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El turismo chino se sofistica

Zhu Jin no pensó que podría viajar fuera de China hasta que logró un buen trabajo en una multinacional electrónica de Shanghái. «Antes incluso …

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Un lugar donde viajar: Caravaca de la Cruz

Caravaca de la Cruz, municipio que supera los 26.000 habitantes y con una extensión de 859,51 kms.,

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Simone de Beauvoir

Ha comenzado a escribir de nuevo. El día fue maravilloso era soleado y cálido, la invitaba irremediablemente a no hacer nada, la invitaba a leer, la invitaba a recordar…

Hoy por la mañana sentada en el pequeño balcón de su habitación, entibiándose el cuerpo y alma con esos primaverales destellos, ha terminado de leer su último libro de cabecera “Felicidad clandestina” que, con la leve brisa que arrullaba a esa espléndida mañana, le dejaba un olor a hierva fresca y a árbol en flor. Mientras se estiraba y aspiraba ese aire puro y al mismo tiempo contaminado de ti, pensaba: —Tú eres su felicidad clandestina ¡Cómo te desea!
Volvió a su cama, levantó sus piernas y, apoyándolas contra la blanca y descuidada pared, se dispuso a escucharla. Se dispuso a escucharla a ella. Era todo oídos para Madame de Beauvoir. Simone de Beauvoir, ¡qué lujo de fin de semana!

Teresa es socia activa en un club de lectura, donde, al momento, leen a esta filósofa. Y ella se pregunta: —¿porqué tuvo que conocerla ahora y no, por lo menos, tres décadas antes? Para completar su información sobre esta gran mujer escucha su biografía «Memorias de una joven formal» se identifica con sus reflexiones y sus palabras: —”El día que una mujer pueda no amar con su debilidad sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal”—, querría hacer suyas sus palabras,  no cree que esté usurpándolas, simplemente hoy las necesita. ¡Cómo se identifica con ella!

Siempre ha sido una persona utópica, por eso siempre ha tratado a la gente como le gustaría que la traten, pero olvida cada vez que, el hombre se coloca la máscara que necesita hasta obtener de ti lo que desea, —eres sólo su objeto.
Ella es tan diferente, tan torpemente sincera y transparente que, cuando ella se entrega lo hace de cuerpo y de alma.

Recuerda, entonces, que su cuerpo es  tu «objeto» y su alma tu otro «yo», ella es tu parte femenina. Y tú eres para ella su ingenio  para crear y al mismo tiempo eres su sujeto, porque eres su «yo» interior, el que nadie conoce. Tú eres  su parte masculina.
Tiene tantas ganas de ti, como tú de ella: —está convencida—. Se mueve entre dos mundos, respira entre dos ánimas: —hablan y reflexionan entre ellas al mismo tiempo—. En ella estás tú y en ti está ella siempre: —está convencida— . Ella se encuentra entre ellos y ellos no se dan cuenta de que ella no está presente, no se dan cuenta de que sólo está su cuerpo, más no su esencia —está convencida—.

Ahora está preparada nuevamente. Quiere escribir. Quiere encontrarse a través de ti y de lo que para ella representas.
Ayer estuvo en un concierto, era un concierto de piano a cuatro manos, interpretaban piezas de Mozart, distraída con la melodía imaginaba, cómo sería bailar contigo a la luz de la luna. Delicadamente liberabas  sus muñecas de sus vendajes y podías  ver sus heridas,  mientras bailaban ellas se oxigenaban con la luz serena y  cicatrizaban con tu presencia. Continuasteis así  toda la noche hasta que la despojaste de sus demonios y cayendo los dos rendidos a los pies de su almendro de niña, os besabais ardientemente.

Acurrucados y casi en un murmullo jugaban a amarse, jugaban a decirse palabras: palabras esperadas, palabras inventadas, palabras a la deriva, palabras sinceras, palabras obscenas; como ellos. ¡Como querría que destiles de sus palabras el deseo y que te embriagues con ellas!

Ella te decía: Noche; tú le contestabas: Luna
Ella te decía: Oscuridad; tú le contestabas: Creatividad

Ella te decía: Yo; tú le contestabas: Loca…

Ella te decía: Es verdad, pero por poseerte.

Querría no soñarte, querría no desearte, querría no escribirte, querría dejarte partir, pero no puede; su locura es más fuerte que su juicio. Su juicio lo ha perdido, lo ha perdido contigo. Aunque acepta que contigo se ha perdido; también se asombra de que sólo en esa perdición se ha descubierto a sí misma.
Antes vivía y no se preguntaba, ahora se pregunta cada palabra, cada gesto, cada sombra, cada luz, cada silencio. Ahora quiere saberlo y sentirlo todo. —Quisiera sentirte ahora; — Es tan fácil mentir—.
En su diario escribe: —Coexistimos en una sociedad tan desinteresada  del uno por el otro  que,  ayer podía  disfrazar a la perfección mi presencia sin dejarles entrever mi ausencia, porque mi cuerpo los acompañaba,  pero mi espíritu vagaba  por otras esferas—

Bajaron a cenar a un restaurante situado en el casco antiguo de la ciudad. Antes era un castillo pequeño y ahora; un restaurante de lujo con una decoración exquisita. Frente al vestíbulo de señoras se encontraba un gran cuadro, donde se plasmaba en colores pasteles y cálidos, la figura femenina de una dama  propia del siglo XVIII con su cabello recogido y oscuro y recostada en un diván —se parecía a la Musa oculta de Goya— que unos años antes pudo admirar en el museo del Prado en Madrid, y esta damisela se encontraba allí dispuesta, como la musa de tus sueños, llevaba un vestido vaporoso y con una mirada cómplice, te recordaba. —Ella aún no sabe que tipo de mujer prefieres, pero ella si sabe ante  qué  tipo de hombre ella se inclina reverente: —al  culto.

Mientras observaba el cuadro detenidamente y los engañaba —a sus acompañantes— con su indiferente presencia, imaginaba cuánto le gustaría poder contarte lo que soñó la noche anterior…
Mejor dicho, le gustaría tanto poder hacer contigo lo que soñó la noche anterior sobre esa alfombra roja mullida, mojada y perfumada con vuestros líquidos. Le gustaría palparte y reconocerte entre los resplandores frente al fuego que ardía en la chimenea con sus colores vivos; dorados, violetas, granas que los invitaban a más.

Ella, como tú, tampoco cree en Dios. Ella cree que, tanto el infierno como el cielo están aquí en la tierra, por ende,  querría quemarse en sus brasas o elevarse a lo más etéreo, pero contigo. ¡Cómo desearía que tu seas su fuente de vida y no su peligro mortal! Alguna vez le comentaste que ella era tu mejor libro, entonces, léela…©

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Veto migratorio de Trump e incidentes con aerolíneas dañan el turismo en EEUU

"Hemos vivido una tormenta perfecta para la industria de los viajes y del turismo en EE.UU. en los últimos 18 meses: el 'brexit' (salida de Reino Unido …

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