El Peine del Viento

Hace unos días tuve el privilegio de volver a San Sebastián y hoy, a modo de recuerdo, me gustaría recuperar este antiguo post sobre el que es sin duda mi rincón favorito de Donosti.

Continúo con mi tradición de escribir un post sobre algo que llame mi atención y esté relacionado con la ingeniería y con el lugar al que viajo. Esta vez le toca el turno a San Sebastián.

Leí hace tiempo que diseñar un rompeolas es muy complejo ya que, pese a que tus cálculos y el diseño teórico sean perfectos, el mar es caprichoso y orgulloso y puede rechazarlo. Por ello siempre me ha gustado la magia de los rompeolas, ver cómo la fuerza del mar invade las rocas, más aún en mares rebeldes como el Cantábrico.

Para los que conozcáis la ciudad guipuzcoana es probable que sepáis ya de qué voy hablar, para los que no hoy escribiré sobre cómo se construyó hace justo 40 años El Peine del Viento.

ElPeinedelosVientos_himarele

Este conjunto escultórico fue creado por Eduardo Chillida y está compuesto por tres esculturas de acero de 10 toneladas. Lo podemos ver anclado en las rocas que componen el final de la playa de Ondarreta en San Sebastián. Chillida comentó en más de una ocasión que el diseño de estos “peines” le llevó más de 25 años de trabajo pero ¿cómo se construyeron ahí?

Chillida debió de leer lo mismo que yo acerca de lo que ya os comentado de los rompeolas porque creó esa serie de ramificaciones para evitar quitar protagonismo al mar y al viento. Afirmaba que “el lugar es siempre condicionante a la obra” y más si cabe en un punto geográfico en que las olas se comen a la ciudad cada invierno. Dicen que solía hacer novillos los días de temporal para observar durante horas el impacto de las olas contra las rocas movido por ese misterio que nos ha atrapado alguna vez a todos. El lugar elegido para huir del mundo era donde hoy se ubica su obra.

Respecto a la construcción, esta tuvo lugar en 1977 y tuvo una gran complejidad. El objetivo era que pareciese que la escultura nacía de la roca de una forma natural, por lo que no se podía percibir ningún elemento de sujección que delatara la mano del hombre. Evidentemente, el primer paso fue reforzar las rocas para poder soportar todo ese peso y en segundo lugar la colocación de las esculturas.

Dicen que la primera de las esculturas se intentó colocar con un helicóptero pero que ninguno soportaba tantos kilos. Otra opción fue aprovechar la ubicación del monte Igueldo para bajarla con unas cuerdas pero ¿cómo encajarla en la roca? ¡Imposible! También intentaron emplear balsas para su transporte pero el Cantábrico es un mar con mucho oleaje por lo que el riesgo era elevado. Finalmente, se optó por construir una pasarela capaz de aguantar la sacudida de las olas y del viento y las 10 toneladas de acero que iban a colocarse.

peinedelviento_construccion_himarele

Parece que el mar de Donosti aceptó así que el nombre de Chillida quedase incrustado en sus rocas justo donde él aprendió a amar el mar.

“El artista sabe lo que hace, pero para que merezca la pena debe saltar esa barrera y hacer lo que no sabe.” Eduardo Chillida

Category: Lugares
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