Archive for » noviembre 19th, 2017 «

Spania

g-mapahispaniaromana.jpg

Los antiguos dieron muchos nombres a la Península, pero entre ellos, el de Spania, que recibió de los Fenicios, la cual ha prevalecido y atravesado los siglos casi sin alteración. Muchas e innumerables conjeturas se han formado acerca del nombre de Spania; pero la mas probable, y la que han adoptado los sabios, es que este nombre es un derivado del fenicio span, que significa Oculto, porque este país era para los Fenicios una región lejana y casi escondida en el extremo de la tierra.

Hay que trasladarse hasta aquellos tiempos en que la navegación se hallaba todavía en mantillas, las distancias y la longitud solo se median por las dificultades de los medios de traslación, y en que finalmente los descubrimientos de los primeros navegantes asiáticos se hacían en Europa, en el mismo teatro donde abultan hoy día nuestras naciones modernas. Esta etimología de la palabra España, como derivada del nombre fenicio span, parece la mas legítima.  Los Griegos la apellidaban Hesperia con mucha frecuencia, país de poniente, por su situación geográfica al oeste con respecto a la Grecia; héspera en griego significa tarde, occidente. También la denominaban con este dictado los poetas romanos, cuya lengua y literatura venían a ser un remedo de las de los Griegos. El nombre de Iberia, con que se la designó mas comunmente después, aparece por primera vez en el Periplo de Escílaz de Carianda; habiendo hallado en la costa oriental donde arribó, un río llamado lber, Ibris ó Iberus y aplicó el primer nombre a la Península entera, y llamó Iberos a los pueblos que la habitaban.

Esta última denominación, adoptada por los escritores griegos que aportaron después de Escílaz, fue la mas acreditada, y dio margen a creer que en Iberia había pueblos que se daban el nombre de Iberos; de aquí el desatino vulgar que ha hecho creer en la existencia de una alcurnia o familia ibérica solariega o aborígena en España, en siglos muy posteriores a la época en que escribía Escílaz. No asoman datos para rastrear las poblaciones solariegas o aborigenas; por consiguiente, históricamente hablando, solo puede haber poblaciones mas o menos antiguas, anteriores unas a otras. Varios indicios dan margen a creer, aunque no bastan para producir una demostración incontestable, que los pueblos de quienes al parecer descienden los Bascos actuales, conservando el antiguo idioma, llegaron en una época que se hunde allá en la lobreguez de la antigüedad mas remota, y que se establecieron en la Hispania; y bajo este supuesto, es presumible que estos pueblos perteneciesen a la casta indo-escita, que, según todas las apariencias, derramó sus tríbus por el occidente en tiempos tan antiguos, que no cabe sujetarlos a datos cronológicos. Pero nada autoriza para considerar como ibéricas a las poblaciones donde los escritores griegos y romanos hallaron huellas, costumbres y las rancherías indo-escíticas, y a constituir una familia íbera de aquellas poblaciones.

“Los varones libres del Pirineo no son ni Vascones ni Cántabros. Se apellidan Eskaldun, llaman á su territorio Eskal-Herri, y á su idioma eskara. Según la tradición del pais, los Vascongados, desde el mismo siglo de la conquista, estrecharon los nudos de su confederación, y enarbolaron un estandarte cimado con tres manos ensangrentadas, con este rótulo ibérico: Irurakbat (las tres son una). Ellos creen representar los Iberos ó Vascos antiguos, arrollados a los riscos del Pirineo por la irrupción en España de los Celto-Galos. Esta oleada los arrojó de lo restante de la Península donde sus tribus se hallaban sin coto avecindadas, y allá se engolfan con la fecha de aquel establecimiento en sus montañas basta tres mil años antes de J.C. Se apellidan á sí mismos varones libres, descendientes de los antiguos habitantes de la Iberia, jente que habla el euskario.”

Algunas tribus indas, escito-indas, pastores y guerreros, llevando una vida errante, han podido llegar en la antigüedad de mansión en mansión, desde la península del Indo y de la Indo- Escitia, hasta la región mas retirada del occidente de Europa, y establecerse allí en parte o enteramente: los hombres de aquella alcurnia podían diferenciarse por idioma, costumbres, índole y fisonomía original, de los hombres de la casta gala que les habían precedido o seguido, sin que se crea por esto que haya fundamento para clasificar a los primeros, contraponiéndolos a los segundos, en una supuesta familia ibérica. Para fundarse algún tanto, fuera preciso al menos que en la lengua de los primeros, subsistente aun en sus supnestos descendientes, esta palabra íbero no pareciese tan palpablemente extraña y adoptiva, y seria necesario que estos supuestos descendientes de los Iberos se diesen a sí mismos el nombre de Iberos. Los Bascos no tienen en su idioma otro nombre nacional que el de Euskaldunac, y su lengua no se llama iberiana sino euskara. Este es el primer yerro de dicha denominación de Iberos, de la que tanto se ha abusado en nuestros días. Pero este desacierto se agrava todavía mas, si en efecto aquella denominación pertenece a la lengua de los Gaelos, y si donde quiera hayan habitado los pueblos de esta raza, marchando de occidente a oriente, se encuentran, a trechos y bajo las diversas formas que permitían los innumerables dialectos gaélicos, huellas manifiestas de este nombre que, en razón de una significación desconocida, cuadraba probablemente a los grandes límites fluviales, a las riberas, y sobre todo a los mismos ríos.

Todo cuanto se dice de la diferencia característica de ambas castas  parece por otra parte verdadero, sea cual fuere la opinión que se tenga acerca de las denominaciones que le dan. Parece no obstante que el valerse de un nombre mas adecuado seria mas del caso, y a la designación de raza o familia ibérica seria oportuno sustituirla de casta o familia euskara.
Ahora, que los pueblos de esta última familia, en los siglos anteriores a los tiempos históricos, hayan venido, como ya hemos dicho, a ocupar la España, y que, según la índole de su lengua , hayan dado a diferentes sitios los nombres que se han conservado hasta nuestros días; que estos pueblos deban considerarse como uno de los mas antiguos vástagos de la nación española: todo esto puede conciliarse muy bien; y parece cierto que cerca de diez y seis siglos antes de la era vulgar, no eran ya los Vascones la raza preponderante en Hispania; y que un pueblo nuevo, de casta diferente, bárbaro, belicoso y medio errante, hizo en ella una irrupción por las gargantas del Pirineo. Sea que los Euskaros fuesen en corto número para resistir a estos recién venidos, o sea que hubiesen menguado notablemente con las refriegas, lo cierto es que cedieron a los Galos todas las tierras del norte, del oeste, del centro y del sur de la Península, avasallándose a los nuevos conquistadores, o se barajaron con ellos, emigraron gran número bajo el nombre de Liguros y Sicanos, y solo en el valle del Ebro, desde su orígen hasta su confluencia con el Sicoris (Segre), entre los montes Idúbedos y los Pirineos, se conservaron unos cuantos puros de este contagio.

Con todo, tampoco en esta época tuvo lugar la mezcla de la célebre raza de que hablan los  historiadores, y de la que salió la nación de los Celtíberos. Es un error el atribuirla a una época tan lejana, y que el acontecimiento que acarreó la invasión de nuevos Celtas mas acá de los Pirineos donde se establecieron, hasta el valle del Ebro, siendo de una fecha de unos diez siglos mas reciente.
Por otra parte, para conformarnos a la costumbre de la crítica histórica moderna, hemos ido colocando así las poblaciones de la antigua Hispania en dos grandes moles, diversísimas entre sí, antes de la llegada de los Romanos. Realzada la independencia, el desasosiego y el desenfado guerrero; lo que menos sabían era formar ligas y manejarse con alguna hermandad. Eran además tan crecidas y desemejantes, que solo con sumo ahínco se aciertan a deslindar uno u otro de los dos tipos conocidos bajo el nombre de tipo céltico y de tipo íbero; y aun hay algunas que con certeza no pueden referirse a las mismas. Además, por maravilla asoma su nombre en los autores griegos y latinos. Estrabon solo cita unas cuantas, excusándose con sus nombres tan bárbaros, y Plinio cita únicamente aquellos cuya pronunciación no difiere mucho dé la latina. Generalmente esta blandura real o ponderada se extremaba siempre en Roma con respecto a España, y Marcial se burla de ella.

Hablando de algunos sitios de su país que tenia fama de estar todo plagado de nombres bárbaros, de Vetoviso, de Petusio y de Mantineso; dice que prefiere hablar de ellos mas bien que de Bitunto. Este Bitunto era un sitio de recreo para los Romanos ricos, cuyo nombre, a pesar de ser itálico, no era muy armonioso.
Por bárbaros que sean sin embargo los nombres de la mayor parte de los antiguos pueblos de Hispania que vamos a citar, conviene señalar su posición y recordar el aspecto bajo el cual los vieron los antiguos, sobre todo los Griegos y Romanos, únicos pueblos civilizados de la antigüedad de quienes nos hayan quedado escritos.

Cuando los Romanos se asomaron a la Península, estaba dividida en muchas naciones mas o menos bárbaras, pertenecientes, como ya llevamos dicho, a dos razas primitivas, pero subdivididas entre sí en una infinidad de pueblos y tribus, cuyos nombres se conocen apenas. Según refiere Estrabon, entre el Miño y el Tajo había mas de cincuenta pueblos. Plinio cuenta mas de cuarenta y cinco en la sola Lusitania.
Todas estas poblaciones habían tenido sus emigraciones, sus revoluciones y una historia que fuera muy curiosa si se poseyese. Tres pueblos civilizados, los Fenicios, los Griegos y los Cartagineses, habían estado en contacto con algunos de ellos; pero establecidos estos pueblos en las costas, tenían pocas relaciones con los del interior, y menos con los de las regiones montañosas del norte. Mientras que los establecidos en los llanos, cerca de la corriente de los ríos caudalosos y de las platas del mar, van suavizando sus costumbres, fundan ciudades, entablan el comercio y aprenden las artes, en una palabra, se civilizan, los demás que habitan las montañas conservan una barbarie y ferocidad de costumbres que asombran hasta a la misma soldadesca romana.
Entre las naciones hispánicas pertenecientes en aquella época, solo unas veinte merecen citarse: a saber, los Cántabros, los Asturos, los Galecos, los Lusitanos, los Celtíberos, los Vacceos, los Oretanos, los Carpetazos, los Turdetanos, los Bastetanos, los Contéstanos, los Laletános, los Indijetas, los Ausetanos, los Ilerjetas, los Ilercaones, los Cosetanos, los Euskaros ó Vascones, y los habitantes de las islas Baleares. Los cinco primeros eran indudablemente escíticos o célticos; pero en cuanto a los otros hay mucha incertidumbre.

La mayor parte se conceptuaban solariegos; palpablemente revueltos con otra ralea distinta, ya de Celtas o Fenicios, o ya de Tirrenos y Etruscos, como los Ilercaones; algunos en fin tenían una fisonomía sarda y liguria, que precisa a colocarlos en una escala separada.
De todas estas naciones, si exceptuamos los Vascones y los Cántabros, los pueblos célticos eran los mas guerreros y poderosos; la nación de los Galecos, por ejemplo, se subdividía en quince pueblos; la de los Lusitanos en cerca de cincuenta, los Célticos en dos, y los Celtíberos en cinco. Poquísimo es lo que consta acerca de la mayor parte de estos pueblos; pero lo que se sabe, como ya lo hemos dicho, importa mucho a la introducción de la presente historia.
Los Turdetanos eran los pueblos mas poderosos de la Bética, y abarcaban un espacio tan dilatado, que le cupo desde luego el nombre de Turdetania. Estéfano de Bizancio y Estrabon se valen indistintamente de uno y otro nombre para significar aquella parte de la España. Los escritores antiguos hablan en términos grandiosos de las leyes, de la poesía, de las riquezas y de la civilización de aquel pueblo;y (sin duda con referencia á Asclepíades de Mirleo, que, habiendo venido a España después de los ejércitos romanos del tiempo de Pompeyo, había estado enseñando las humanidades en el país de los Turdetanos y compuesto una descripción de las costumbres y particularidades de aquel pais), refiere Estrabon que conocían las letras y poseían leyes escritas en verso de mas de 6000 años. Asclepíades escribía en la época en que Pompeyo fue vencido por César en Farsalia, esto es, 48 años poco mas o menos antes de nuestra era. La civilización turdetana asciende, según esta cuenta, a 6,048 años antes de J.C., y por consiguiente a mas de 2,000 años antes dé la creación del mundo, según el cómputo eclesiástico y la Escritura; pero es probable que no se trataba aquí de años solares de doce meses como los nuestros, y que los Turdetanos contaban sus años, a la manera de muchos pueblos antiguos, por divisiones compuestas de seis, cuatro, tres y hasta de un solo mes. Esto supuesto, y tomando por norma el período o año de tres meses, según las estaciones que dividen el año solar, la civilización turdetana hubiera sido contemporánea de la primera llegada de los Fenicios a España , cerca de quince siglos antes de J.C.

Los Asturos eran célebres por sus riquezas, según Plinio; parece que fueron de los primeros pueblos bárbaros de España que se dedicaron a rastrear el oro y beneficiar las minas, con cuyo ejercicio se acarrearon la tacha de avarientos, de la cual se hallan repetidos testimonios en los autores antiguos. No cabe colocar con certeza a los Asturos entre los pueblos de sangre gala, pues pertenecen, al parecer, lo mismo que los Cántabros, a un linaje de orígen mas boreal ; su afición y cariño a  los caballos y otros usos indican un orígen es cítico. En efecto, entre los pueblos sármatas de las cercanías del mar Caspio se encuentran Pésicos y Asturos, con una leve alteración de nombre. En los confines occidentales de su país, los Asturos se encontraban con los Galaicos cuando iban a escudriñar el oro, aunque estos últimos sin embargo no iban tan afanados en su busca.

Los Cántabros venían después, al oriente de los Asturos, y habitaban desparramados por ambos vertientes del Vindio, en todo el país que comprende hoy día las provincias de Santander, Guipúzcoa, Alava y Vizcaya; formaban allí, como alguno de los pueblos que acabamos de nombrar, una confederación nacional, de la que hacían parte probablemente los Autrigones, los Caristos ó Caristinos, los Várdulos y algunos otros pueblos que cita Tolemeo. Según Plinio, se dividían en cuatro poblaciones, de las cuales ninguna expresa. Los Cántabros eran un pueblo feroz, encaramado en sus montañas y ajeno de todo género de civilización, al paso que los habitantes de las costas del Mediterráneo habían ido prohijando costumbres mas cultas, mejores leyes y un modo de vivir menos montaraz. En uno de los valles del Vindio que vierten hacia el Océano, se hallaba una tribu de su familia, cuyo asiento principal estaba en Concana, hoy día Cangas de Onís; la bebida predilecta de esta tribu era la sangre de caballo, por cuya circunstancia se había afamado entre los antiguos. Esta afición á la sangre de caballo comprendía a los Sármatas y Masajetas de quienes parece descendían aquellos pueblos.

La ferocidad de aquellos pueblos era proverbial entre los antiguos; su ardimiento guerrero y su cariño a la independencia solían causar asombro a los Romanos. « Los Iberos, dice Estrabon , igualan en pujanza a las fieras, como igualmente en crueldad y enfurecimiento. En la guerra de los Romanos contra los Cántabros, se vieron mujeres de aquel pueblo matar á sus propios bijos antes que verlos caer en manos del enemigo»

Cuenta asímismo Estrabon que es de «uso corriente el de montar dos juntos en un mismo caballo, para pelear uno a pié, y otro á caballo en un trance.»

Esta mención tan repetida a los caballos, cuando se habla de los antiguos pueblos de la Península, recuerda las costumbres de las naciones celto-escíticas y sarmáticas, suscitando la especie de que quizás fuesen aquellos los pueblos persas que coloca Varron entre los primeros que tomaron posesión de la Hispania. El menosprecio de la muerte era por otra parte el distintivo particular de los Iberos. Allá arrojaban su vida en los trances, y se suicidaban cuando tenían motivos para quejarse de su suerte.
De este modo no hay para qué extrañar tanta muerte violenta como había entre ellos. «Se cita aun como un uso particular de los Iberos, el de agenciarse un veneno que extraen de una yerba parecida al perejil (la cicuta quizás), y que mata sin dolor; siempre le llevan consigo para beberlo en caso- desgraciado. En fin, llega a tal punto su cariño a todos sus confederados, que si estos fenecen, se dan la muerte»

Hallamos aquí el uso de aquerenciarse con un caudillo venerado, como ya lo había notado César entre los Sociates, pueblos aquitanos. Hablando de los seiscientos soldurii de Adcantuano, jefe de aquel pueblo: «Dase este nombre, diee César, a unos valentones denodados que vinculan su vida a un amo, en cuya buena o mala suerte alternan, que mueren con él, ya peleando, o de mano airada, que es la suya propia.» A lo que César añade que no hay ejemplar de uno de ellos que siguiendo su adalid, se desentienda de morir con él. Dice Ateneo que los hombres que se vinculaban de esta manera entre los Aquitanos se llamaban silodunes en su lengua nacional, variación griega, sin duda, de otra palabra mas apropiada, saldunes. Aun hoy día en lengua vascuence, salduna significa hombre dueño de un caballo ( de zaldi ó saldi, caballo; saldi-a, un caballo ; taldun-a, hombre que posee un caballo).

Esta heroica institución parece privativa de los pueblos de la Hispania habitadores del valle del Ebro, con especialidad de los Vascones que moraban en la mayor parte, desde el Agreda al Sicoris, y á los pueblos de una misma casta y habla, conocidos allende los Pirineos bajo el nombre de Ausci (pueblos de Auch. – Vasco, vocablo latinizado de la radical Ask , Eusk, Osk, Ausk, Vask , Bask, según las diversas pronunciaciones. De aquí vienen las formas mas modernas, Vasco, Basco, Basquenz, Vizcaya, Gascuña, y también Bascongados ó Vascongados).

Tal era la extensión de los dominios y del idioma de los Vascones a principios de nuestra era que sabemos por Plutarco que Sertorio supo granjearse muchísimos parciales con casi toda la nación de los Vascones con quienes había formado estrecha alianza, si hemos de juzgar por lo que nos dice el mismo Plutarco de sus relaciones con Osea y Calagurris.

Desde el Ebro hasta la falda de los Pirineos, se aparecían los Cósetanos, en cuyo territorio había una ciudad de tipo pelásjico o tirreno, cuya fundación se engolfa en la lobreguez de los tiempos, Taraco, los Laietanos, los Lacetanos, los Ausetanos, y después, en el mismo arranque oriental de los Pirineos, los Indíjetas, con una ciudad llamada Indica. En los mismos Pirineos habitaban unos pueblos en cuyos nombres domina todavía la propia terminación “tan”.

“Esta terminación “tan” pertenecía á un sistema de nomenclatura púnica, ya fuese propio de la lengua de los Fenicios y Cartagineses, ya lo hubiesen derivado ellos mismos de la antigua voz persa é india “stan”, que significa país, pues no hay fundamento para derivaría del idioma euskaro. De este modo la Maurasia de los Griegos fué llamada Mauritania por los Romanos, a imitación de los Cartajineses; y así es que en España todos los países inmediatos a los Cartajineses, y con cuyas poblaciones habían traficado los últimos, conservaron entre sus sucesores denominaciones compuestas del antiguo nombre nacional de estas poblaciones con la terminación púnica “tan”.

Los Lusitanos prefieren de todas las carnes la de macho de cabrío; los sacrificios que ofrecen a Marte (esto es,  una de sus divinidades que Estrabon compara con aquel dios), son machos de cabrío, caballos y prisioneros de guerra.
También tributan, como los Griegos, hecatumbas semejantes a las que describe Píndaro, cuando dice: « Inmolad cien víctimas de cada especie de animales. »
«Pelean a pié o a caballo, armados a la lijéra o de pies a cabeza, en escaramuzas, o acuadrillados, y se ejercitan a la lucha y a la carrera. Los serranos viven de bellotas los dos tercios del año; después de haberlas secado las quebrantan, las muelen, y amasan con su harina un pan que se conserva por mucho tiempo. Beben una especie de cerveza; el vino escasea en gran manera, y aun ese poco que produce su país queda luego consumido en los banquetes de familia: en vez de aceite, emplean manteca. Comen sentados en poyos, y colócanse en orden de edad o dignidad, y los manjares pasan de mano en mano. En sus banquetes bailan al son de la flauta o del clarín; y hacen pasos figurados doblando las rodillas y saltando alternativamente.

Todos ellos andan vestidos de negro, y los mas llevan sayas, con las que se acuestan sobre haces de heno; sírvense, como los Galos, de vasijas de barro. Las mujeres usan vestidos bordados. Los que viven tierra adentro trafican por medio de trueques, o bien se sirven de laminas de plata que van cortando a trocillos conforme los necesitan para pagar lo que compran.

Apedrean a los condenados a muerte, y ajustician a los parricidas fuera de las ciudades o fronteras. Cásanse estos pueblos al modo de los Griegos; tienden los enfermos en los caminos, como en otro tiempo los Egipcios, para utilizar los consejos de los viandantes, por si casualmente alguno de ellos estuviese enterado por experiencia propia de la dolencia y del remedio. Hasta la expedición de Bruto, solo conocieron barcos de cuero para atravesar los estanques y esteros, pero hoy día, emplean, aunque en corto número, meras canoas.»

Así es, según Estrabon, la vida de todos los montañeses del norte de la Iberia, como los Galecios, los Asturos, los Cántabros, hasta el país de los Vascones y los Pirineos; pues todos estos pueblos se asemejan en su modo de vivir.

 

Fuente: Extractos y adaptaciones del libro Historia de España (Carlos Romey), 1839

Category: Lugares  Comments off

VISITA NEW YORK

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

nueva YorkHoy os vengo a hablar de una de las ciudades que considero que en algún momento de tu vida debes visitar y es nada más y nada menos que… Nueva York.

Cuando visites Nueva York debes ir a estos sitios obligatorio ya que no te vas a arrepentir de ello como Central Park un enorme parque al que su visita es imprescindible en tu viaje , puedes recorrerlo como más te guste a pie, en bici, corriendo…, es un parque demasiado grande para verlo en unas horas pero los lugares dentro de este parque que debes visitar son la Bedestha Fountain, Straberry Fields y la reserva de agua Jacqueline Kennedy Onassis ya que para mí son los lugares más bonitos de todo el parque. Otro de los lugares es Times Square, el corazón de Nueva York y seguramente de más impresión sus grandes pantallas y carteles luminosos, es famoso por sus más de 40 teatros algunos muy conocidos como el Misnkoff Theatre junto por sus Escaleras rojas iluminadas por la nocha para dar un toque más de iluminación y es practicamente peatonal ya que puedes encontrar sillas para sentarte. Y por supuesto si eres una apasionada de las comprar es una parada imprescindible porque te volverás loca con la gran cantidad de tiendas que puedes encontrar como Sephora, Victoria Secret, Disney Store… y otro de los lugares que debes visitar obligatoriamente en tu visita a Nueva York es Wall Streat, el centro financiero de Nuevas York, Estados Unidos, y prácticamente del mundo entero. Puedes ver Federas Hall, el Stock Exchange (la bolsa) o la famosa figura del Toro de Wall Street.

Bueno estos son tres de los muchísimos lugares que puedes visitar en Nueva York pero que son lugares donde tienes que hacer tu parada si o si. Espero que os ayude a decidiros sobre los lugares que visitar.

Haz click aqui para saber que más hacer por New York puedes vitar esta página.

Category: Lugares  Comments off

Presidente de TUI: el turismo en España ha tenido dos años excelentes

Pese a la influencia del terrorismo, continúa Joussen, "el mercado crece y la gente quiere viajar. De ello se benefician países como España, donde …

Articulo Original: http://ift.tt/2j8o97f

Category: Viajar  Comments off

La Toscana. Playas. Fotografía aérea… no sé si existe mejor combinación

Estamos metidos de pleno en el otoño. Y, desde hace unos días, el frío ya es más que evidente. Igual

Category: Lugares  Comments off
US