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Viajar por placer… escribir por devoción

No, no voy a ser cínica y decir que viajo únicamente para escribir y no por el insustituible placer de disfrutar del mundo. Pero sí que en mis viajes, en los trayectos, en los atardeceres, en la tranquilidad… en ese desconecte del mundo del día a día… la creatividad fluye. Por eso, siempre van las libretitas conmigo y el peque, el miniordenador.

En esos momentos de autobuses, aviones, barcos… sin internet en el móvil, en esas terrazas con esas vistas, apetece estar a solas con tus personajes y ponerlos en orden, hacerlos avanzar. La cabeza no está contaminada por las obligaciones, la mente recibe un sinfín de estímulos que la llevan a viajar igual o más lejos que el cuerpo.

Aquí, en Creta, avanzó enormemente mi novela ambientada en las islas del Egeo y Atenas. Y también, al serpentear sus carreteras y poner en marcha de nuevo mi forma de conducir adaptada a los Balcanes, me rondó otra vez la novela de suspense a través de las carreteras y paisajes de Rumanía, de la que al fin puse los cimientos.

Ambas llevarán, al final, esencia cretense.

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Primeras Impresiones de mi Aventura en EEUU: ¿Cómo Viven los Americanos?

Se podría decir que tras tres semanas conviviendo en Estados Unidos una ya puede extraer las primeras impresiones sobre algunos de los hábitos o características destacadas en la cultura americana. No cabe duda de que es un país grande en dimensiones así como en su variedad étnica, geográfica y cultural. Así pues, me centraré en los detalles que he percibido en los siguientes estados del este: Nueva York, Nueva Jersey y Pensilvania. more »

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Ginebra en 24 horas

Suiza no es, ni mucho menos, el destino más barato que pudiera haber elegido. Sin embargo, el azar incluyó a Ginebra en mi ruta (una mezcla de vuelos en oferta y cursor sobre el mapa). Y junto a ella, Lausana, Gruyères y Montreux.

Volar desde la península hasta la fronteriza ciudad de Ginebra es muy asequible. En apenas dos horas llegas al destino, de modo que la pereza o el odio a los vuelos largos dejan de ser una razón de peso. Es más, la salida del aeropuerto es la más sencilla que he podido ver hasta el momento: en menos de diez minutos estás en el centro de la ciudad.

EN BUSCA DEL TRANSPORTE GRATUITO

En este punto conviene indicar que en la zona de recogida de equipajes, justo en la puerta, hay dos máquinas expendedoras de billetes: una para el tren si viajas fuera de Ginebra y otra… para billetes gratuitos que te permiten tomar cualquier transporte urbano de la ciudad. Tiene un límite, eso sí, pero son unos más que razonables 80 minutos. Y, a pesar de este trámite es sencillo, no son pocos los que vi con su billete recién comprado bajarse en la estación de tren de Ginebra… 

Y, hablando de ahorro en un país tan caro… Si te alojas en un hotel, tienes a tu disposición una tarjeta (Geneve Transport Card) que te permitirá tomar cualquier transporte urbano gratis durante tu estancia. En algo se tenían que notar los impuestos que pagas…

En realidad, para los turistas, Ginebra es una ciudad fácil y muy paseable si vas cuando las temperaturas son templadas, como en octubre. Esto quiere decir que el uso del transporte público será casi secundario.

EN RUTA

Una cosa te queda clara nada más llegar: de poco sirve adelantar tu entrada al hotel un poco. Si te dicen que el checkin es a las 2 o a las 3, ni intentes acercarte antes porque tendrás que dar media vuelta. Eso implica que tendrás que inventar un plan (mochila o maleta a cuestas) para pasar el rato.

Jet d’Eau. Ginebra.

En mi caso, la Jete d’Eau, ese gran chorro de agua de unos 150 metros de altura que se veía desde el avión, era mi fijación. Por suerte, mi mochila ligera me permitió dar un (gran) rodeo por el paseo del lago Leman y pasar tanto por la “playa” (Jetée des Paquis) como por La Perle du Lac, un tranquilo parque ideal para sentarse y descansar un rato.

Por el camino, es casi imposible obviar dos de los atractivos turísticos de la ciudad: la escultura de Sisí, en el Quai su Mont-Blanc, y el monumento a Brunswick, que por sus características góticas te hará acercarte para cotillear un poco (parece un mausoleo en plena ciudad).


POR LA CIUDAD COMO UNA TURISTA

Tras el pequeño parón para realizar el checkin en el hotel, comer (reconozco que llevaba la comida de casa para el primer día) y buscar el supermercado más cercano (un Migros en la estación de Cornavin es una salvación), empieza la segunda etapa, ya más centrada en el turisteo puro y duro. Porque, sí, se te nota a la legua que eres turista, aunque vayas vestida correctamente, etc.

La desembocadura del Ródano en el lago ofrece un espectáculo de patos, cisnes y aguas azules entre puentes y pequeñas islas con sauces llorones. Por suerte, los peatones disponemos de pasarelas propias para cruzarlo obviando el tráfico. Esta zona es realmente bella y recuerda en cierta medida a los canales de Londres.


De ahí, a la caza del famosísimo reloj floral del Jardin Anglais. Que, en fin, me pareció… feo. Sin embargo, el jardín en sí mismo ofrece unas vistas muy interesantes de la ciudad y ajenas al bullicio cosmopolita de calles como la Rue de la Croix – d’Or o la Place su Molard, que de nuevo me recuerda a Londres y su Oxford Street. 

HUYENDO DE LAS MASAS

El ambiente cambia, por suerte, en el casco antiguo. Cuestas, calles con adoquines, piedra y ventanales que te recuerdan que estás en Europa. Una Europa tan sobria como su catedral, austera. Estas calles esconden librerías, anticuarios, galerías de arte moderno, el famoso Museo de la Reforma y el Monumento a la Reforma que, de nuevo, me parece exageradamente popular.


Menos transitado por turistas, en la Place de l’Ille, te encuentras con una agradable librería de arquitectura y diseño y una cafetería con cabinas de teleférico como mesas que vale la pena visitar. Esta es una ciudad de contrastes, sin duda. A ver qué me depara el segundo día de la ruta… 


ALGUNOS DETALLES:

  • Puedes llegar gratis y rápido en transporte público si coges tu ticket antes de salir de la zona de recogida de maletas.
  • Puedes usar el trasporte público gratis en Ginebra si te preparan en el hotel tu Geneve Transport Card.
  • Migros. Recuerda este nombre. Un supermercado de precios “razonables” para ser Suiza y con comida preparada para que no te gastes el salario comiendo fuera (los menús del kebab aquí valen unos 15€). 
  • Un hotel barato y con oferta te saldrá por unos 100€ la noche (la individual). El Bernina, justo frente a la estación de tren, es una opción. Algo retro (antiguo), sin lujos, pero estupendo para pasar una noche o dos cómodamente. Alojarte en un albergue tampoco es la solución. Si no te gusta compartir habitación con otros 10, la noche también sale por 80€.
  • Con los barcos amarillos de la red de transporte público cruzas el lago en muy poco tiempo. Te ahorras atascos o caminata.
  • Monta tu propio plan y ve sin agobios. Algunas de las cosas marcadas en las guías como “imprescindibles”… son bastante prescindibles.
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La Regata [Parte III]

III. La calma

 

A primera hora del día
la palpable y cristalina calma
recibe serena los primeros destellos
que regala un visitante luminoso.

La matinal brisa añil
salpicada de una sutil frescura sugerente
esclarece la pintura acuosa del paisaje.

Las aguas desiertas
apenas rasgadas por oníricas estelas
entregan su pacífica soledad
en manos de navíos nebulosos.

Mediodía se ha escapado
la brisa en viento se ha transformado
un soplo balancea las banderas
y alborota las veletas.

A ratos el rencor expresivo
del aireado visitante
adquiere fuerza involuntaria
proyectando  los veleros, que se baten
contra la corriente que provocan.

El viajero luminoso
comienza su acelerado descenso
tiñendo de ocre su reflejo líquido
que se evapora tímidamente en el horizonte.

Los navíos se despiden
el viento se transforma en briza
y vuelve a reinar la calma.

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