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¿Por qué he empezado un blog?

En primer lugar les daré la bienvenida al Café de Eleanor por ser este mi primer post como blogger. Así que sean bienvenidos a mi humilde morada, en donde les abriré mi mente y corazón a todos los que quieran leerme, ahora sin más preámbulo comencemos con esto.

¿Por qué decidí abrir un blog?

La razón principal por la cual decidí abrir un blog fue porque un día me senté a pensar en lo que estaba haciendo con mi vida y me di cuenta que definitivamente no me gustaba el rumbo que hasta ese entonces estaba llevando, así que dije: “bueno haré algo que me guste”, y pensé que quizás podría subir vídeos a la famosa red de Youtube pero no me animaba mucho, se supone que quería ser Booktuber y toda esta onda que se está llevando, y aún quiero solo que no me he decidido a hacerlo, entonces luego de tanto pensar que podría hacer, vino a mí la idea de hacer un blog. Pensé en que podría ser hasta mucho mejor que subir vídeos  a Youtube, igual estaría dándole a las personas mi punto de vista con respecto a algunos temas que me gustan y estaría haciendo algo que me encanta que es escribir.

Tengo un buen empleo, una buena familia, un estatus económico más o menos bueno pero siento que falta algo, necesito que mi vida cambie de alguna manera, y no sé si este será el inicio de ese cambio o quizás no, pero necesito intentarlo, estoy cansada de la rutina, de hacer lo mismo día tras día sin sentir pasión por lo que hago.

 

Quiero hacer cosas que me gusten, que me hagan vibrar, necesito experiencias nuevas y oportunidades para tenerlas, porque sencillamente me siento estancada y necesito avanzar, necesito redescubrirme, así que supongo que por todo esto decidí crear un blog.

Simplemente necesito encontrarle sentido a mi vida porque no puedo imaginarme haciendo lo que hago por el resto de ella.

Quiero mucho más que sentarme ocho horas en una oficina. Quiero viajar, explorar y conocer el mundo, quiero aventurarme en algo que jamás he hecho, creo que solo quiero encontrar algo que me haga feliz.

Y hacer este blog me da esperanza, me inspira a ir por aquello que quiero y necesito.

Eleanor.

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Vietnam: Día 16 – Viaje en tren a Hue y la Ciudad Imperial

Creo que el tren es uno de los medios de transporte que más me gustan. Si lo comparamos con el avión tiene mil ventajas (menos restricciones de equipaje, menos antelación, más comodidad, ves el paisaje), pero por si solo ya me parece que es un medio de transporte ideal.

Los trenes suelen discurrir por vías que están a veces alejadas de la carretera por parajes maravillosos que se pueden contemplar cómodamente desde la enorme ventana del vagón. Se puede caminar, se puede tomar un café, se puede dormir, leer, escribir a la vez que se contempla el mundo cambiante mecidos por el traqueteo de las traviesas del tren.

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Todo esto unido a que en España los trenes no funcionan particularmente bien, hace que cuando salgamos fuera, si podemos elegir, escojamos siempre la opción tren (si no es mucho más cara) y mucho más aún si el trayecto viene recomendado por la Lonely Planet.

Es por esto que decidimos hacer los 100km que separan Hoi An de Hue en tren a pesar de que parecía que el autobús era el medio más rápido.

Sin embargo, no sé si por las dos horas de retraso con las que salió el tren después de un madrugón que nos dejó sin el desayuno del hotel, porque no nos tocó una ventana, o porque íbamos en la fila de asientos del lado contrario a la costa, donde están las vistas de las preciosas playas de esta zona del país, pero en general nos pareció que no merece la pena las casi 5 horas que tardamos en recorrer los 100km.
La vuelta la hicimos en bus (3 horas), y nos sirvió para comparar la carretera de montaña con el recorrido del tren por más cercano a la costa.

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El copiloto se hizo las 3 horas de bus sentado en una banqueta.

 rucksack Hue: La Ciudad Imperial

Nada más llegar a Hue, soltamos las maletas en la habitación de la guest house y salimos pitando a buscar algo de comer. Allí le preguntamos a la dueña del bar y nos dijo que nos daba tiempo a ver la Ciudad Imperial esa misma tarde si nos dábamos prisa, (cierra a las 17.30) y que sería hasta bueno pues nos evitaríamos el calor de la mañana y las masas de gente. Y así lo hicimos.

Después de tantas horas de inactividad en el tren, no nos importó en absoluto cruzar a pie el puente que cruza el río Perfume, la principal arteria de la ciudad, para llegar a la orilla norte del mismo, donde se encuentra la Ciudad Imperial.

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La ciudadela se construyó a principios del siglo XIX y con su foso de 30 metros de largo y 4 de profundidad, sus muros de 2 metros de ancho y más de 10km de extensión y sus 10 torres era prácticamente inexpugnable por tierra. Todas estas defensas, sin embargo, poco pudieron hacer contra los incesantes bombardeos que sufrió la fortaleza durante las guerras Francesa y Americana, tras las cuales solo 20 de los 148 edificios originales siguieron manteniéndose en pie.

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Palacio Thai Hoa

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La Ciudad Imperial de Hue es uno de los monumentos incluidos dentro del Complejo Monumental de Hue, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993.

La visita puede ser un poco confusa, pues la extensión de la ciudadela es tan grande, que es fácil perderse y no llegar a todos los rincones que queremos ver. Nosotros nos dejamos guiar por el walking tour que proponía la Lonely Planet (página 90 de nuestra edición) y creemos que solo nos quedamos sin ver una cosa, aunque quizá era uno de los edificios que estaban cubiertos por restauraciones.

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Dependencias de los mandarines

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Tras pasar la ventanilla de tickets en la puerta Ngo Mon nos encaminaremos hacia el palacio Thai Hoa, donde el emperador recibía a sus visitantes oficiales desde su trono elevado. Es una sensación única aproximarse a este edificio. Te hace sentir pequeñita, y seguramente este efecto intimidatorio seguramente era más que intencionado.

A continuación, nos encontramos con dos edificios que miran el uno al otro. Se trata de las dependencias de los mandarines, donde se encontraban sus oficinas y preparaban las ceremonias oficiales.

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Foto by Luisma

La biblioteca, con la sala de lectura del Emperador, el Teatro Real y las salas de las concubinas son algunas de las estancias que nos encontraremos en nuestro camino hacia el interior de la fortaleza, pasando también extensas zonas donde no queda nada, pues fue todo destruido durante la guerra.

También nos deleitaremos con los preciosos jardines llenos de bonsais, y setos cortados especialmente imitando figuras de animales.

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Foto by Luisma

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Continuando hacia el norte, encontramos un sin fin de patios y espacios vacíos donde antiguamente se ubicaban los fastuosos edificios y pabellones de la Ciudad Púrpura Prohibida. Un recinto de 10 hectáreas que era de uso exclusivo para el Emperador, la Reina Madre y de las Concubinas y al que solamente tenían acceso los eunucos.

Es un buen momento para admirar la belleza de las puertas que franquean el paso en los muros de la ciudadela, como la hermosa puerta de Ngo Mon.

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Encaminándonos de nuevo hacia el sur, nos encontraremos con nuestra última parada en la Ciudadela Imperial de Hue, el complejo To Mieu, uno de los más bonitos (y los más restaurados) de la ciudadela.

Enfrentados uno contra el otro, encontraremos el pabellón de Hien Lam, de tres niveles, y el templo de To Mieu, que alberga capillas dedicadas a cada uno de los emperadores. Entre ambos, se encuentran las Nueve Urnas Dinásticas (dinh) dedicadas cada una de ellas a un soberano de la dinastía Nguyen.

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Foto by Luisma

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Cómo veréis por las fotos, vimos la Ciudad Imperial de Hue prácticamente solos, pues fuimos a ultimísima hora, y de echo tuvimos un poco que apretar el paso para salir de la ciudadela, pues la estaban cerrando ya. Esta puede ser una buena técnica para evitar las masas de turistas, aunque hay que estar dispuesto a caminar deprisa, y la ciudadela ES GRANDE.

Finalmente hicimosEn  una parada junto al río Perfume para tomarnos un kem (helado), ver el atardecer y descansar las piernas antes de continuar hasta nuestro alojamiento. ¡La “guinda” perfecta! :D

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rucksackDónde alojarse en Hue

En Hue fue donde encontramos el alojamiento más barato de todo el viaje en la guest house Duc Tai: 3,5$/por persona y noche. Es decir 7$ por una habitación doble con baño, sin ningún lujo y con un calor de morir, pero con aire-acondicionado y ventilador, y wifi que casi casi llegaba hasta la habitación, (jejjeje).  Ell personal amable aunque con el inglés justillo, pero usando google translator salía de todas :D . La verdad es que la relación calidad-precio era genial.

rucksack Dónde comer en Hue

La oferta gastronómica en Hue es realmente amplia y los platazos que nos esperan por probar deliciosos. Hay para todos los gustos y bolsillos. Nosotros nos quedamos en restaurantes de precio medio-bajo, pero si lo que hay son ganas de darse un banquete digno de un emperador, seguro que encontraréis lo que buscáis.

Estos son los establecimientos que probamos nosotros y que como os digo, nos encantaron todos:

  • Quán Hanh – rollitos vietnamitas deliciosos y los mejores Bánh Khoái (pancakes de arroz) que probamos. ¡Y cerveza Huda fresquita!
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Foto by Tripadvisor

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  • Café on Thu Wheels – La comida genial, la familia un encanto con los mochileros, el local super carismático y los tours a muy buen precio. Aquí es donde contratamos nuestro tour en moto por las tumbas imperiales de Hue. Totalmente recomendable. ¡Esas Tiger bien frías! También sirven desayunos.

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  • Stop and Go Café – Un poquito más subido de precio que su café-oficina-de-turismo gemelo, el Thu Wheels, pero la verdad es que la comida lo merecía. Pollo asado especiado con un aliño delicioso y tallarines salteados para disfrutar churrupeteando.

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  • Lac Thien – Para ser sordomudo, el dueño de este local tiene unas dotes de comunicación increíbles. Además es todo un personaje. Las cervezas te las abre con un abridor típico de la zona (Un palo con un tornillo enroscado) que luego te firma y dedica para que te lo lleves como recuerdo. Un plato de Pho o Bum Bo Hue y nos quedamos como nuevos después de todo el día caminando.

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Olivos – Jaen

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Lo mejor de Atenas en un día.

Todavía recuperándome de la profunda depresión post-vacacional por la vuelta a la rutina tras un viaje tan fantástico como el que hicimos a Grecia me decido a escribir la primera entrada de las…¿3?¿4? que escribiré sobre nuestro viaje al país heleno. Espero que esto me sirva de terapia de choque. Indudablemente es un país que merece la pena de verdad. No sólo por su historia, sino también por su entorno natural, su mezcla de culturas y, también hay que decirlo, por su gastronomía.

Como primer post voy publicar el itinerario de un día que hicimos en Atenas. Dado que quisimos dedicar más días a Creta y a Rodas, decidí darle un vistazo rápido a la capital helena, así que diseñé este “tour” por las atracciones más emblemáticas de la ciudad, que cubre todo lo indispensable en menos de un día. Allá vamos:

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Mapa que recoge “el ajo” de la ciudad de Atenas, el núcleo en el que se centra este itinerario.

Todo viaje a Atenas comienza normalmente en el aeropuerto Eleftherios Venizelos. Una vez aterrizados, dejamos las maletas en la compañía Care4bag (en el mismo aeropuerto, en “Llegadas” al final del pasillo principal), que por un precio muy competente te guarda la maleta y otros enseres a buen recaudo y así te olvidas de tener que llevarlas arriba y abajo durante todo el día. Dejo el link para los interesados, con precios detallados (nosotros las guardamos 18 horas por 8 €):  http://www.care4bag.gr/

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Las seis cariátides vigilan la ciudad de Atenas desde lo alto

Para ir desde el aeropuerto hay dos opciones básicas. La de los Lannister, véase el metro, con unos precios abusivos (ronda los 10 € de ida y vuelta) y horarios bastante restrictivos. El metro debe tener asientos de platino y cuerno de unicornio porque si no, no me explico el precio. La opción correcta, y que te lleva desde la terminal de salidas hasta la misma plaza Syntagma en unos 20-30 minutos es el Autobús X95. Lo mejor, que opera las 24 horas del día. Además, el bus es gratis si presentas tu carnet de estudiante; de lo contrario, el precio son 6€ para un billete de ida y vuelta.

Bueno bueno bueno. Pues el X95 nos dejó en la Plaza Syntagma, el corazón de Atenas. Allí se localiza el Parlamento griego (donde se produce el famoso cambio de guardia ante la Tumba del soldado desconocido). Una vez nos orientamos, nos dirigimos a nuestra primera parada, el archiconocido Acrópolis de Atenas.

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Los guardias del parlamento dándolo todo

Desde la Plaza Syntagma tomamos la calle Mitropoleos, luego pasamos junto a la Catedral de Atenas (Mitrópoli, obviamente ortodoxa) y nos adentramos en el barrio de Plaka, callejeando un poco hasta empezar a ascender por la colina del Acrópolis.

El acceso al Acrópolis se encuentra en la cara oeste de la colina. Hay una caseta donde venden las entradas (gratis para estudiantes lo cual es un puntazo, 12 € si no tienes carnet… hachazo). Al adentrarse en el Acrópolis lo primero que uno ve son los Propileos, ya de por sí bastante impresionantes. Sin entrar en muchos detalles, pues para eso ya están las guías oficiales, en el interior podéis admirar el famoso Partenón (y sus omnipresentes andamios metálicos), el templo de Atenea Niké, el Erechtion y sus cariátides y unas vistas panorámicas impresionantes de la vasta ciudad de Atenas.

Tras dedicarle su debido tiempo al Acrópolis (más de una hora en mi opinión es pasarse, además del agobio de turistas que están por todos lados), podemos salir del complejo y avistar desde lo alto los restos de dos teatros griegos: el Odeón de Herodes Ático y el Teatro Dionisio.

Bajando la colina hasta la calle Odos Dionissiou Areopagitou podremos obersvar estos teatros de cerca. La Odos Dionissiou Areopagitou es una calle peatonal muy interesante, pues recorriéndola en dirección oeste tendremos acceso a la colina del Areópago y la colina de Pnyx, y recorriéndola hacia el este encontramos el Museo de la Acrópolis (vale la pena visitarlo, la propia entrada del Acrópolis sirve también para el museo) y el Olympion. Dedicamos un buen rato a caminar por esta calle, me pareció de largo la más bonita de la ciudad, no estéticamente, sino por el hecho de contener en cada rincón un pedazo de la historia/esencia de la Grecia Antigua.

La Odos Dionissiou Areopagitou desemboca hacia el este en el Arco de Adriano y Templo de Zeus Olímpico (el Olympion). También merece la pena echarle un vistazo. Es gratis para estudiantes, para los no estudiantes no me fijé en los precios pero no debería superar los 3 €.

Una señora tortuga de tierra se paseaba por las ruinas del Olympion

La sobredosis de ruinas e historia no había acabado, pues tomamos la calle Tripodón (vaya nombrecito de actor porno) y retomamos nuestros pasos a través del barrio de Plaka para ver la Torre de los Vientos y el Ágora Romana (o lo poco que queda de ella). Sinceramente, no creo que valga la pena entrar dentro (mucho menos pagar una entrada), desde arriba se ve todo lo que hay que ver y no es que quede demasiado en pie. Llamadme rebelde si queréis.

Callejuelas del Barrio de Plaka. Torre de los Vientos junto al Ágora Romana

Desde el Ágora Romana, tomando la calle Adrianou, conectamos con otro ágora mucho más interesante, obviamente el Ágora Griega. Aquí hay más jugo que sacar, tenemos como puntos interesantes el  Stoa de Atalo (que alberga un museo con piezas bastante interesantes) y el Templo de Hefesto (Hefestión). Además, hay vistas muy chulas del Acrópolis desde el Hefestión. De nuevo, demos gracias a la política cultural de Atenas, es gratis para estudiantes y 4 € si no perteneces al sindicato estudiantil.

Tras la maratón y sobredosis Historia Antigua, realizamos una parada técnica para comer en un restaurante típico en Plaka: el Kouklis Ouzeri (To Yerani), en la calle Tripodón, número 14 (parece que insista con el tripodón eh). Bueno, bonito y barato. Como curiosidad, en vez de sacarte un menú impreso, el camarero te sacaba una bandeja gigante con todos los platos del día y tú elegías lo que más te gustaba, sirviéndolo al momento. Forma bastante curiosa de pedir (y peligrosa por eso de comer por los ojos), pero que fue muy satisfactoria. Nos pegamos una buena cebada y al final nos sacaron Baklava (postre típico) y chupitos de Ouzo (bebida alcohólica típica, del estilo orujo). Próximamente dedicaré un post a la gastronomía griega, así que no entraré en más detalle picarones.

Con la panza llena, tocaba la parte más relajada del itinerario. En primer lugar nos dejamos caer por la Plaza Monastiraki, una de las más importantes de la ciudad. No es gran cosa, pero a su alrededor tiene un “Flea market” (mercadillo de antigüedades y objetos de segunda mano) y varias calles con bazares y tiendas caza-turistas con souvenirs. Nos dimos un paseo por los bazares, callejeamos un poco por el barrio de Psiri (al norte de Monastiraki, con ciertas reminiscencias al barrio del Carmen en Valencia) y nos tomamos un café griego y (otra) baklava con helado en la pintoresca en plaza Iroon.

De vuelta a la Plaza Syntagma tomamos la calle Odos Ermou, que recorre el centro de Atenas de oeste a este, siendo el sitio perfecto para hacer tus compras, comerse un kebab gyros o visitar la iglesia ortodoxa de Panaghia Kapnikarea. Odos Ermou desemboca en la plaza Plaza Syntagma y desde allí emprendimos la marcha hacia la última parada de nuestro itinerario: el monte Lycabetus. Dicha elevación es el punto más alto del centro de la ciudad (300 m), y desde la cima se tienen unas vistas privilegiadas de Atenas.

Para llegar hay que tomar la Avenida Leoforos Vasilissis Sofias desde Syntagma, y desde ahí, girar a la izquierda para adentrarse en el barrio de Kolonaki (el barrio con “pasta” de Atenas, lleno de boutiques de lujo y restaurantes muuuuy hipster-modernetes). Una vez ante el monte Lycabetus, hay dos opciones. La primera es pegarte el pateo y subir centenares de escaleras hasta llegar a la cima, luchando contra el viento que azota la ladera en todo momento. Es un camino bonito y con un bosquecillo, pero después de horas de visita de la ciudad estábamos que tirábamos el hígado. Además hacía un viento infernal. La segunda opción es usar un teleférico (de eso me acabo de enterar ahora buscando información sobre el sitio, yo la verdad que el teleférico no lo vi por ninguna parte) como buenos turistas de USA. De un modo u otro la dura subida es recompensada por unas vistas espectaculares de 360º de toda la ciudad y un atardecer majestuoso sobre el Acrópolis ¿a qué suena bien eh? Desafortunadamente, a nosotros nos pilló un día de niebla a lo The Walking Dead y un viento súper incómodo, así que no pudimos disfrutar de la vista al 100%. Aún así muy recomendable, con buenas condiciones ES una pasada. Aquí las fotitos:

Con el monte Lycabetus dimos por zanjada nuestra visita a la ciudad. Una ciudad que pese a no destacar por la limpieza o belleza de sus calles, conserva uno de los mayores tesoros de la historia de la Humanidad. Si Sócrates o Pericles se levantaran de su tumba no estarían muy orgullosos de lo que verían. Aún así, Atenas es una ciudad que todo amante de la historia antigua, en especial de la cultura grecorromana, disfrutará. Y como tal, yo me lo pasé pipa explorando sus ruinas, museos y callejuelas.

Punto y final de la primera entrada sobre el viaje a Grecia. En breves, mi relato sobre la isla de Creta, lo más top del viaje.

θα σε δω αργότερα

 

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