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¿Qué me pongo para…San Jorge Juan?

La noche del pasado 23 de junio, la revista GQ organizó en Madrid un evento espectacular en la calle

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Atardecer de luz y color

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Una maleta para 5. Viajar con menos.

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Con la familia materna y paterna fuera y un marido músico, mi familia tiene los viajes en coche en la sangre y los niños se mecen en un profundo sueño pudiendo hacer hasta cinco horas de carretera sin tensiones.  No en vano Fresa ya hizo un buen kilometraje con 10 días de vida. ¿Y cómo nos movemos 5 personas para viajar? Reconozco que en un principio, el coche se nos quedaba muy pequeño, hasta que eliminamos lo superfluo. A día de hoy nuestro equipaje es una sola maleta mediana para los cinco y el carro gemelar.

Obviamente, y con carácter temporal, hicimos un cambio de coche pasando del cinco plazas a un 7 plazas dado que, con la nueva normativa, ningún niño puede ir delante y Fresa es muy pequeña para hacerse cargo de sus hermanos, dos bebés a contramarcha. Y pensaréis que con el siete plazas todo estaba arreglado en cuestión de espacio, pero la cruda realidad es que, incluso quitando una de las plazas traseras, el carro gemelar, ¡plegado! llena TODO el maletero. La solución: una baca y un cofre. Y en dicho cofre, va nuestra maleta. Mover a tres niños ya genera bastante estrés, ¿imaginas lo que supone si además tienes que mover maletas y maletas y maletas? Antes viajábamos así, con una maleta enorme, otra pequeña para Fresa y bolsas extras para comida, zapatos, cojines de lactancia o comodidades varias. Pero sobre todo, viajábamos con cosas inútiles que no usábamos pero que echábamos al coche POR SI ACASO surgiera el apuro y tuviéramos que hacerlo.

Este por si acaso viene cargado de una gran desconfianza en la providencia y eso que me considero una gran providencialista. En tu maleta llevas más ropa que días de vacaciones por si no pudieras lavar en ningún sitio. Esto a día de hoy es bastante improbable, cualquiera te prestaría jabón hasta en un descampado y esta temperatura secará cualquier cosa sin esfuerzo. Si vas a casa de los abuelos, como es nuestro caso, pensar que faltará algo es una locura. Tus hermanos y sobrinos te prestarán la ropa de emergencia, ¿o acaso no te recuerdas en tu infancia llevando una camiseta ancha de algún primo porque te manchaste la tuya con guerra de globos? Y no solo ropa, llevamos cosas que no usaremos ¡por si no pudiéramos comprarlas allí! Baraja esto con sensatez, porque hoy hasta los domingos son operativos a nivel comercial. No vas a quedarte sin pañales en una emergencia.

Conseguir un armario cápsula me ayudó a aligerar las maletas. No tengo tanto que llevar y, como todo combina entre sí, pocas prendas conforman amplias posibilidades. Y esto es igual con los niños. Como aún son pequeños y además es verano, la mitad de la maleta la ocupamos mis tres niños y yo. La otra es para mi marido y suele ir medio vacía.

¿Quieres saber cómo viajamos cinco con una maleta mediana medio vacía?

  1. Aprendí a doblar la ropa. No solo a nivel de Marie Kondo con los pequeños paquetes de ropa, sino enrollando todo aquello susceptible de arrugarse. La ropa bien empacada, además de generar una imagen que te hará sentir orgullosa, hace que el espacio se triplique. De Marie Kondo aprendí que, en un cajón, no hacen falta compartimentos ni pequeñas cajas para dividir el espacio, sino simplemente orden e igual lo aplico en la maleta: no hace falta otras bolsas para separar la ropa interior del resto (a excepción de los zapatos, por las suelas).
  2. Reduje mi neceser. Esto es sin duda lo que en proporción más nos ocupa la maleta a las mamás. Ahora he aprendido que mucho de lo que iba en el neceser era innecesario y volvía sin ser usado: maquillajes, bisutería, cosas para el pelo… Sinceramente, cambiar mi alimentación y reducir el estrés me hizo verme más guapa. Una cara saludable necesita poco maquillaje, una mujer que confía en sí misma, ¡mucho menos!
  3. Como nuestra vida familiar se simplificó y naturalizó, algunas cosas como la higiene se reducen ahora a una pequeña pastilla de jabón en un tupper. Ni acondicionadores, ni champús, ni colonias, ni cremas ni inventos de la tele.
  4. En verano puedes viajar sin secador y, mucho más aconsejable, sin planchas ni rizadores que quemen tu pelo más de lo que lo hará el sol.
  5. Con el BLW (Baby Led Weaning) ya no tengo que llevar papillas, cucharas, yogures, tarritos, cacitos… los tres hermanos comerán lo que haya allá donde vayamos y la teta es mi mejor equipaje de mano.
  6. Uso únicamente el bolso del carro gemelar. Más bien usamos, porque ahí va lo que Fresa necesite (véanse piedras, conchas o colores), algún libro para mí, mi bullet journal, los pañales y toallitas…
  7. Priorizo. Llevo lo esencial y le doy más importancia a lo que viviremos y con quién lo viviremos. Antes viajaba con varios libros, ahora quizá lleve uno y, en algunos viajes en los que sé que siempre estaremos acompañados de la familia, no llevo ninguno: habrá cosas más interesantes que hacer que no pueden esperar como los libros y seguro que acabaré tan cansada que no querré leer a la noche. Ningún objeto necesita que lo pasees.
  8. Antes quería tener muchas opciones, como maximizadora que soy, para acertar con el conjunto adecuado si surgía una cena, llovía sin previo aviso o cualquier probabilidad imaginaria. Hoy en día apuesto por las condiciones del presente y lo realmente previsible. Si surge algo inesperado, no me castigo por no preverlo ni exijo el cien por cien de mí, ni físico ni mental. Igual para mis hijos. No importa si no van lo ‘arreglados’ que se espera, irán limpios y bien felices.
  9. Si llevas, como yo hacía, varios juguetes por si tu hijo se aburre… tienes algo que revisar en tu relación con él y en su imaginación. Fresa ahora puede viajar con una cosa. Y NUNCA se aburre. Lo demás lo encontraremos, lo inventaremos o seremos nosotros mismos.
  10. Uno de cada: un bañador, un pijama…
  11. Apuesta por el calzado versátil para llevar menos. Los bebés aún no usan y en verano estaremos buena parte del día descalzos.
  12. Y sobre todo ¡no te traigas cosas nuevas! Si no lo necesitas, no lo compres.

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TIERRAS DE LA LUNA Y EL SOL

Tierras-de-la-Luna-y-el-Sol-provisora     Según los relatos de DBC I, fue en Cunäka donde se originó la humanidad y desde donde ésta partió hacia nuevos rumbos. No muy lejos de allí, los hombres hallaron una nueva tierra a la que llamarían Hadasia y otra a la que denominarían Draconia o Dedracone. Sin embargo faltaría mucho tiempo para que se establecieran en las Tierras de la Luna y más tarde aún en las del Sol.

DBC I no nos relata estos hechos particularmente, ya que también el autor se los guarda para su segunda saga, pero sí nos pone de manifiesto que la historia que estamos leyendo sucede en las Tierras del Sol, al sur del continente, aunque uno de los personajes comienza su camino hacia el norte, es decir hacia las Tierras de la Luna.

Este continente está ubicado en los mapas de manera central, por lo que se deduce la importancia del mismo respecto a los otros, ya que es aquí donde suceden los principales hechos de “Danza de búhos y Corderos”.

Tanto las Tierras de la Luna como las del Sol están habitadas por reinos medievales y también por pueblos salvajes, pero mientras que en las tierras australes los habitantes descienden de Itquepé y Golieri (aludiendo en cierta manera a España e Italia), a excepción de las poblaciones nativas, en las septentrionales son hijos de los pobladores de las Islas Antiguas.

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