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LA GOTA

8 de octubre de 1852

Benito Pérez Galdós se despierta en su casa de la calle Cano en Las Palmas de G.C. con 12 años

 

Se levanta a oscuras. Abre las contraventanas. La luz de la mañana le ciega por un momento. Intenta no hacer ruido para que el ama de llaves no le descubra. Va de puntillas. Las tablas de madera crujen con cada paso. Prueba a arrastrar los pies. El camisón se desliza por el suelo como si fuera un plumero. Sale al patio y sube la escalera de piedra. Se para en la pila de agua, vira la cara, saca la lengua e intenta que caiga limpia y fresca en su gaznate la gota que pende de la piedra gris. Le asalta una idea, quiere pintar esa gota suspendida en el aire. Se para, agudiza el oído, teme que alguien le haya escuchado al tragar. Sube corriendo la escalera. ¡Qué lindos están los helechos! Cambia de idea: no se sentará en el escritorio. Abre el armarito del estudio; saca los carboncillos y el papel.

Se sienta en el último peldaño tratando de dibujar el frescor de la gota al posarse en su garganta.

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Berlín al descubierto

Los fines de semana para mí son sagrados y lo digo de esa manera porque aprovecho para descansar y adelantar cosas pendientes en casa. Pero hay días que me gusta aprovechar el tiempo para conocer algo interesante, lo viajero siempre lo tengo presente y yo contribuyo a que esa acción siempre este viva. Uno de esos fines de semana decidí aventurarme en ir a Berlín con un amigo italiano que me acompañó. Nos fuimos manejando desde Bruselas.

(También puedes leer The beginning-El Maracucho Internacional )

EL COMIENZO

Decidimos alquilar un coche y tuvimos la suerte que nos dieron un Audi convertible por el precio de un Fiat500. Lo más emocionante de todo fue el poder experimentar una vez más las autopistas de Alemania y con un buen coche. El recorrido desde Bruselas a Berlín toma ocho horas, la primera parte del trayecto es aburrido porque no puedes manejar por encima de 120 KPH, pero llegar a Alemania es la aventura más grande, ya que no existe límite de velocidad. Aunque me considero una persona precavida con la velocidad al manejar, en este caso decidí probar la bestia que había alquilado. Estaba súper asustado, pero lo que más gracia me dio es que tuve que moverme al carril lento porque habían coches que iban a mayor velocidad. Ese día aprendí, a recordar que las carreteras en Europa son distintas y hay que tener mucho cuidado, por mas que estén bien cuidadas, se deben respetar al máximo las señales de tránsito, sobre todo cuando aparecen los anuncios de límites de velocidad. Además tener precaución a las señales es también cuidar el bolsillo porque las multas son bastante costosas.

Mis expectativas no eran muy altas para este viaje, había ido varias veces para Alemania por trabajo, pero nunca me plantee disfrutar de unos días de vacaciones allí. Como pre trabajo reserve algunos tours “gratuitos” con una agencia que se llama “Sandemans”, recomendados por una amiga y realmente fue un gran éxito. Al momento que utilizamos el servicio nos dieron un tour bastante completo. Estos guías no cobran una tarifa asignada, simplemente cada quien decide qué propina darles al final del tour. Fueron muy profesionales, simpáticos y realmente le dimos un pago justo por el servicio prestado.

EN BERLÍN algo invisible

El primer día decidimos recorrer la ciudad por nuestra cuenta, con mapa en mano nos fuimos a los sitios que a nuestro juicio consideramos importantes. A mi particularmente me causó un gran impacto ver la diferencia, aun en el día de hoy, del Berlín del Este con respecto al Oeste. Los edificios y las calles son tal cual como cualquier ciudad ex comunista, bloques de hormigón súper grandes, demasiado simétricos y bastante sencillos. Es como si estuviera paseando por una ciudad de la Europa del Este que también tiene esta clase de arquitectura. Para los que no estén muy familiarizados con la historia, luego de culminar la Segunda Guerra Mundial los aliados dividieron Alemania en cuatro zonas de ocupación militar, Francia al suroeste, Reino Unido al noroeste, Estados Unidos al sur, y la Unión Soviética al este. Situación que se agravó aún más en el año 1961 con la construcción del famoso muro de Berlín y el resto es historia.

Esa misma noche decidimos ir a un restaurante que nos habían recomendado, Unsicht-Bar (Invisible). Y esto comenzó así: “Buenas noches, soy Markus, hoy seré su camarero durante toda la velada. Apaguen los teléfonos, dejen en el guardarropa cualquier aparato que emita luz y síganme apoyando sus manos en mis hombros”… Es un restaurante donde los mesoneros son discapacitados visuales y todo el ambiente es completamente oscuro. Para evitar inconvenientes, en la entrada te entregan un menú para que elijas por adelantado lo que vas a comer. Todo es casi sorpresa, es decir, no te dicen exactamente lo que vas a comer, pero te indican más o menos el componente principal (carne, pescado o vegetales). Una vez que la mesa esta lista llega el mesonero que te va a estar sirviendo, él te indica que le tomes del hombro y te guía hasta la mesa. Lo siguiente fue algo no apto para claustrofóbicos porque todo el sitio es completamente oscuro, no puedes ver ni tu mano frente de tu cara.  El mesonero nos deja en la mesa, y explica que podemos llamarle por su nombre por si necesitamos algo y se va.  En ese momento solo sentimos las voces de las personas alrededor. Y también se pierde  todo el sentido del espacio. Se desconoce si el sitio es grande o pequeño. Los mesoneros se guían chasqueando los dedos para no tropezar entre ellos. Al principio sentimos que la experiencia estaba siendo bastante emocionante, de hecho mi amigo y yo nos reímos tratando de orientarnos y de entender cómo íbamos a comer, pero poco a poco empezamos a sentir algo de angustia y sofoco. Luego de unos minutos, comenzaron a servir los platos. Primero el vino con la entrada, luego el primer plato, luego el segundo y al final el postre. Pasé de la angustia a sentir en su máxima expresión el sentido del gusto, como no ves lo que comes eso hace que se desarrollen los otros sentidos. Para que tengan una idea, se come llenándose las manos con todo ya que no sabes dónde exactamente está la comida, tienes que tantear todo para saber lo que estás agarrando. Hay que oler y saborear al tiempo. La mayoría de los platos me gustaron, pero hubo uno que me hizo casi vomitar, porque no soporto la mostaza Dijon, así que me toco pasarlo con vino y seguir adelante. Sin duda alguna la experiencia en el Invisible fue de mucho aprendizaje. Esta fue una gran experiencia culinaria en otro nivel. Aprendí a valorar lo que tengo y asentir mucha admiración de todas esas personas con discapacidad. Todos ellos aprenden a vivir de otra manera y siguen adelante llevando una vida quizás hasta más feliz que la que puedo llevar yo que tengo el cuerpo completo.unsicht-bar-berlin

BERLIN Y EL TERCER REICH

Al día siguiente nos fuimos al tour del tercer Reich. He podido leer muchos libros sobre la Alemania de la Segunda Guerra Mundial, pero estar en Berlín es como viajar en el tiempo.  Te das cuenta que es increíble como la historia se repite una y otra vez, lo mismo que paso en Alemania durante ese período, ha pasado y sigue pasando en diferentes países. Líderes que se aprovechan de una situación de crisis para presentarse como salvadores y hacer lo que les dé la gana con el país. Pueblos que están cansados de lo mismo, de la crisis que están pasando y eligen al que en teoría les salvara de sus males, pero que tristemente no podrán sacarlo luego del poder, hasta que todo este prácticamente por el suelo.

Alemania me dio un ejemplo de superación como país, siendo hoy en día una potencia en Europa.  Lo impresionante es que ellos han conservado muchas cosas y Berlín es como un museo que habla sobre lo que sucedió en esa época. Lo conservan y lo muestran al público, para no olvidar. Creo que es una gran estrategia, porque lamentablemente el hombre sufre de amnesia para muchas cosas que no debería repetir.

Al final del día me fui de esta gran ciudad con un buen sabor en la boca. Berlín es muy moderna y al mismo tiempo conserva y cuida su historia.  Hay para todos los gustos, desde el que viene para descansar y recorrer sus calles en búsqueda de historia, como para el que quiere ir de fiesta y conocer los mejores sitios nocturnos de Europa.

Hasta la próxima ciudad y aventura!!

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Observadora

De pequeña, siempre me gustaba ir al Parque Omar, en realidad, ” es uno de mis lugares predilectos ” y me verás ahí cada tanto tiempo. Ejemplo, justo después de las clases Universitarias.

Hice mucho ejercicio y fui en compañía de mi hermano y mamá ( yo no estaba en ropa de hacer ejercicio) siempre hago, y eso significa que estaba en mi ropa habitual, en la que todo el mundo siempre me ve. Había mucha energía  en ese lugar, los rayos del sol, la sudadera y pensé en muchas situaciones del pasado pisado pero hoy es un nuevo día y deseo tener más oportunidades, como las de vender mis stickers, visitar muchos países, sí recorrer el mundo, brincar, ir a conciertos musicales, tener suficiente dinero para tener una jubilación digna y floreciente.

En el camino para la casa pensé: “debo escribir ésto en mi wordpress”. Te sientes viva.

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