Archive for » noviembre 28th, 2016 «

Una aerolínea promete descuentos a quienes adopten a estos chihuahuas

(NOTICIAS YA).- Hoy 22 perros chihuahua estan en adopción como parte de una oferta de Cyber Monday de la aerolínea Virgin.

A las personas que adopten estos hermosos perritos la aerolínea promete ofrecerles 30% de descuento en vuelos nacionales y una donación de 10 dólares por cada reservación.

La iniciativa nació debido a la sobrepoblación de Chihuahuas en California y ahora, junto a esta promoción, la aerolínea esta transportando a estos cuadrupedos de San Francisco a Nueva York para que allá tengan más probabilidades de ser adoptados.

Estas son algunas de las imágenes de estos tiernos chihuahuas que esperan ser adoptados el día de hoy, no solo ganas un compañero para toda la vida también buenos descuentos en tus viajes.

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Elige tu propia aventura: travesía en Sitges

Capítulo 1

Es sábado por la mañana, pero el despertador suena a las ocho: has quedado para ir a nadar. Lo apagas de un manotazo y escondes la cabeza bajo la almohada.

Piensas en Sitges: no es la Costa Brava, desde luego, y la arena finísima de su playa no te gusta; pero tiene la ventaja de estar a cuarenta minutos de Barcelona.

Si te levantas sigue leyendo. Si te das media vuelta y sigues durmiendo pasa al capítulo 12.

Las tostadas con mantequilla y el zumo de naranja te alivian el madrugón. El paseo apresurado hasta el lugar donde habéis quedado termina de despejarte. Para cuando te apretujas en el coche entre Marta y Maribel ya te mueres de ganas de llegar al agua, igual que tus cuatro compañeros. Las previsiones son buenas.

El peaje de la autopista continua siendo un atraco a mano armada. El coche es viejo y va sobrecargado, pero llegáis sin problema a Sitges. Pese a que no vienes casi nunca, crees recordar el camino a la zona de la playa. Pero Marta, que conoce el pueblo, cree que hay que seguir recto y girar a la derecha y luego a la izquierda.

Si haces valer tu opinión frente a la de ella, pasa al capítulo 10. De lo contrario sigue leyendo.

En dos minutos estáis en las calles más cercanas a la playa. Sois diez ojos concentrados en buscar aparcamiento. ¡Tenéis suerte!: encontráis un hueco a escasos doscientos metros del Club de Mar. Esto, en verano, es una quimera.

Capítulo 2

Son las 9.45 cuando llegáis al Club de Mar. Por las vidrieras de la entrada veis el mar: olas de un metro en el rompiente, provocadas por la poca pendiente de la playa (puedes andar cincuenta metros y el agua apenas te llegará al pecho), pero por detrás el agua se ve bastante plana. ¡La cosa promete!

Esperáis un rato a que lleguen el resto. ¡Finalmente sois veintidós! (Más un kayak y otra persona de soporte en tierra.) Gracias a las gestiones de Juan Carlos podéis usar las instalaciones del Club, a pie de playa. Os hacináis en el pequeño vestuario para cambiaros y, al abrir la bolsa, la duda de siempre: ¿con o sin neopreno?

Si decides nadar a pelo pasa el capítulo 3. Si te lo pones, sigue leyendo.

En la playa, con el pueblo al fondo

En la playa, con el pueblo al fondo

La playa de Sitges consiste en una serie de pequeños tramos de arena encajonadas entre espigones. En verano está abarrotada: apenas queda sitio en la arena para pasar entre las toallas; con el agua por la cintura la multitud se refresca; y más allá de las boyas, donde ya hay cinco o seis metros de profundidad, no dejan de pasar barcas de todo tipo. No es el lugar que uno escogería para una travesía… Pero nada comparado con la incomodidad de nadar con el neopreno cuando el agua no está lo suficientemente fría. A los cinco minutos te molesta todo: el cuello te ahoga, lo hombros te tiran, respiras mal… Abres un poco la cremallera, pero ni con esas. Los cuatro mil metros que nadáis se te hacen eternos. A la hora de la merienda crees que se te pasará el mal humor, pero la crepe de Nutella que pides no está demasiado buena… Deberías haberte quedado en la cama.

Capítulo 3

Salís de los vestuarios, bajáis unos escalones y ya estáis en la playa. Gerard os explica en cinco minutos el plan de la salida. Tienes frío: no ha salido el sol y el viento es fresco. Entre eso y las ganas que tenéis de echaros al agua, hacéis durar poco la sesión de fotos de rigor.

Briefing: aprovechando para ajustarse bien el neopreno, en todas las zonas sensibles

Briefing: aprovechando para ajustarse bien el neopreno, en todas las zonas sensibles

Has escogido bien: el agua está fresca (tu termómetro marca 17,5ºC), pero tras cinco minutos ya ni lo notas. No hay nada como nadar sin restricciones y con esa sensación vivificante que te mantiene en tensión. Dentro de media hora te picará una medusa en el hombro y te hará ver las estrellas, pero es el precio a pagar por nadar cómodo.

Las olas no os ponen fácil la salida, que tenéis que hacer andando unos cuantos metros; pero en pocas brazadas llegáis a la zona más profunda, donde las olas ya no rompen. Os agrupáis y, cuando llega el kayak de apoyo, os dividís en tres grupos.

Luchando contra las olas para entrar en el agua

Luchando contra las olas para entrar en el agua

Si vas con los buenos, pasa al capítulo 7. Si decides que es mejor quedarte en el grupo intermedio, pasa al capítulo 5.

El grupo de "los buenos" :P - Caye, Sandra, Ramón, servidor, Ariadna y Marc

El grupo de “los buenos” ;P – Caye, Sandra, Ramón, servidor, Ariadna y Marc

Capítulo 5

En el grupo intermedio vas un poco lento para lo que acostumbras, pero al ir sin neopreno ya te va bien no tener que forzar la máquina.

El agua está muy turbia, no se ve nada; es lo malo que tienen esta playas poco profundas: un poco de mar de fondo y en seguida se remueve todo. Además hay muchas hojas y otros OFNIs en suspensión, por las lluvias de los últimos días. Hasta que no llegáis cerca del puerto no aciertas a distinguir el fondo arenoso, unos seis metros más abajo.

La parte curiosa de la travesía es cuando pasáis por la zona del casco antiguo: la iglesia y el Cau Ferrat. Se hace raro ir nadando y no ver playa ni acantilados al respirar, sino casas que caen a pico sobre el agua.

Disfrutas de una travesía relajada, pero en la comida no repites de paella y escoges fruta de postre, porque sientes que no te mereces comer ese apetitoso brownie.

Capítulo 7

Visualizando la meta

Visualizando la meta

Listos, ¡ya!

Listos, ¡ya!

Te cuesta seguir el ritmo, pero así lo disfrutas más: “Go big or go home”, piensas mientras te esfuerzas por que no te dejen atrás. No consigues recuperar los veinte metros de ventaja que te han cogido cuando te entretenías en hacer fotos. Las paradas para reagruparos te van bien para recuperar el aliento.

Casi tocáis el espigón del puerto de Aiguadolç. Allí el agua es una balsa, aunque sigue turbia. La vuelta se hace durilla: sin neopreno tienes que esforzarte más para mantener el ritmo y para flotar, y empiezas a notar el frío. Te escuece el hombro, se te empañan las gafas y no estás seguro de distinguir vuestra meta. De hecho pasáis de largo el Club de Mar hasta el siguiente espigón, y luego volvéis atrás para terminar en los cuatro mil metros raspados. Algunos incluso tienen ganas de más y dan un poco de vuelta antes de encarar definitivamente la playa.

Llegamos a Aiguadolç: final de trayecto y media vuelta

Llegamos a Aiguadolç: final de trayecto y media vuelta

En esta zona, más protegida, el mar está en calma

En esta zona, más protegida, el mar está en calma

Sales del agua tiritando pero encantado. La ducha caliente y la excelente comida ponen el mejor broche a la excursión.

Después, mientras paseáis a la orilla del mar con la puesta de sol de fondo, decides que venir a nadar solo a Sitges tal vez no merezca la pena, pero con amigos y en otoño es una gran salida

Marc y un servidor, ambos del Clan de las Suecas; al fondo, el Cau Ferrat (y el filtro "300" para darle algo de épica al asunto)

Marc y un servidor, ambos del Clan de las Suecas; al fondo, el Cau Ferrat (y el filtro “300” para darle algo de épica al asunto)

Capítulo 10

Te has equivocado miserablemente. La calle por la que indicas a Pepe que debe girar está cortada unos metros más adelante. En los aledaños, más calles cortadas: el barrio está en fiestas y pasáis un par de horas intentando salir del laberinto de desvíos y de calles cortadas a vuestro paso. Para cuando lográis salir, vuestros compañeros han nadado, se han duchado y ya van por el segundo plato. Los demás pasan el resto del día odiándote.

Capítulo 12

Alargas la mano por el móvil, escribes un rápido whatsapp y un minuto después vuelves a los brazos de Morfeo. Te has perdido una buenísima quedada para nadar, una gran comilona y una salida sabatina de lo más agradable.

Radikal Swimmers in Sitges! Nos hemos ganado la paella. #SaturdayWorkout #TecnificacióRadikal #RadikalAttitude

A photo posted by Club Natació Radikal Swim (@radikalswim) on

(Imágenes por el autor.)


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Air Europa

Santo Domingo

Sin cargos de emisión
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La impresionante luz marbellí

Marbella y sus alrededores me despiertan emociones contradictorias. Desde siempre. La huella de Jesús Gil,  un Donald Trump a la española elegido alcalde no hace tanto, sigue aún presente. Por ejemplo, al recorrer un paseo marítimo en el que se echa en falta kilómetros de playa y proliferan las franquicias, muchas de ellas con precios prohibitivos. Sin duda, Puerto Banús es el máximo exponente de toda aquella frivolidad, consolidada en jeques árabes y oligarcas rusos cuya esposa, veinte años más joven, ha asumido su condición de juguete, tal y como el yate o el descapotable de su marido. Desgraciadamente, no he hecho el esfuerzo de imaginar nada.

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Pero Marbella también  son callejuelas encaladas con balcones sobresalientes, un rasgo inconfundible del paisaje andaluz que tantos y tantos poetas extrañaron en su exilio. Rincones que encuentran su razón de ser en la alegría de la gente, que se junta en las terrazas para compartir recuerdos, tiempo y vida. Quizás, esto sea lo que mejor defina a los pueblos mediterráneos entre todas sus características comunes. El caso es que las casas blancas y los suelos empedrados suponen, en tal que su antítesis, la alternativa perfecta al asfalto salpicado de reflejos procedentes de lámparas de neón.

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Quizás, la personalidad de aquella zona tenga algo que vez con su luz. Un luz natural repartida entre el cielo el mar y que trasmite paz y serenidad. Y que genera buen rollo, como el que demuestra la población autóctona tanto para sí como con los millones de forasteros que les visitan a lo largo de todo el año.

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Quizás solo sea una impresión sesgada y personal, pero Marbella me recordó, para bien y para mal, a una Andalucía en miniatura. Indolencia, desigualdad y desconocimiento de lo propio por un lado; tradición, esperanza y acogida, por el otro. Y al fondo, una eterna puesta de sol que invita a dejarlo todo y disfrutar del momento. Y ojalá sigamos disfrutándola muchos años más.

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