Archive for » julio 26th, 2016 «

Cinco frases sobre viajes y viajeros

Viajar también es una manera de desnudar el alma y una experiencia inolvidable. Aquí les dejo mis cinco frases favoritas sobre esta maravillosa aventura:

1. “Un viaje de mil millas comienza con el primer paso”. Lao-tsé

2. “Aquel que quiere viajar feliz, debe viajar ligero”. Antoine de Saint-Exupéry

3. “El mundo es un libro y aquellos que no viajan sólo leen una página”. San Agustín

4. “El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración… El objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje”. José Saramago

5. “Todo viajero es la mitad de sí mismo. No hay lugar en los aviones para llevar las cosas que lo completan. Esquinas, gestos, personas, vientos, olores, tapiales, saludos, colores y miradas no caben en las valijas”. Alejandro Dolina

 

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Lo bueno y lo malo de conocer lugares con anfitriones

Una de las cosas que más disfruto de mi matrimonio es que compartimos con mi esposo el gusto por viajar y descubrir lugares juntos. En Colombia, fui la guía natural de la pareja, por aquello del idioma y porque jugaba de local. Pero a este lado, la figura de guía desapareció y ambos hemos sido bastante espontáneos a la hora de armar viaje. Una desventaja cuando se trata de comprar tiquetes porque siempre salen más caros.

Sin embargo, en nuestro último viaje a Stuttgart, quise volver a mi rol de guía organizada porque solo teníamos un día y medio para conocer lo mejor de la ciudad. Y eso incluía la visita a un par de amigos: un colombiano, un alemán y un francés. Mejor dicho, el plan era contra reloj.

Para aprovechar mejor el tiempo, visité un par de blogs de viajes y ademas hice un sondeo en el grupo de Colombianos en Stuttgart para saber qué sitios me recomendaban ver. Con lo que no contaba, es que nuestros anfitriones se tomaron en serio el papel de guías turísticos, y mi plan terminó en una cosa distinta.

Y aquí empiezo mi relato…

Mi travesía arrancó el viernes en la noche sin mi esposo, quien viajó hasta el sábado en la mañana. Yo me adelanté para ganarle unas horas al reloj y poder compartir con mi amigo Luis, un colombiano que conozco desde la infancia y quien vive desde hace un par de meses en Stuttgart.

Con él empecé mi tour el sábado en la mañana hacia el centro de la ciudad, donde están concentrados varios sitios turísticos. Entre mucha conversa llegamos al Schlossplatz, una plaza con dos piletas grandes de agua  y el punto de referencia para ubicar otros lugares turísticos. A su alrededor se encuentran: el Neues Schloss (el Palacio nuevo); el altes Schloss (el Palacio viejo); y el Kunstmuseum (Museo de arte de Stuttgart). Basta caminar una calle para llegar al Schillerplatz, una encantadora plaza donde se arma un mercadito los sábados con cosas del campo.

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Schlossplatz

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Schillerplatz

Después de hacer un recorrido alrededor de la zona, nos desplazamos hacia el oeste de Stuttgart en búsqueda de la iglesia Johanneskirche, una edificación que me llamó la atención en las guías de viaje que consulté. Es imponente y misteriosa, aunque lo ingresé en mi categoría de lugares, que no necesitas visitar una segunda vez.

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Johanneskirche

Hacia el medio día nos encontramos con mi esposo en el Hauptbahnhof (estación central de trenes). De allí salimos todos juntos para la casa del alemán y del francés, quienes nos recibieron con cocteles y un plan turístico. Dentro de los sitios sugeridos no estaba el Museo de Autos de Mercedes-Benz, uno de los imperdibles de Stuttgart. Lo descarté con resignación, porque sabía que el tiempo no era suficiente y porque nuestros anfitriones tenían en su plan otro lugares para conocer.

En ese punto creo que una desventaja de viajar con guías es que muchas veces debes adaptar tu tiempo a lo que el guía considera importante y pierdes la oportunidad de visitar sitios que son de tu interés. Aunque a veces cambiar el plan te trae cosas positivas…

En búsqueda de alimento

Después de una larga caminata llegamos a la plaza Erwin-Schöttle-Platz, donde ese sábado se realizó un festival dedicado a la cultura africana. En una pequeña tolda hicimos una parada para degustar unos bocadillos de plátano dulce. Nunca me imaginé que me econtraría con estas delicias en Stuttgart: torticas de maduro en salsa de mango (yumi yumi). Mis amigos se arriesgaron a probar los maduros con salsa picante, ese no me gustó mucho.

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Como también era importante conocer la cocina local (schwäbisches Essen), nuestros anfitriones nos sugirieron ir al restaurante Brauhaus Calwer-Eck, famoso porque producen su propia cerveza. En un ambiente clásico alemán tuve la oportunidad de probar los “Maultaschen” – envueltos de masa de fideos que se rellenan, tradicionalmente, con carne de cerdo-. Se los recomiendo si van por esta zona, pero no los pidan con huevo, porque quedan muy pesados y se pierde el sabor de la pasta. Si no consumen carne, el Käsespätzle es una buena opción- una pasta cargada de queso, bastante grasosa, pero sabrosa-.

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La sorpresa estaba cerca…

Con la barriga bastante llena nos fuimos a caminar de nuevo por el centro de la ciudad, hacia el Schlossgarten que queda a unas pocas calles del Schlossplatz. En ese punto estaba un poco desanimada porque mi tour se había reducido al centro de la ciudad y a comer. Pero también es cierto que sin combustible el cuerpo no funciona y que la cocina hace parte de la cultura. Y debo admitir que lo mejor estaba por venir…

Cerca del Rathaus (Ayuntamiento o Alcaldía) tomamos el U-Bahn hacia la estación de Marienplatz. Allí nos bajamos y empezamos a caminar hacia las montañas. Subimos una pila de escaleras que en un momento me recordaron a Monserrate (versión principiantes). Pero valió la pena llegar a la cumbre de ese lugar, conocido como Karlshöhe, donde se aprecia la mejor vista de Stuttgart y donde se puede disfrutar de una cerveza en un ambiente verde y acogedor. Sí, en medio de los árboles hay un Biergarten, el sueño de cualquier adepto a la cerveza en época de verano.

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El plan turístico terminó allí en las montañas. Esa fue la parte buena de conocer Stuttgart con anfitriones, que terminé en lugares que no esperaba conocer. Me quedé con las ganas de visitar el museo de autos, pero al final lo que importa fue que me divertí. Creo que eso también pasa en la vida; a veces te encuentras con personas que te cambian el rumbo y te llevan a vivir experiencias extraordinarias que jamás estuvieron en tus planes.

Ser flexibles y cambiar el plan a veces es el mejor plan.

 

 

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Gofio by Cícero Canary

Últimamente es posible hacer muchas cosas que antes eran impensables. Por ejemplo, podemos ver a ese amigo que vive en la Conchinchina a través del ordenador o del móvil, ya que antes, sólo podías escucharle a través del teléfono y si tenías la suerte de pillarle en casa… Estos tienen muchas ventajas y bastante pocos inconvenientes (aunque dicen que desde que se inventó la cortadora de fiambres y el bidé, las cosas no saben igual). Sea como sea, uno de los avances más chulos es poder “viajar” a Canarias sin moverte de Madrid. Si, habéis oído bien, ya no hace falta pillar el barco o el avión. Tranquilos, que no han hecho un puente como ese que querían construir hasta Mallorca. Tampoco hace falta que vayáis a nado por el mar (suponemos que ninguno sois David Meca). La solución es mucho más sencilla: Sólo tenéis que acercaros a la calle Lope de Vega y allí os encontraréis con Gofio, un trocito de las Islas Afortunadas en pleno corazón de Madrid.

La verdad es que a nosotros nos tocó acercarnos dos veces, para que os vamos a engañar. La primera, fue un sábado noche y no sabemos si por aquello de la fiebre o porque el sitio está de moda (y con razón), el local estaba a rebosar. Ni una mesa libre, que mala suerte la nuestra. Además, fue todo muy improvisado. Marina dijo oye, he encontrado un canario nuevo que tiene que estar genial. Así que dijimos vamos a pasarnos a cenar algo. También influyó que tenemos una norma “no escrita” que dice: “el que encuentra un sitio nuevo, invita al otro”, por lo que Mario no puso ninguna resistencia. Realmente Marina lo descubrió a través de El Comidista pero tranquilo Mikel, no te toca pagar.

El sitio, desde fuera ya invita a entrar. En la entrada hay detalles que ya te dicen que va a ser un sitio especial; colores amarillos, azules, negros… que te recuerdan a Canarias y “La Ventita”, un pequeño stand donde puedes encontrar gofio, cervezas y otros productos canarios para llevarte a casa. Además, cuando hablas con los camareros y camareras, te das cuenta de que todos tienen ese acento canario tan bonito. La verdad es que el local es estrecho pero la decoración del local es muy bonita, sencilla, cálida, y plagada de detalles canarios, destacando los cuadernos de viaje ilustrados por la canaria María Bombassat. Antes de ir, leímos opiniones y  algunas personas apuntaban que lo “malo” de este restaurante era que tardaban mucho, así que nosotros pedimos nuestra mesa pronto y fuimos sin prisas, pero la verdad es que los tiempos fueron magníficos… Suponemos que las opiniones negativas que leímos serían al principio de abrir, en ese tiempo de “rodaje”. Además nosotros somos de la regla de que si tardan muy poco… malo, es que la comida la tienen hecha de antelación. Si tardan un poco, es que lo están haciendo con mimo. Aún así, reiteramos que nosotros no tuvimos ningún problema con los tiempos, todo lo contrario.

Tras sentarnos en nuestra mesa, Alberto vino a darnos la carta y a preguntarnos qué queríamos de beber. Además, también nos comentó que podíamos pedir varias medias raciones para compartir y así probar más cosas. ¡Nos encanta que se puedan pedir medias raciones, es un gran acierto! Cabe destacar que tanto Alberto, como el resto del equipo de sala fue súper simpático, amable, cercano y atento. ¡Otro punto para ellos! Mientras venía la comida, nos trajeron un poco de pan con aceite canario para ir abriendo boca (se hubieran agradecido unas aceitunas o algo así también). Dos tipos de panes, uno blanco (con gofio, creemos) y uno de semillas. El pan ligeramente caliente y el aceite potente y aromático, muy buenos.

El primer plato en llegar fue el queso asado canario con sus mojos. Un queso semicurado muy bueno, al igual que ambos mojos y un toque de miel de palma canaria que redondeaba el plato. Muy, muy, muy rico, todos los elementos combinan a la perfección.

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Después de un primer plato riquísimo, que llego limpio a la cocina, estabamos ansiosos de que llegara el siguiente. Y entonces llegó él. Sin duda el mejor plato de toda la comida. Estamos hablando de las truchas saladas de conejo en salmorejo. No estamos hablando del pescado, sino de unas empanadillas típicas canarias. Mirad la foto y juzgad vosotros mismos:

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La empanadilla viene rellena de conejo en salmorejo deshilachado y la presentan tal y como véis en la foto. Entonces, vienen con una jeringuilla e inyectan dentro de la empañadilla la salsa del salmorejo canario. Al romper la empanadilla (muy crujiente y ligera), la salsa cae encima de las hierbas que vienen debajo (rúcula, hierbabuena, albahaca) a modo de aliño. El guiso de conejo, muy sabroso, la masa ligera, crujiente, nada grasosa y las hierbas aportan la frescura necesaria… En definitiva, un plato de 10.

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El siguiente plato en llegar fue el clásico de Canarias por antonomasia, las papas arrugadas con mojos.

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Las papas, en su punto y los mojos de enmarcar. Hemos probado pocos mojos tan buenos. Por poner un pero (que no es), los mojos están muy buenos y las patatas lo absorben que da gusto, por lo que al final del plato el mojo se queda un poco escaso. Esto es nuestra opinión, pero es cierto que está tan rico que un poco más de mojo se agradecería.

El siguiente plato en llegar fue la carne fiesta, papas fritas y lima. La carne, cochinillo segoviano ligeramente marinado con ajo y especias frito en parisiene. Cabe destacar que el marinado es muy sutil, por lo que la carne no pierde su sabor delicado. Las patatas, muy crujientes y el toque de la lima aporta un toque ácido que rompe la grasa del cochinillo. Otro plato muy, muy rico.

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El último plato salado en llegar fueron los dumplings de carne mechada con morena frita. Sin duda, el plato más decepcionante de toda la comida.

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Os estaréis preguntando, ¿por qué? Pues porque nos pareció un plato con poco equilibrio y numerosos elementos grasos. Los dumplings estaban marcados en la plancha (demasiado) y se quedaron muy secos, igual que el relleno de carne. El mojo tenía un exceso de aceite. La morena frita, aunque crujiente y bien escurrida, no deja de ser un frito, como una corteza marina. Y para rematar, perejil frito que sólo aportaba más grasa (quizás tenía mucho más sentido haberle puesto la hierba fresca). Es cierto que el plato tenía un par de puntitos muy pequeños de gel de lima, con la intención de refrescar el plato, pero tenían un sabor demasiado potente y la cantidad era pequeña.

Por último, fue el turno de los postres. Y como no nos decidíamos, ¡pues pedimos dos! Aunque llegaron practicamente a la vez, el primero en llegar fue el “Barraquito ice”. Un helado casero elaborado en el restaurante, su particular homenaje al barraquito (bebida típica canaria elaborada a base de café, leche condensada, leche, canela, limón y licor). El helado, en el que predominaba el sabor del café es muy cremoso y refrescante, nada empalagoso. Viene acompañado de un poco de bizcocho, aunque sin duda alguna el protagonista es el helado.

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En el otro lado del cuadrilátero, otra versión de un postre típico canario, el Príncipe Alberto. Bizcocho, mousse de chocolate (con pimienta palmera), almendra y café arábiga 100%. ¡Con estos elementos no se puede fallar! El puntillo picante que le da la pimienta palmera al chocolate es increíble y le da un punto desenfadado (canallita). Además, todos los elementos del plato casan a la perfección. Otro gran postre.

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Además, no nos pusimos de acuerdo acerca de cuál de los dos está mejor. Para Marina, el Barraquito, para Mario, el príncipe Alberto… Así que si vais, ¡pedid los dos y salid vosotros de dudas! Por cierto, tienen un postre hecho con gofio que también tiene que estar de muerte… Le pediremos en la próxima visita.

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¡Al salir de Gofio es imposible no sonreir! Fijaos si hemos tardado en subir la entrada, cuando fuimos aún hacía para llevar abrigo…

En definitiva, un sitio muy agradable y 100% recomendable para comer o cenar rico por Madrid. Además, la posibilidad de pedir medias raciones hace mucho más atractivo el sitio, ya que podemos probar varias especialidades canarias sin acabar reventando. Por último, cabe destacar que la atención es de 10, todos los camareros son amables, atentos y simpáticos, por lo que te sientes como en casa. Así que ya sabéis, si queréis visitar Canarias pero os da miedo el avión, Gofio es vuestro sitio.

P.D.: Sabemos que en estos últimos meses hemos estado más parados que un avión de mármol. Ni un post cortito, ni comentarios en vuestros blogs, ni ná de ná. No “sus” preocupéis, simplemente hemos estado liadísimos con el master y no hemos tenido tiempo para nada. Por suerte, ya hemos acabado y pensamos regresar con fuerza, para daros la brasa a tope. ¡Muchas gracias por vuestra paciencia a todos (a los chic@s de Gofio incluídos)!

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“¿Dime qué precio has pagado por tu libertad?”

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Cierro mis ojos cansados y mi cabeza abotargada, fruto de una noche larga y lluviosa de trabajo, me transporta a ese tres de mayo del 2013 que cambió radicalmente mi vida. Dentro del amplio y aséptico Aeroport del Prat estaba con mis padres, junto con mis compañeros de aventura, cuyas caras sonrientes no podían esconder la alegría y el nerviosismo del acontecimiento que se acercaba. El nudo en mi estómago iba en crescendo mientras me despedía de mis padres con esos abrazos y besos que no necesitan adornarse con palabras. A buen entendedor, pocas palabras bastaban. Ya se dijo todo lo que debía decirse. O quizás no: El ser humano es estúpido y siempre espera a alejarse de alguien querido para sincerarse y expresar los sentimientos que a causa de la rutina, el orgullo o simplemente, la propia idiosincrasia para expresarse, hacen que si los vomitemos en la lejanía. Sea cual sea el motivo, la respuesta siempre es y será la misma:

Nunca dejéis de decir “Te Quiero” a las personas que amáis, nunca sabréis cuando será la última vez que podréis decírselo.

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