Experiencia ERASMUS en Roma

Mis primeras semanas en Roma fueron de exploración y descubrimiento, todos los días salía a conocer la ciudad, a descubrir sitios de los que pudiera enamorarme, a habituarme a la ciudad que iba a ser mi lugar de residencia durante cinco meses.

 Pero no todo era hacer turismo, también estaban los follones universitarios, los papeleos de un lado a otro de Roma buscando la oficina exacta de la facultad que me correspondía, las conversaciones en “indio” con todas las personas que encontraba por mi camino a las que pedía ayuda y con las que tenía que solucionar situaciones difíciles. No fue fácil, en Roma hay una ciudad universitaria, un campus donde se encuentran reunidas la mayoría de las facultades, menos la mía y algunas otras marginadas más que están dispersas por la ciudad, fue todo un caos, por suerte tenía mi GPS en el móvil que me llevaba sin pérdida a todos los lugares a los que quería ir, ¡benditas nuevas tecnologías!

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Por otro lado también quedaba una de las peores situaciones de todo estudiante extranjero, buscar piso. Por suerte, no emprendí mi viaje sola, y eso me ayudó a soportar todo el estrés y el miedo de los primeros días con buen humor y tranquilidad, sobretodo a la hora de buscar piso, antes de empezar nuestro Erasmus estuvimos meses buscando un piso que se ajustara a nuestras preferencias, mandando correos unas veinte veces al día y fijando fechas para visitarlos cuando llegáramos a Roma, no fue tan fácil, muchos no contestaban, otros nos decían que ya estaba ocupado… quizá de veinte correos al día teníamos dos respuestas positivas, y una de ellas no nos convencía. Teníamos claro que no íbamos a pagar nada antes de verlo en persona y así, nos tiramos una semana entera, buscando anuncios en las calles de la ciudad universitaria y en las páginas web, visitando una media de tres pisos al día y llamando a aproximadamente a diez números distintos por cada hora hasta que dimos con el piso “perfecto”.
Lo que encontramos fue todo un lujo comparándolo con lo que habíamos visto previamente, la mayoría eran viejos, un desorden descomunal, la presencia del piso nefasta y, por supuesto, sin salón y la habitación que se alquilaba era compartida y nos pedían al rededor de 500 € por persona, una barbaridad. Pero, como ya he dicho, sin desistir seguimos buscando y visitando y, en una semana, ya teníamos nuestro piso, acogedor, más barato que las cantidades disparatadas que nos pedían en otros y en una buena zona. A partir de ese momento ya sólo nos quedaba disfrutar al máximo de nuestra nueva experiencia, lo más complicado ya había pasado.
Category: Viajar
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