Archive for » enero 14th, 2016 «

Descubriendo el conjunto histórico de La Doma (La Garriga)

Ya iréis viendo que me encanta descubrir sitios interesantes donde hacer mini escapadas; no hace muc

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Cómo sobrevivir a un viaje en autobús

Sí. Hay gente que se juega la vida viajando en el medio de transporte de más baja clase que existe. ¿Cómo se puede ser tan osado? Me dispongo a afrontar un viaje de seis horas en un Megabus. Viajo de Bologna a Roma. Me ha costado 3 euros. Mis padres no confían en que llegue, y comparto sus dudas. Es broma, no es el desafío más duro que he debido afrontar en mi corta vida. Respecto a buses, mi récord es un viaje de 12 horas -para un viaje de fin de semana-, pero puedo dar más de mi. Muchos me llaman loca y se escandalizan por aceptar viajar en tan menospreciado medio de transporte. Aunque siempre van al completo. Eso sí, la gente que los utiliza no suele estar muy sana de la cabeza -entro en el grupo, por supuesto-. ¿Pero hay algo más satisfactorio que ahorrarse unos euros?

Muchos contestarían que evitar un dolor de espalda o poder estirar las piernas en un tiempo razonable. Meeeeh. Con el dinero ahorrado puedes pagarte un buen masaje o unas piernas nuevas. Venga va, ¿cómo sobrevivir a esta ardua empresa?  

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Lo primero es elegir un horario razonable de viaje. Osea, de noche. Cuando haces un viaje nocturno es más sencillo dormir durante el trayecto, lo cual facilita no ser consciente de donde te encuentras. Además, te hace poder disfrutar más tiempo en tu lugar de destino. Menos si vas a Murcia. Si vas a Murcia es mejor que viajes de día. Bueno, es casi mejor que no vayas. Y si ya quieres ser super pro y que la gente te admire cuando pase por tu asiento, equípate con un cojín de viaje, tapones y antifaz. Tengo a mi lado a una jovenzuela que se ha puesto hasta el pijama. O al menos lo parece.

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Los tapones son bastante importantes. Aunque siempre puede servir unos buenos cascos y una maravillosa playlist de música. Recuerda descargarte las canciones. No confíes en tener conexión a Internet durante el viaje. Los autobuses viajan por los páramos más recónditos del mundo. En realidad te vale hasta Justin Bieber. Siempre va a ser mejor que la música que pongan en el bus, que los ronquidos del que tienes delante o de la vida que va a contar el compañero que tienes al lado. Una vez, durante un viaje el chico que tenía al lado lloraba a moco tendido mientras cortaba con su pareja.  Fue una radionovela corta pero intensa.

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No, en el autobús no puedes cantar en voz alta

¿Y si no tienes a nadie al lado? Amigo, el Karma te quiere. Es tu momento. Aprovecha. PUEDES TUMBARTE. Esto es lo más grande que va a ocurrirte. A no ser que conozcas al amor de tu vida. Que va. Duerme, ya sea de día o de noche. Eso sí, siempre es mejor viajar acompañado. Así, no eres tú el único pringado de tu círculo de conocidos que hace el canelo. De hecho, durante estos trayectos se hacen grandes confesiones. De lo que me he llegado a enterar. ¿Y si tienes un compañero aleatorio? ¡Habla con él! Quién sabe lo que puedes llegar a descubrir.

 

 

Otra opción es darse a la bebida. Esta posibilidad está muy bien contemplada cuando haces un viaje por la tarde y llegas a tu destino directo para salir de fiesta. Si no quedas noqueado antes de ello, claro. En fin… hay mil cosas que se pueden hacer para matar el tiempo. Ver películas, recuperar amistades a través de Facebook, pasarte ese nivel del Candy Crush, hacer ganchillo, disfrutar del paisaje (excepto si vas a Murcia). También hay algo llamado leer. De nada. 

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Mi Primer Interrail (Parte 1)

Ya que la semana pasada hablamos del pase de Interrail (Lee la entrada aquí Todo lo que hay que saber sobre el pase de Interrail) hoy me gustaría compartir con ustedes mi primera experiencia.

Quizá deba comenzar una semana antes de iniciar el viaje, llevaba meses planeando este viaje, horas leyendo otros blogs, noches y días soñando con todo lo que iba a ver, incluso ya había empacado a la viajera para su primera aventura, para los que no conocen a la viajera, ella, tan guapa:

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Volviendo a lo importante llego el día, el 27 de julio del 2013, el viaje inicio en Linz, Austria, se suponía que debía tomar un tren directo a Venecia pero como todo lo que se planea no sale como lo esperamos, en mi caso por los retrasos de los trenes, tuve que tomar varios trenes y pasar una noche en San Cándido que si no fuera por los locales habría tenido que dormir en la calle esa noche. Pd: al parecer los mochileros no somos bien recibidos en hoteles cinco estrellas incluso si llevas dinero.

28 de Septiembre y días después he recorrido Venecia, Florencia, Roma y Milano, pero no me voy a poner a hablarles de lo hermoso que es Italia porque creo que eso todos ya lo hemos escuchado, solo diré, que lo que dicen de sus hombres, es muy cierto. Ellos tan galantes.

Luego de una semana durmiendo en trenes, campings y hostales, me acerco a una de las noches mas duras que he tenido, la idea era tomar un tren que me llevara de milano a Barcelona, el problema es que no había uno directo, así que decidí tomar varios trenes para llegar allí, a las 11 de la mañana mi tren se detuvo en un pueblo llamado Ventimiglia, dos horas después seguira mi recorrido, tuve la oportunidad de conocer Mónaco, Cannes y Niza, claro, solo por unas horas, y llego a Marsella a retirar dinero para pagar un hotel y no puedo. Mi tarjeta colapso, era jueves, y el banco me habilitaba la tarjeta hasta el lunes siguiente, así que seguí tomando trenes, hasta donde me llevaran, la ultima parada fue Cerberé, frontera Francesa-Española. Cuando planeaba quedarme dormida en una de las sillas de la estación del tren, un hombre me saca, y me enseña el camino para el centro, justo esa noche que debía dormir en la calle por necesidad, justo esa noche, se celebraba un festival en ese pequeño pueblo, bueno, iba a dormir acompañada, de borrachos. Fue una noche larga, ya llevaba un día sin comer, y amanecí con un vagabundo al lado. Por nada en el mundo volvería atrás y cambiaría las cosas, me encanta hablar de esto, de lo mal que lo pase y que lo volvería a repetir, para sentirme viva, como esa noche.

A la mañana siguiente seguí mi camino a Barcelona, allí seguía sin dinero, así que me fui al aeropuerto del Prat, y allí pase el fin de semana, durmiendo en su piso frió y comiendo papitas y agua, y que creen, SOBREVIVÍ. Llego el lunes y me fui a París….

Moni.

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Japon: Bajo los cerezos en flor

A finales de marzo-principios de abril llega uno de los momentos más importantes de la vida japonesa: el hanami. No puede haber una traducción exacta de esta palabra, únicamente comprensible a través de una perífrasis: “picnic a comienzos de la primavera para admirar los cerezos (sakura) en flor”. Desde finales de enero, la tensión va creciendo debido a los partes meteorológicos de todos los medios de comunicación que informan sobre la evolución del frente de floración de estos árboles, de Okinawa a Hokkaido. Este anuncio de la primavera es la ocasión para pasear bajo la frondosidad de flores con delicados tonos rosas y, sobre todo, para beber, comer, charlar y cantar. En los parques se extienden los manteles, a veces desde las primeras horas del día, para celebrar un feliz banquete con amigos y vecinos. En ocasiones se puede ver en el centro de la ciudad un cerezo aislado en plena calle, que cubre con sus ramas a colegas de trabajo que han bajado a tomarse algo. Si sobre alguno de ellos cae un pétalo de cerezo, es presagio de suerte para el próximo año.

La costumbre del hanami habría comenzado en la época de Nara (siglo VIII). Durante la floración del cerezo, coincidiendo con el inicio de la temporada de plantación del arroz y la vuelta a las actividades agrícolas, a los pies de este árbol se hacían ofrendas a las divinidades que allí vivían, y los campesinos bebían sake en honor a los dioses. Un siglo más tarde, la corte imperial de Kyoto retomó y amplió esta fiesta acompañándola de elaborados platos y de sake fino, y vinculando la contemplación de las flores con la escritura de poemas. El sakura se considera desde hace mucho en Japón un símbolo de belleza efímera, una metáfora de la vida, brillante y hermosa, pero frágil y pasajera. Muy pronto, esta costumbre de comer y beber bajo los árboles en flor fue retomada por los samurai y posteriormente por el pueblo, para finalmente convertirse en tradición nacional en el siglo XVII. Actualmente, esta celebración de la primavera coincide con el inicio del curso escolar y universitario y del año fiscal (1 de abril).

El sakura que así se celebra no es el árbol que da las cerezas, que es de otra variedad, sino un árbol que sólo se cultiva por sus flores. Su floración dura tan sólo unos pocos días, pero durante este periodo, el país entero se pone al unísono de los colores de los árboles, que hacen alarde de todos los matices del color rosa. Por otra parte, el pastel de temporada es el sakura mochi, pasta de judías rojas envuelta en arroz triturado y tintado de color rosa, todo recubierto con una hoja de cerezo en salazón. Si la flor del crisantemo es el emblema oficial de Japón, porque se asocia a la familia imperial, los japoneses se identifican sobre todo con la flor de cerezo de cinco pétalos. Se le han dedicado innumerables obras artísticas y canciones a esta flor, desde las más tradicionales hasta de estilo J-Pop, y es un motivo decorativo que aparece infinitas veces en kimonos, vajillas, muebles, etc. Observe una moneda de 100 yenes. ¿Qué hay representado en ella? Una flor de cerezo, por supuesto.

Cada ciudad, cada región, cada barrio, tiene su propio paseo bajo los cerezos. No obstante, hay algunos lugares que son especialmente famosos. En Tokyo se puede citar el parque de Ueno, el parque de Shinjuku, Chidorigafuchi cerca del Palacio Imperial, donde se pueden alquilar barcas para navegar por los canales admirando los cerezos, el parque Sumida a orillas del río, cerca de Asakusa, o el jardín botánico de Koishikawa, donde se pueden encontrar diferentes variedades de cerezos. En Yokohama, el parque Kaminoyama cerca de Minato Mirai o el Sankeien en un gran jardín donde hay edificios antiguos. En Kamakura, el Dankazura, la alameda que lleva al santuario Tsurugaoka Hachimangu, donde las flores de cerezo forman un auténtico arco.

En Kyoto, el parque de Maruyama con su inmenso cerezo llorón ilumina la noche, el Camino de los Filósofos en la orilla del canal entre el Pabellón de Plata y el templo Nanzenji, el santuario Heian con sus numerosos cerezos llorones a orillas del estanque, Arashiyama, donde los cerezos se extienden desde las orillas del río hasta lo más recóndito de las montañas, el río Kamogawa que atraviesa la ciudad, el templo Daigoji, donde Toyotomi Hideyoshi organizó un gigantesco hanami que quedó para la historia, el santuario Hirano por sus numerosas variedades de cerezos y su iluminación nocturna, o el canal Okazaki, cerca del santuario Heian, por sus paseos en barco bajo los cerezos. En Osaka, el parque del castillo de Osaka o el jardín del Museo de la Moneda (abierto sólo para esta ocasión) con sus especies raras de cerezos. En la prefectura de Nara, el monte Yoshino es famoso desde hace siglos por sus más de 30.000 cerezos que cubren la montaña. También podemos citar el parque del castillo de Himeji, la antigua ciudad de Kakunodate en la prefectura de Akita o el parque del castillo de Hirosaki en la prefectura de Aomori.

 La noche de primavera ha llegado a su fin
Amanece
Sobre los cerezos
(Matsuo Bashô)

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