ninguna condición higiénica y repletas de moscas. Y el hedor… ese maldito hedor como a putrefacto que te invita todavía más a seguir en plan de pedir platos vegetarianos.

Detalle de la estupa de Swayambath, en lo alto de una montaña.

Detalle de la estupa de Swayambath, en lo alto de una montaña.

Para cambiar de distrito tuvimos que tomar un microbus donde comprobé de primera mano que si el fabricante dice que caben 15 personas, en Nepal se encargan de duplicarlo sin problema. Cada viaje es una odisea. Van metiendo gente a presión para rentabilizar al máximo cada litro de gasolina, sin importar que los usuarios, que han pagado su billete, vayan más incómodos que en una silla de clavos. Además notas el contacto físico con manos ajenas y te das cuenta de que tú espacio vital no existe.

Subiendo a la estupa de Swayambath, en el templo de los monos.

Subiendo a la estupa de Swayambath, en el templo de los monos.

Ya en Swayambhunath tuvimos que lidiar con la cuesta de escalones que tiene como dos partes. La primera, al principio, es asumible, y la vas subiendo escoltada de pequeñas estatuas de animales y de estupas cuya misión era proteger el gran monumento. Además, hay paraditas en las que intentan venderte rosarios budistas, colgantes, pulseras y demás, así como monos que tienen muchas pulgas y muy malas.

La segunda parte es la jodida. El camino se empina al máximo hasta el punto de que no avanzas, solamente subes. Es entonces cuando la humedad te hace sudar como un cerdo aunque merece la pena. No por la estupa, que es bonita y tal pero tampoco es nada del otro mundo, sino por las vistas. Además, en lo alto conviven monos, perros, palomas y humanos, lo que da una idea de lo sucio que puede llegar a estar.

Lo mejor de Nepal es su gente.

Lo mejor de Nepal es su gente.

En uno de los tenderetes incrementamos nuestra colección de obras de arte con una pintura por la que tuvimos que regatear duramente. A pesar de que nos parece que somos unas máquinas en este arte, la sonrisa pícara con la que toman el dinero cuando pagamos y el posterior cuchicheo cuando salimos de la tienda nos hace pensar que ellos siguen ganando mucho. ¿Qué le vamos a hacer?

De ahí regresamos a Thamel andando en un paseo de unos 40 minutos por calles en las que el mayor peligro no es el tráfico sinó la contaminación ya que en Nepal no hay control sobre la polución que genera cada vehículo.

La gran estupa de Budanath, sin el obelisco, a causa del terremoto.

La gran estupa de Budanath, sin el obelisco, a causa del terremoto.

El tercer día pusimos rumbo a Budanath, sede de la mayor estupa de Asia. Repetimos itinerario y fuimos en tempo, aunque en esta ocasión fueron unos 25 minutos de trayecto. Llegamos y la entrada costaba 250 rupias por persona. No lo pensamos mucho y pagamos. El palo fue nada más entrar cuando vimos que la parte superior de la estupa está derruida por culpa del terremoto. Sin ella, el sitio pierde su gracia ya que lo más atractivo que tiene son una serie de monasterios budistas cercanos en los que puedes entrar y ver como viven pero lo cierto es que es un sitio bastante comercial.

Más detalles de los estragos causados por el terremoto.

Más detalles de los estragos causados por el terremoto.

Dimos un par de vueltas por la zona, más que nada para caminar un rato para aprovechar la mañana hasta que decidimos cambiar de ciudad e ir a Pashupatinath, una zona muy religiosa, a 40 minutos a pie, y donde el principal foco de interés gira en torno al crematorio que hay en el templo.

Nada más llegar nos encontramos con una entrada de 1000 rupias por persona (unos 10 euros) aunque con la lección aprendida de la visita mañanera no sabíamos si arriesgarnos a pagar por algo que no merece la pena. Tras una hora meditándolo y, de paso, descansando del paseo agotador al sol, accedimos.

Detalle de la limpieza de un cadáver antes de ser incinerado.

Detalle de la limpieza de un cadáver antes de ser incinerado.

El ambiente en Pashupatinath huele raro. No es por la contaminación, sinó es el olor de la muerte. Concretamente, de los cuerpos que se queman y cuyas cenizas van a parar al río sagrado de Bagmati, el equivalente al Ganges y Varanasi de la India. El lugar impresiona. Para lo bueno y para lo malo. Asistimos a la cremación de lo que parecía el cuerpo de una niña joven mientras los padres sollozaban desconsoladamente. Fue duro, una de las experiencias más impactantes que he vivido, ya que ves como literalmente una persona desaparece. Y el olor… Ese olor indescriptible se te pega obligándote desesperadamente a pasar por la ducha para intentar no solo dejar de oler así sinó intentar borrar lo que has visto.

En el templo de Pashupatinath hay un montón de esculturas en memoria de monjes importantes.

En el templo de Pashupatinath hay un montón de esculturas en memoria de monjes importantes.

El lugar tiene un deje macabro a algo turístico ya que los guías que allí moran te dicen que una vez has pagado la entrada puedes fotografiar lo que quieras e incluso acercarte, aunque la verdad es que no es una situación agradable ya que no deja de ser un funeral de una persona que horas, quizás días atrás, estaba viva. También hay que decir que los nepalís viven la muerte de otra forma ya que para ellos y para el budismo en general, ésta supone el paso a una nueva etapa con su consiguiente reencarnación.

Los crematorios cuentan con una especie de gradas para que la gente pueda seguir la ceremonia al otro lado del rio.

Los crematorios cuentan con una especie de gradas para que la gente pueda seguir la ceremonia al otro lado del rio.

El río Bagmati separa en dos el templo. Sus aguas contaminadas y sucias separan la zona de los crematorios, donde hay hasta doce pilas crematorias, de una especie de gradas en las que la gente se sienta a ver cómo sucede la ceremonia. Impacta porque la gente no aparta la mirada. Es duro, muy duro.

Además, el lugar cuenta con una especie de saltimbanquis que se llenan

En el templo de Pashupatinath hay saltimbanquis que viven de dejarse ahcer fotos y pedir limosna a cambio.

En el templo de Pashupatinath hay saltimbanquis que viven de dejarse ahcer fotos y pedir limosna a cambio.

el cuerpo de polvos, llevan rastas y parece que van colgados y que viven precisamente de dejarse hacer fotos por los turistas a cambio de algunas monedas… O billetes. El asunto consiste en que antes de que les hagas la foto negocies el precio porque sino luego se pueden enfadar y pedirte una suma desorbitada. Clara vio como a un tío le pedían bastantes euros. Es una de esas cosas que si las haces bien te evitas una situación de lo más incómoda.

La gente sigue con su día a día en las calles de Nepal.

La gente sigue con su día a día en las calles de Nepal.

Tras un paseo por el pueblo llegamos a la parada de tempos para regresar a Thamel, donde la cena consistió en una pizza de lo mejor que hay en la zona. El sitio se llama Pizza & Ice y no está nada mal. La comida está buena, el local limpio y se forman colas de espera para poder tener mesa. Aunque te meten unos polvazos de escándalo con el precio. Porque al pedir la cuenta te suman el 10 por ciento por taxa de servicio y luego el 13 por ciento de algo similar al IVA, un impuesto gubernamental, por lo que al final es un 23 por ciento más caro de lo que calculas.

Nepal cuenta con muchos colores en su día a día.

Nepal cuenta con muchos colores.

Con todo, hay que decir que en Thamel puedes comer de todo aunque cuanto más exótico con respecto a Nepal, más caro te va a salir el antojo. Nosotros estos días lo hemos notado ya que hemos apostado por comida mejicana, fritos y hamburguesa, pizza y las facturas han sido bonitas. Un pelín más caras que en España pero teniendo en cuenta que no lo cocinan tan bien. Es por eso que otro consejo mochilero podría ser el hecho de no dejarse llevar por los antojos si se viaja con un presupuesto ajustado porque la verdad no merecen la pena la mayoría de restaurantes por el precio que pagas. Nosotros, además, hemos comido en un chino, un nepalí y un israelí por mucho menos dinero y disfrutando más con sopa de fideos, noddles fritos con verduras y un wrap de falafel.

Plano general del Jardín Secreto donde hay manos que se equivocan de braguetas... Jeje

Plano general del Jardín Secreto donde hay manos que se equivocan de braguetas… Jeje

El último día, sin saberlo, nos sumergimos en una especie de orgía super happy, un escenario con tanto amor que incluso los osos amorosos hubiésen muerto de un derrame cerebral de amor. Un poco cansados del ritmo de visitas y excursiones apostamos por el Jardín Secreto o algo así, una especie de parque al que según la Lonly Planet van los tortolitos nepalís. La guía, en este caso, se queda muy corta. El lugar no estaba mal teniendo en cuenta que la entrada cuesta 250 rupias por persona (unos 2,5 euros) pero está lleno de parejas jóvenes acurrucadas por todos los lados. Por todos. Incluso escondidos en escaleras, en el césped, en los árboles, en bancos… Por todo.

Tuvimos la sensación de que había una especie de pacto de no agresión en el que las parejas podían acariciarse y algo más con el beneplácito de los demás y sin que nadie se chive. Yo por ejemplo pillé a una muchacha con una mano en una bragueta que no era la suya, aunque tampoco pareció que le importara en exceso.

Las estupas servían para salvaguardar tesoros así como objetos de valor que se solían utilizar como donativos.

Las estupas servían para salvaguardar tesoros así como objetos de valor que se solían utilizar como donativos.

Katmandú es una ciudad con mucha contaminación y mucho tráfico, y es cierto que no hay plazas ni parques como los que pueda haber en cualquier ciudad española en los que se encontrarían la típica parejita de 17, 18 años por lo que el jardín es una especie de burbuja independiente al mundanal ruido. Los menores que no intercambian contenidos de braguetas y tienen el fuego pasional interior más calmado se dedican a sacarse fotografías constantemente posando, poniendo morritos… Algo que nos hizo bastante gracia.

En el exterior de muchos templos hay estos rodillos con mantas escritos que sirven para orar.

En el exterior de muchos templos hay estos rodillos con mantas escritos que sirven para orar.

La ruta por Katmandú concluyó con algunas compras en las que tuvimos que negociar duro por cada rupia aunque como ya os comentaba cualquier transacción acaba con sonrisas y cuchicheos entre los dependientes por lo que seguimos pecando de pringados.

Este lunes dejamos Nepal para regresar a la India. Tomamos un avión a Calcuta donde pasaremos la noche y el martes a primerísima primera hora de la mañana cogemos otro con destino a Port Blair, a las islas de Andaman, uno de esos destinos que se antojan paradisíacos. En principio estaremos diez días tumbados a la bartola aunque puede que la lluvia nos fastidie los planes ya que las predicciones no son nada buenas… Confiaremos en que el Karma nos eche una mano… Sin que necesariamente sea en la bragueta ajena. Hasta entonces…

Namaste!

Detalle de unas campanas en un templo.

Detalle de unas campanas en un templo.

Detalle de un toro sagrado en un patio interior en Patán.

Detalle de un toro sagrado en un patio interior en Patán.

El budismo no está peleado con la tecnología por lo que no es raro ver a un monje con un Iphone 6.

El budismo no está peleado con la tecnología por lo que no es raro ver a un monje con un Iphone 6.

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Autumn is upon us (again)

Llega el momento de decir adiós al Sol y entrar en un periodo de oscuridad total, (especialmente en

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