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Mincetur impulsará y promoverá el turismo de naturaleza en la Amazonía

El Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur) fortalecerá el … Y cuando los vuelos sean más baratos, más gente va a viajar”, añadió.

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Vivir en el extranjero

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Cuando las personas se enteran que estás viviendo fuera suelen pensar que estás viviendo una vida perfecta o, al menos, mejor que la suya. No podrían estar más equivocados.

No tienen en cuenta todo lo que se ha dejado atrás para mudarse tan lejos, las ganas de que inventen el teletransporte para poder reducir el tiempo de traslados para ir a ver a quienes se echa de menos, los días en que la morriña quema y se desearía no haber tomado esa decisión, los pensamientos acerca de si se pudiese tener lo mismo que nos motivó a trasladarnos cerca de nuestra gente no nos habríamos ido en primer lugar, o el deseo de trasladar a todos los seres queridos a nuestro lado para así no sentir esa añoranza…

Hay infinitas razones por las que vivir fuera puede ser un infierno en determinados momentos, a la vez que hay el mismo número de razones para disfrutar del tiempo fuera. Implica sentimientos negativos y positivos, aprendizaje continuo y coste de oportunidad; pero al fin y al cabo todo esto también lo tenemos sin morar en otro país, es sólo que algunos de éstos sentimientos pueden ser más fuertes, en ocasiones, debido a la distancia.

Una vez el sol vuelve a salir, vuelven las ganas de seguir viajando y se hace más soportable la carga del arrepentimiento y la nostalgia, ganando terreno el continuo aprendizaje y los motivos que nos llevaron a tomar esa decisión en primer lugar.

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Bruselas, capital de la Unión Europea

Toda buena historia necesita un principio. En la entrada anterior os contaba cómo se gestó nuestro viaje de Semana Santa en 2015. Lo que inicialmente sería visitar a una amiga residente en Luxemburgo se acabó convirtiendo en recorrer el Benelux en tren, en un viaje exprés e intenso, pero no por ello menos productivo. Un vuelo de Luxair nos llevaría desde el aeropuerto de Barajas hasta Luxemburgo, primera parada de nuestra aventura ferroviaria. Allí nos recibirían nuestra amiga Linda, que sería nuestra anfitriona aquella noche y se uniría al viaje desde allí, y un frío importante que contrastaba con el calor que hacía en España en aquellos días. Sin embargo, y a pesar de ser Luxemburgo nuestra primera parada, solo hicimos noche allí para poner rumbo a Bruselas al día siguiente.

La sensación de subir a ese tren que conectaría Luxemburgo con Bélgica fue muy especial para mí. Sentía un hormigueo en la tripa, sentía que comenzaba, al fin, de verdad, el recorrido. Siempre había estado Bélgica en la lista de países que quería conocer y, por fin, podía tacharla. Sobre Bruselas me habían contado de todo: Para unos, era una ciudad sucia, fea, sorprendentemente atrasada para ser uno de los epicentros de la actividad política, económica y financiera de la Unión Europea (no en vano es la capital de esta); para otros, un lugar cosmopolita, civilizado, de ambiente joven y europeo, con inmejorables comunicaciones con el resto del continente. Creo que todo es relativo: Lógicamente, dependiendo de la zona por la que nos movamos nos encontraremos un ambiente mejor o peor, pero creo que esto sucede en Bruselas y en cualquier otro lugar. La zona centro de Bruselas me pareció encantadora, señorial y muy cuidada pensando en el visitante; las comunicaciones ferroviarias son rápidas, puntuales y tienen horarios amplios para poder trasladarse de un lugar a otro. Obviamente, es una ciudad cara en comparación con otras, pero creo que no es la más cara que he visitado. En cuanto a belleza… creo que ésta es relativa y se encuentra en los ojos del que mire. Bien es cierto que no es la ciudad más bonita que he visitado, y que no puede competir con Florencia, Lisboa o Madrid (debo reconocer que tengo debilidad con estas tres), pero no considero tampoco que Bruselas sea una ciudad fea, ya que en ella encontré rincones encantadores.

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En Bruselas hay cuatro grandes estaciones: Bruselas norte, Bruselas Midi, Bruselas Central y Bruselas Sur, que conectan diversos puntos de la ciudad, además de otras ciudades nacionales e internacionales. Nuestro hotel, el Ibis Centre Gare Midi, estaba a pocos minutos andando del centro, y justo enfrente de nuestra estación, Bruxelles-Midi.

Desde el hotel hasta el centro había que andar unos veinte minutos. La primera vez que atravesé una calle ancha que me llevaría hasta allí tuve la impresión de estar en Turquía en vez de en Bélgica. Me encantó ese contraste cultural, el hecho de dar la vuelta a una esquina y tener la impresión de estar en un lugar completamente diferente (dos años más tarde, he sabido que parte de las calles que recorrí forman parte de Molenbeek). A pesar de los recientes atentados, debo decir que no noté ningún atisbo de violencia o problemas en el barrio; es más, la capital belga me pareció, en este sentido, todo un ejemplo de inclusión.

Debo confesar que Bruselas no es la ciudad que más me ha impresionado cuando he viajado (como decía antes, para mí Florencia, Lisboa o Roma, por ejemplo, juegan en Champions), pero no estoy de acuerdo con aquellas personas que la describen como fea, atrasada y deprimente. Bruselas tiene muchísimo que ofrecer al viajero, y esto se hace extensible a la noche, y puede ser un destino ideal para un puente o fin de semana. Dedicamos a esta ciudad, realmente, día y medio, suficiente para conocer sus rincones más destacados y probar su animadísima vida nocturna, pero suficientemente poco también como para quedarme con ganas de más de esta ciudad.

Uno de los lugares más aclamados por los visitantes (cosa, por lo visto, incomprensible para los bruselenses) es el Manneken Pis (literalmente, el niño meón), posiblemente, la fuente más famosa de toda Bruselas. Se encuentra entre las calles Chene y L’Etuve, en la parte antigua. Mide apenas 50 centímetros,está hecha de bronce y tiene nada más y nada menos que cuatro siglos de antigüedad. El Manneken Pis original fue creado en el siglo XIV y fue robado, por lo que siglos más tarde se volvió a colocar en su lugar una copia. Cerca del  un callejón de la zona de bares, en el que está el mitiquísimo bar Delirium, está su “hermana”,la Jeanneke Pis, menos conocida y más y escondida. El niño suele aparecer disfrazado en fiestas importantes y existen múltiples leyendas respecto al porqué de esta estatua. Dato importante: El crío tiene una colección de más de 600 trajes que han ido regalándole diferentes jefes de Estado en sus visitas a la ciudad. Casi nada…

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No muy lejos de él se encuentra el que, probablemente, es uno de los lugares más reconocibles de la ciudad, y que a mí me cautivó nada más llegar: la Grand Place. Centro neurálgico de la ciudad, portada de tantas guías de viajes, protagonista de múltiples eventos culturales y, sin duda, toda una obra de arte. Durante tres días del mes de agosto, y solo los años pares, la plaza se engalana con el archiconocido tapiz de dalias y begonias, cada año con una temática y diseño diferente. Todo un espectáculo de color conformado por más de 50.000 flores que hace de ella un lugar aún más especial.  En la plaza se encuentran el ayuntamiento, la Casa del Rey y los gremios. Originalmente fue un mercado, hasta que se construyó el ayuntamiento en ella y, poco a poco, fue adquiriendo más y más importancia en la vida de la ciudad hasta pasar a ser el epicentro de todo el comercio bruselense. No resulta difícil imaginar escenas de épocas pasadas con los bruselenses paseando por ella… y es que los ornamentos de sus edificios hacen que sea considerada una de las plazas más espectaculares de Europa (y, a juzgar por lo que vi, ¡una de las más fotografiadas también!) Fue destruida casi en su totalidad en los bombardeos de 1695 y, tras ser reducida a cenizas, volvió a reconstruirse.

Pero Bruselas no solo de edificios señoriales y fachadas ornamentadas vive Bruselas. En sus calles, y a tan solo unos pasos de la Grand Place, pude ver edificios enteros en los que los colores claman por un mundo diferente. Hay murales, como los de Belfast, que son muy conocidos, no ya solo por el momento histórico al que pertenecieron, sino por la protesta que llevan intrínsecas sus pintadas. Un grito ahogado en silencio pidiendo un cambio, justicia social, o el fin de la violencia en las calles. La capital de la Unión Europea, tan cosmopolita, plural y heterogénea, no podría ser menos.

 

Seguimos nuestro camino hasta dar con la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula, de la que puedo decir que, si ya es bella por fuera, más lo es por dentro. Esta construcción gótica empezó a construirse en el siglo XIII, fue terminada en el XV y  se restauró hace treinta años. Se considera el edificio católico más importante de todo el país, por lo que es de visita obligada si os dejáis caer por Bruselas.

catedral

Me gusta mucho el estilo románico, porque tiene un cierto aire tétrico y lúgubre que me atrae profundamente (hablamos de arquitectura, ojo) desde que tengo uso de razón, pero las vidrieras del gótico son mi debilidad. Es el caso de las de la catedral, que me recuerdan, no sé muy bien por qué, a mi película de Disney favorita de todos los tiempos: La Bella y la Bestia. Verdaderas obras de arte que cuentan historias a través de sus colores. Líneas sencillas, luz y elegancia regia. Se encuentra en la Place Sainte-Gudule, 1000.

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catedral interior

Yo, que soy traductora e intérprete de carrera, veo esencial una visita a los edificios de las instituciones de la Unión Europea en el barrio europeo, donde se suceden los hombres encorbatados pegados al móvil y que tantas y tantas veces vemos en los telediarios. Cerca encontraréis el Museo de Historia Militar, el Museo del Cincuentenario o el Palacio del Cinquentenario, o el parque del mismo nombre, donde podréis encontrar el famoso Arco que tanto recuerda a la Puerta de Brandenburgo de Berlín. Podréis llegar de diferentes maneras:

Metro: Maelbeck o Schuman, líneas 1 y 5.
Tranvía: Maelbeek, líneas 1 y 5.
Autobús: Luxembourg, líneas 12, 21, 22, 27, 34, 38, 54, 64, 80 y 95. Paradas: Maelbeck o Schuman, líneas 1 y 5.
Metro: Maelbeck o Schuman, líneas 1 y 5.
Tranvía: Maelbeek, líneas 1 y 5.
Autobús: Luxembourg, líneas 12, 21, 22, 27, 34, 38, 54, 64, 80 y 95; o Maelbeek, líneas 1 y 5.

Y, ¿qué decir del Atomium? Otro de los edificios emblemáticos de Bruselas. Sin embargo, todo el mundo coincide en que impresiona muchísimo más verlo por fuera que entrar,ya que las colas suelen ser interminables y no siempre merece la pena invertir tiempo esperando. Cada una de las esferas acoge exposiciones temporales o permanentes relacionadas con la ciencia, entre ellas, la Expo de 1958. Representa un átomo de hierro ampliado 165.000.000.000 de veces y es obra de André Waterkeyn. Está más alejado del centro, en Atomium Square. El nombre de la parada es Heyssel, ya sea en metro, tranvía o autobús.

Muy cerca encontraréis el célebre Mini Europe, el parque que reproduce a escala monumentos de Bélgica. Es una de las atracciones más célebres, entrañables y aclamadas por los visitantes del país. Puede visitarse de 9:30 a 17:00 en horario de invierno, y de 9:30 a 19:00 en verano. La entrada para adultos es de 15 euros, para niños 12,50, y gratuita para niños que midan menos de 1,20. Pueden adquirirse por Internet entradas combinadas con el Atomium.

No podéis marcharos de Bruselas es el Jardín Botánico, aunque tuve la mala suerte de visitarlo en un momento del año en que la mayoría de los árboles están pelados, por ser de hoja caduca, y no pude apreciarlo en todo su esplendor. La cúpula del invernadero me recordaba al  Palacio de Cristal de Oporto. La entrada es libre, ya que es un parque público. Contiene una de las colecciones botánicas más importantes a nivel europeo, con miles de especies de flora repartidas a lo largo de 92 hectáreas. El invernadero puede visitarse por dentro, y es realmente impresionante. Puede ser un paseo perfecto para la última tarde que paséis en Bruselas acompañado de un gofre, y un plan genial con niños.

 

Relativamente cerca encontraréis el Palacio Real, de estilo neoclásico y situado en la parte más alta de la ciudad. En contra de lo que mucha gente cree, esta no es la residencia oficial de la familia belga, que habita en Laeken desde finales del siglo XIX. Actualmente, el edificio se utiliza con fines políticos y diplomáticos; reuniones, recepciones, convenciones o eventos gubernamentales.

Se encuentra en la Rue Brederode, 16  y solo puede ser visitado gratuitamente desde el día 21 de julio, día de la fiesta nacional, hasta mitad de septiembre, de martes a domingo y de 10 a 16:30. ¿Una curiosidad? Si el rey está dentro, la bandera belga es izada. IMG_3958

¿Qué como en Bruselas?

No podemos hablar de gastronomía belga sin nombrar  el chocolate belga y los gofres. Puedo decir, sin miedo a equivocarme, que el mejor de mi vida me lo he comido en Bruselas. Encontraréis todo tipo de opciones, ya que saben que es algo que gusta mucho al turista. ¿Queréis un consejo?Evitad las típicas pastelerías pegadas a los lugares turísticos: no necesariamente tienen que ser de peor calidad, todo lo contrario, pero el precio puede ser un poco desorbitado. Merece la pena callejear un poco y dejarse sorprender. Creedme, yo fui a Bruselas con temperaturas que rozaban los cero grados, ¡y un chocolatito caliente y un gofre se agradecen mucho!

Para comer, mejillones, sin duda, la estrella de cualquier menú en esta ciudad. Y veréis que el Manneken Pis está presente en muchos restaurantes para atraer la atención del público a su interior.

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Para acompañarlos, la cerveza belga es fundamental e indispensable en cualquier viaje a este país, ya que en él se producen más de 600 tipos. No os marchéis sin degustarlas en la Brasserie Cantillon, una de las cervecerías más antiguas de la ciudad.

¿Dónde me alojo?

Siendo honesta, Bruselas no es, precisamente, una ciudad barata. El centro condensa buena parte de los lugares más importantes, pero es muy cómoda para andar y está muy, muy pero que muy bien comunicada, por lo que, si veis que se sale de presupuesto un alojamiento en el centro, no pasará nada por que os alejéis un poco. Yo me alojé en el Ibis Centre Gare Midi, económico (para los precios de la ciudad) y con desayuno buffet, algo que es esencial para mí si tengo por delante un día de pateo intenso.

Algunos consejos para visitar Bruselas

  1. Adquiere una Brussels Card, tendrás entrada gratuita a más de 30 monumentos y museos, y descuentos de hasta un 30%. Se compra por Internet y se recoge en la oficina de turismo de la Grand Place. Existen tres modalidades: 24, 48 o 72 horas, y su precio oscila entre los 22 y los 38 euros.
  2. El clima en Bruselas es bastante angosto en invierno, y suele llover, así que si planeas viajar en invierno (entendemos invierno hasta mayo), llévate un buen abrigo. Ya me darás las gracias.
  3. Cuidado con dónde comes y bebes: Los restaurantes situados cerca de las zonas turísticas suelen tener precios abusivos.
  4. La mayoría de los sitios turísticos a los que se accede con entrada cierran relativamente pronto, así que planifica bien tu viaje y visítalos por la mañana.

Y la vida nocturna de Bruselas, ¿qué tal es?

Una maravilla. Bruselas es uno de los destinos preferidos para los Erasmus de toda Europa, de bohemios, de intelectuales, de cosmopolitas y, en general, una ciudad que sorprende tanto de día como de noche. En la zona centro de la ciudad vais a encontrar infinidad de bares y antros en los que dejaros caer y sorprenderos por la energía que desprenden sus calles. Mi recomendación: ¡Que nadie se vaya de Bruselas sin salir en Delirium! Una cervecería tan tróspida y surrealista como divertida, que protagonizó la noche más divertida de nuestro viaje, cuya actividad se prolonga hasta tarde. Y cuidado: Hay otros lugares que aprovechan la fama y ponen a sus locales el mismo nombre (también visitamos una cervecería con este mismo nombre en la entrada que a mí me recordaba a una iglesia por dentro). La “verdadera” está en la calle Impasse de la Fidelité, 4, y es vecina de la Jeanneken Pis. Ocio y cultura en una misma calle, no hay excusas. Al lado del edificio de la Bolsa de Valores, que merece una visita nocturna para admirarlo de noche, tenéis el McDonald’s más famoso (y, según pude apreciar, salvavidas) de toda la ciudad, al que suele ir la gente después de salir. La fiesta continúa en la cola. Bruselas siempre merece una segunda vuelta para conocerla más a fondo.

¡Sonreír y sed felices!

 

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We will continue to educate and enforce high standards for the program. I expect all of our players to conduct themselves in a manner that reflects the …

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