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Aeropuerto Internacional de Orlando se prepara para gran flujo de pasajeros

Orlando, (NOTICIAS YA).- Las autoridades del Aeropuerto Internacional de Orlando se preparan para recibir sobre más de 3 millones de pasajeros durante la semana previa al día de Navidad.

El periodo de viajes es de 22 días y se extiende desde el viernes, 16 de diciembre hasta el 6 de enero. Este año el tráfico de pasajeros por la ciudad de Orlando podría tener un aumento de ocho por ciento en comparación con el pasado año por lo cual esta será la temporada de viajes navideños más activa de la historia.

El día de Navidad es típicamente uno de los días menos ocupados durante la temporada de viajes, sin embargo este año el decimotercero día mas ocupado con 132,808 pasajeros esperados en el MCO.

A continuación podrá encontrar los días más ocupados durante la temporada de fiestas:

Miércoles, 28 de diciembre con 142,020

Martes, 27 de diciembre con 140,551

Sábado, 17 de diciembre con 139,391

Lunes, 26 de diciembre con 138,671

Sábado, 31 de diciembre con 138,416

Lunes, 2 de enero con 137,059

Sábado, 24 de diciembre con 136,631

Domingo, 1 de enero con 135,740

Por otra parte para ayudar a todos aquellos pasajeros que nunca han visitado el aeropuerto de Orlando podrán descargar a sus celulares la aplicación que ofrece información sobre el mejor estado de vuelos y notificaciones de vuelo, mapa exacto de los terminales del aeropuerto y la navegación dentro de los interiores del aeropuerto.

 

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Tradición literaria

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La capital británica se enorgullece de ser una metrópoli a la última en cuanto a novedades culturales se refiere, siempre tan vibrante en su vida de urbe cosmopolita, Londres nos deja un legado literario único en Europa.

Una forma diferente y amena de conocerla es leyendo  su literatura y visitándola con la experiencia de haber leído a sus grandes escritores . Os propongo que conozcáis Londres desde una  perspectiva diferente, adentrándoos en ella a través de varias rutas literarias.

Esta es la reseña realizada por el blog Cien Libros Volando acerca de un viaje literario por Londres, y la verdad es que no podríamos estar más de acuerdo. Cada una de sus calles encierra una historia diferente, una inspiración, una mirada al pasado y un autor con mucha imaginación.

Desde Dickens hasta Twist, pasando por Shakespeare; cada uno de ellos nos demuestra de un modo diferente la importancia de las letras en un mundo de violencia y de guerra, y es algo que solo el viejo Londres puede enseñarnos.

Aquí os dejamos un vídeo de un vlog de viajes en el que nos recomiendan los mejores sitios de Londres para visitar.

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Imprevistos que nos hemos encontrado viajando

Aunque en la web damos algunos consejos sobre la planificación de un viaje, lo cierto es que nunca sabes qué te puede pasar. Lo ideal es que si podemos contratar un seguro lo hagamos y que tengamos unos ahorros para gastos inesperados. En la entrada de hoy os contaremos una serie de  desgracias que nos han ocurrido en nuestros viajes:

  1. No nos dejaron subir a un avión.  Quizás os preguntaréis si cometimos algún delito en el país de destino y por eso no nos dejaron pasar, pero ese no fue nuestro caso. Nos encontrábamos haciendo escala en el aeropuerto de Ibiza para ir a Budapest y ¡sorpresa! No salíamos en la lista de pasajeros. Toda la tripulación estaba de acuerdo en dejarnos pasar porque teníamos la tarjeta de embarque y todo en regla pero el chico que pasaba los billete por el escáner se negó. Nos hizo llamar a un número húngaro (15€ de llamada), no nos dio ninguna explicación y finalmente nos dijo “os quedáis en tierra”. Y así fue. A las 11 de la noche en el aeropuerto de Ibiza sin ningún lugar a dónde ir. El resultado: muchos gastos comprando un vuelo de vuelta a Madrid y otro vuelo de ida a Budapest.

2. Casi perdemos varios vuelos. Una de las historias la tratamos en esta entrada . La otra fue simplemente que el transporte público de ciudades como Atenas no es tan eficiente como debería. En Ámsterdam no nos dejaron pasar a las puertas de embarque porque decían que no se podía escanear el Qr del móvil.

3. Casi nos multan varias veces.  En la que peor lo pasé fue en Budapest. No había máquinas para comprar el ticket del tranvía y decidimos subirnos a uno porque no teníamos más remedio. De repente una señora se sacó un brazalete y resultó ser una revisora. Nos hicimos las tontas y huimos como ratas, menos mal que solo hablaba húngaro.

4. No nos dejaron entrar en el Vaticano por llevar ropa demasiado corta. Hacían más de 35º  y puestos a escoger entre morirnos para ver una iglesia y vivir casi que nos quedamos con la segunda. Aprendimos una lección y para la próxima vamos con anorak.

 

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La cara que se nos quedó después de que no nos dejasen entrar en San Pedro

5. Nos confundimos de fechas. Planeamos empezar un viaje por Italia nada más llegar a Roma. ¿El problema? Organizamos todo para el día siguiente y nos quedamos un poco tiradas en medio de la ciudad. No hubo problema en buscarnos un alojamiento pero fue un gasto extra.

Dicho esto, esperamos de todo corazón que a vosotros no os pase lo mismo.

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El Invernadero de Rodrigo de la Calle

¡Hola a todos! ¿Qué tal estáis? Esperamos que muy bien. Cuanto tiempo ¿eeeh?, creías que nos habíamos olvidado de vosotr@s o que nos habían llevado al mundo del revés (si, nosotros también hemos estado enganchados a Strangers Things). Pero Foodsionando vuelve a casa por Navidad como el turrón y os traemos un post sobre nuestro verano. Pensaréis: estos chicos están como las maracas de Machín… estamos casi en Navidad y estos nos hablan de verano…¿qué les pasa? Lo que nos pasa, es que no hemos podido publicar esta entrada antes (porque hemos estado muy muy liados),  pero parece que es el mejor momento para escribirla. Si sois gastrofrikis como nosotros, ya sabréis que hace unos días la guía Michelín desveló cuáles serán los restaurantes de referencia durante el año que viene mediante la entrega de sus preciadas estrellas Michelín. Nosotros, que tenemos bastante intuición, teníamos bastante claro cuál iba a ser una de esas nuevas estrellas, así que este verano fuimos a conocer uno de los restaurantes que finalmente han sido premiados. Bueno, ¿queréis saber de qué restaurante estamos hablando, no? Pues… (redoble de tambores)… estamos hablando de El Invernadero de Rodrigo de la Calle. La verdad es que lo nuestro no sólo era intuición, es que El Invernadero es un sitio único donde es imposible no disfrutar porque tanto el trato como la comida es de 10. Así que antes de nada, queremos nuestra más sincera enhorabuena a Rodrigo de la Calle y a todo su equipo de El Invernadero por su primera estrella más que merecida y ojalá que sea la primera de muchas (creemos firmemente que El Invernadero y Rodrigo no tienen techo). Por tanto en este post os vamos a contar qué hemos hecho en verano y por supuesto nuestra experiencia en este pedazo de restaurante así que… ¡¡¡EMPEZAMOS!!!

Algunos de vosotros ya sabéis que a principios de julio terminamos el máster que estábamos cursando y que tanto esfuerzo nos había costado, por lo que el resto del verano pintaba bien. Parecía que nuestras únicas preocupaciones iban a ser cuando darse la vuelta en la toalla para no quemarse y si el vaso de mojito estaba medio lleno o medio vacío (para ir a pedir otro). Pero no ha sido así. Como somos “de culo inquieto”, en verano nos embarcamos en un proyecto nuevo que consistió en ir a muestrear diferentes bosques de España. La verdad es que ha sido un proyecto muy interesante, hemos aprendido un montón y sobre todo, hemos conocido a gente única (un beso desde aquí para Bárbara y Cris). Y os preguntaréis, ¿entonces no habéis ido a ningún lado en vacaciones? Pues la respuesta es que sí. Aprovechando que el cumple de Marina es en agosto, nos escapamos un par de días. Sí, después de estar todo el año (verano incluído) trabajando en el invernadero, fuimos a descansar a El Invernadero. Pensaréis que estamos locos o somos masocas o algo así, pero que va, El Invernadero del que os venimos a hablar es muy diferente a donde nosotros trabajamos. El Invernadero es el restaurante de Rodrigo de la Calle y se encuentra dentro del hotel La Torre Box Art. Rodrigo se define a sí mismo como el domesticador de los vegetales. ¿Por qué? Porque en todos sus platos los protagonistas son los vegetales y los hongos, y en algunos platos utiliza la proteína animal como complemento y sazonador. Una filosofía y una cocina realmente únicas.

Nada más entrar en El Invernadero, te reciben con una sonrisa en una pequeña barra que tienen a la entrada. Te comentan las opciones de menú. Te asesoran con muy buen criterio que cojas el menú #Vegetalia sin más, ya que aunque se puede añadir una carne y/o un queso, no es necesario para vivir una experiencia plenamente satisfactoria. También te ofrecen diferentes propuestas de maridaje, un maridaje clásico de vinos, uno con jugos y licuados realizados por ellos o no coger ningún tipo de maridaje y beber agua. Según nuestra propia experiencia, la mejor opción es la del agua, si bien los jugos son curiosos y merece la pena probarlos. Una vez elegido tanto el menú como el maridaje, comienza el festival. Lo primero que te traen es el propio menú #Vegetalia, con sus 30 pases para que puedas saber en que punto de la experiencia estás. Los dos primero pases en llegar son unos snacks de zanahoria y anís y una hidromiel casera aromatizada con jengibre y pino.

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La combinación de zanahoria y anís es un acierto tremendo y la hidromiel casera (con un brote de pino para agitar) es muy refrescante y actúa de nexo entre todos los snacks que llegan a la barra. Un comienzo de menú sorprendente, refrescante y muy sabroso, perfecto para una comida de verano única.

Seguidamente, llegan dos nuevos snacks: Una flor de calabacín rellena de hummus y un bocadito de bok choi fermentado con colinabo. La flor de calabacín es un bocado único gracias a la delicadeza de la flor, sedosa y que prácticamente se deshace en la boca y al hummus del que va relleneo, con una textura liviana y muy cremosa, prácticamente una espuma delicada. Por otro lado, el bok choi fermentado es ligeramente ácido y salado, complementandose a la perfección con el colinabo, mucho más neutro. Es un bocado que te abre el apetito gracias a la acidez y a la textura ligeramente crujiente de sus elementos. Un par de aperitivos de los que se quedan en la memoria para siempre y te hacen ver que es el comienzo de una experiencia inolvidable.

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Después, es el turno de 3 nuevos snacks que vienen mimetizados sobre una corteza de árbol. Y os preguntaréis: ¿todo lo que hay sobre la corteza se come? Si parece lo que hay en la corteza de los árboles de un bosque… Pues efectivamente, se come y uno de los snacks son líquenes. En concreto, estos 3 pases se componen de una patata frita con trigo, un líquen (Evernia prunastri) frito con rosa mosqueta y un alga (Codium) con maíz morado. Tres aperitivos crujientes y muy ricos, pero sobre todo muy sorprendentes por los elementos que lo forman.

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Los dos siguientes aperitivos son un margarita hecho con aloe vera y cardo y un macaron de cebada y sésamo negro. En el margarita predominan los sabores amargos, salados y un poco picante. Por el contrario, el macaron es ligeramente dulce, con un sabor a sésamo bastante marcado. Un par de aperitivos diferentes a lo común y diferentes entre sí.

El último aperitivo que tomamos en la barra es la personificación del verano en un bocado. Una galleta crujiente de Chlorella, un sorbete de tomate y albahaca, una hoja de rúcula y aceite de oliva virgen extra. Otro bocado inolvidable.

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Tras terminar los aperitivos, te acompañan a la mesa. Lo primero que te llama la atención nada más sentarte es lo bonito que es el restaurante y el entorno, la luminosidad que hay dentro del restaurante y como todos los elementos están seleccionados al detalle para hacerte disfrutar.

Nada más sentarte te traen el agua, EL PAN, y un poco de mantequilla y de aceite como acompañamiento. Si, hemos puesto lo de el pan con mayúsculas porque fijaros que pinta tiene… Un bollo gallego repleto de alveolos grandes, una verdadera delicia. Sin duda, uno de los mejores panes que hemos tomado en un restaurante (y hacednos caso, Marina es adicta al pan, no hay nada en el mundo que le guste más). Y también merece una mención especial esa mantequilla con sal y pimienta absolutamente fabulosa, cremosa y llena de sabor. Si tuvieramos que apostar, diríamos que es de Echiré. Una mantequilla perfecta formada en una quenelle perfecta.

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El siguiente pase del menú es sencillamente alucinante. Una empanadilla como las de toda la vida, pero rellena de kimchi y con una hoja de huacatay. Una masa crujiente y liviana, sin nada de grasa y un relleno ligeramente picante que es una delicia.

Después, en una caja preciosa vienen otros 3 bocados alucinantes. Al fondo, una especie de croqueta de quinoa y llantén. En el centro un cuadrado crujiente de nabo y arroz. Y por último, más cerca en la foto, una patata brava a la manera de Rodrigo de la Calle, solo que en vez de patata usan colocasia. Los tres son para comer de un bocado y os aseguramos que están realmente buenos. Rodrigo tiene una especial habilidad para crear platos tan diferentes y que a la vez te resultan tan familiares.

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Llevábamos poco tiempo en la mesa y estabamos alucinando en colores. ¿Cómo puede estar todo tan bueno? ¿Cómo es capaz Rodrigo de cocinar tan bien las verduras y ser tan creativo con unos ingredientes que se consideran habitualmente como aburridos o relegados a ser una mera guarnición? La experiencia estaba siendo plena, muchísimo más que satisfactoria. Pero entonces, llegó EL PLATO. Si, así con mayúsculas. ¿Puede emocionar una lechuga? Pues la respuesta es que sí, y muchísimo. Hemos comido muchas lechugas de huerta pero ninguna como esta. A esta lechuga la llaman lechuga viva, ya que la cortan en el mismo momento en el que te la sirven. Además, el aliño es de otro planeta. Entre sus hojas se intercalan pedazos de mango verde y viene con una salsa parecida a la salsa tonkatsu y un gajo de lima que tiene que ser exprimida sobre ella. La lechuga es delicada, crujiente, extra tierna y el aliño es untuoso y muy elegante, sin quitar el protagonismo de una lechuga que practicamente te hace soltar una lagrimilla.

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Después de este plato te ponen encima de la mesa una maceta. Si, como lo oís, una maceta. Y dentro de ella hay una remolacha. Pero al destapar la remolacha, se hace la magica. Dentro hay un tartar de remolacha y manzana, con un montón de flores. Mirad que preciosidad.

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La manzana aporta un punto de acidez muy bueno y contrarresta el sabor terroso tan pronunciado de la remolacha. Pese a ser un plato con dos elementos dulces (remolacha y manzana), ambos están muy bien proporcionados y aliñados, por lo que no da sensación de ser un postre o un prepostre. Además este plato viene acompañado de un cava de remolacha muy rico. Por cierto, las hojas ni la remolacha se comen, que nos dijeron que alguno lo había intentado… Nosotros os avisamos para cuando vayáis.

El siguiente plato es el primero donde la proteína animal usada como sazonador está claramente presente. A las cerezas (el elemento principal), le acompañan el caviar, la creme fraiche, la “escarcha” y un agua de tomate para crear un plato refrescante que por momentos recuerda a un gazpacho diferente.

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A continuación le toca el turno al plato con más influencias asiáticas (tal y como nos dijeron). Está compuesto por kale cocinado de varias maneras distintas (frito, al vapor, salteado y deshidratado) y semillas de cáñamo. Además, viene con una salsa ligeramente agridulce. Un plato que pone de manifiesto todo lo que son capaces de hacer Rodrigo y su equipo con un sólo vegetal.

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El siguiente plato es uno de los platos más diferentes que hemos probado jamás. Raíz de loto con consomé de pollo y aire de bitter kas. Para nosotros, un plato quizá muy arrisesgado que no entendimos muy bien. Pensamos que el sabor del pollo con el ácido del loto y el amargo del bitter kas estaba muy enmascarado, pero no sabemos bien por que no nos entusiasmó (no estaba malo en ningún caso). No obstante en un menú tan extenso pueden haber algunos platos que no agraden tanto como los demás (en este caso sólo fue este, cosa que dice muchísimo del nivelón de Rodrigo y de su equipo) y agradecemos estos platos arriesgados que jamás hubiera imaginado.

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Otro de los platos más alucinantes de toda la comida es el siguiente. Los elementos que se citan en el menú son puerro – pimiento verde pero es mucho más que eso. Es un puré de pimientos fritos o confitados (en el fondo del tazón) y sobre este puré, otro más cremoso de puerro, como si de una purrusalda se tratara y con un sabor a mantequilla marcado. Encima, las raices del puerro fritas y crujientes. Para comer de abajo a arriba. Y el sabor recuerda un poco a tortilla de patata (con cebolla por supuesto, puerro en este caso) con pimientos fritos. Un plato con un sabor bastante tradicional pero reinventado, convertido en un juego de texturas untuosas, practicamente golosas.

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Y siguiendo esa línea de platos tradicionales reinventados, el siguiente. ¿Os habéis preguntado alguna vez cómo sería un revuelto de ajetes “moderno”? Pues así:

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Ajos tiernos salteados, puré de ajo tierno, yema de huevo confitada (con chlorella para hacerla verde) y trufa laminada. Otro plato absolutamente escandaloso. El sabor sútil del ajo tierno presente tanto en el puré como el los tallos salteados (estos últimos algo más crujientes), la untuosidad de la yema del huevo y el aroma penetrante y único de la trufa. No nos queremos ni imaginar cómo estará este plato con la trufa de este tiempo… Alucinante.

El siguiente plato en llegar el el quinotto. Es como un risotto pero hecho quinoa. Lleva una royal de cúrcuma, hojas de oxalis y “alioli” de kimchi. El fondo del quinotto tiene un sabor potente a marisco y el “alioli” de kimchi está para comerselo a cucharaas, literalmente. Además, aporta un punto picante que le va de perlas al sabor de marisco que tiene la quinoa.

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Y para terminar con lo salado, un pequeño homenaje de Rodrigo de la Calle a Joël Robuchon, el cocinero con más estrellas Michelín del mundo (28). ¡Fijáos si Rodrigo cocinará bien las verduras, que es el asesor de Robuchon en sus platos de verduras! En este pequeño homenaje, Rodrigo acompaña el mítico puré de patatas de Robuchon con un jugo de carne reducido y un guiso de cordifole. No hay un puré de patatas así en el mundo, hacednos caso. Y el jugo de carne está para mojar pan hasta que no quede nada.

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Estos 4 últimos platos salados del menú son los que te hacen rebañar hasta la última gota que queda en el plato con la ayuda del pan. Cuatro platos memorables, donde realmente te das cuenta de los sabores potentes de cada fondo, de cada complemento, de cada elaboración. Donde realmente reafirmas, aunque lo teníamos comprobado desde el primer bocado del menú, que en El Invernadero hay cocina de verdad, de esa que está llena de sabor, que se te pega a los labios, que te hace disfrutar y querer más y más. Y sin echar en falta la carne o el pescado. Bravo.

El siguiente pase se llama chupa la piedra. Sobre una piedra congelada viene un sobete de bergamota y unos brotes de rábano. Un prepostre ligeramente ácido que limpia la boca y hace que te prepares para el mundo dulce.

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El primer postre “como tal” es un atole de lentejas con canela y cacao. El sabor de las lentejas combina a la perfección con las especias. Además, es un postre que impresiona y no deja indiferente, ya que por “estas latitudes” estamos acostumbrados al sabor de las lentejas estofadas, en salado, no para un postre. Otro claro ejemplo de lo que es El Invernadero, un restaurante donde sorprenderse, disfrutar y aprender como en pocos sitios.

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Posteriormente llega la esmeralda de Villaconejos. ¿Por qúe de Villaconejos? Porque no es una esmeralda, es un trozo de melón tallado y osmotizado con espirulina, acompañado de nata con más espirulina y trigo sarraceno garrapiñado. La frescura y jugosidad del melón combina a la perfección con el punto láctico y untuoso de la nata, y el toque crujiente y dulce del trigo sarraceno garrapiñado termina de redondear un plato que lo tiene todo. Un postre muy rico, vistoso, refrescante, nada pesado… ¿Se puede hacer algo mejor con un melón?

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Y llegados a este punto, nos indican que empezamos de nuevo con el menú. Obviamente sabíamos que era una broma pero con lo rico que estaba todo… ¡Hubieramos vuelto a empezar de nuevo sin duda! Eso si, ya no teníamos casi hambre pero cuando está todo tan rico y estamos disfrutando tanto, podríamos estar horas y horas. Esta es su versión de una ensalada de pepino, apio, aceituna y yogur:

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Al igual que en plato anterior (la esmeralda de melón), la frescura del pepino (osmotizado con apio) juega con la untuosidad y el sabor láctico y ligeramente ácido del yogur, pudiendo recordar por momentos (aunque un poco más dulce) a un tzatziki. Sin embargo, el elemento clave del plato es una mermelada/reducción de aceituna negra, que aporta el dulce del postre y a la vez todo el sabor de la aceituna. Una vez más, un plato que sorprende ya que sabe a muchas cosas que están en la memoria de todos pero quizá no en un postre y menos tan equilibrado como este. Riquísimo, muy elegante, refrescante y equilibrado.

El postre más goloso de toda la comida sea quizá el siguiente. Unas peras asadas a la llama con chocolate y manteca de cacao.

Las peras se asan a fuego vivo durante 3 horas, hasta practicamente carbonizarlas. Después se pelan y se trocean. Así, la pera adquiere unos matices tostados, torrefactados, únicos. Matices que también tiene el chocolate. Antes de comer el plato, se mueve el recipiente para que la manteca de cacao que tiene en sus paredes se derrita, ya que el chocolate viene tibio. Así, el chocolate adquiere un brillo todavía mayor. La mezcla de la pera asada y el chocolate es genial, un postre goloso pero nada empalagoso.

Y el último plato en llegar es un carAJILLO. ¿Adivináis lo que lleva? Si, efectivamente, ajo. Una espuma de vainilla y ajo negro liviana, tenue, dulce. Los toques balsámicos del ajo negro combinan a la perfección con la vainilla. Un postre muy equilibrado, ya que un exceso de ajo negro podría ser demasiado fuerte. Aquí, el ajo negro se nota pero está muy equilibrado, no es nada invasivo. Un final perfecto, a la altura de toda la comida. Cabe destacar también que el trato de Victor, de Aitor, de Jorge, del propio Rodrigo de la Calle y de todo el equipo hace que la experiencia sea única y muy, muy especial. En El Invernadero los camareros son los propios cocineros, que te explican todas las elaboraciones, te solucionan las dudas que puedas tener y además lo hacen con una sonrisa y una amabilidad que son dignas de admirar y de agradecer. Si la comida es de 10, el servicio también.

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Después del último pase, llega el turno de los petits fours. Nosotros los tomamos en la terraza, acompañados de dos tés. A la izquierda, una mantequilla de cacao (más suave que una trufa), en el centro un estupendo canelé de Burdeos y a la derecha, una avellana recubierta de chocolate blanco y chlorella. Los tres muy buenos.

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Después de haber visto todas las fotos, seguramente no tenéis ninguna duda de que El Invernadero es un lugar mágico y especial, no sólo por su propuesta gastronómica que consigue un resultado inmejorable e inolvidable basandose al 100% en verduras de temporada, si no también por su decoración, trato y puesta en escena. Lo más importante es que ese resultado inmejorable e inolvidable es fruto del trabajo incansable de Rodrigo y de su equipo, de horas y horas cocinando e imaginando platos para que todo sea perfecto, de ser fieles a una idea, a una filosofía, a unos principios, a un sueño. De todo eso y mucho más. Es por ello que creemos que la estrella Michelín no es que sea merecida, es que se queda corta. Esperamos y deseamos un futuro firmamento de estrellas para Rodrigo y su equipo porque lo merecen y son capaces de conseguirlo.

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