Templos del Nilo

La forma más habitual de conocer el Egipto faraónico es embarcándonos en uno de los centenares de cruceros fluviales que recorren el Nilo. Ya sea en Lúxor y remontando el río hasta Asuán, o a la inversa, la ruta ofrece varias posibilidades, según precios, y permite conocer los templos más importantes ubicados a orillas del gran río. Suele completarse con una estancia breve en El Cairo para visitar las pirámides de Guiza y el famosísimo Museo de Arte Egipcio, y con una escapada a Abu Simbel para contemplar uno de los prodigios de la arquitectura antigua y la ingeniería moderna, ya que el gigantesco templo fue trasladado piedra a piedra a otro lugar para salvarlo de la inundación que se originó con la construcción de la presa de Asuán. El crucero que aquí os refiero formaba parte de un viaje de 14 días realizado al país del Nilo, en el que combinamos un circuito organizado con una estancia a nuestro libre albedrío visitando otros puntos de interés. Sin embargo, me centraré sólo en la ruta de los templos faraónicos.

Se necesitan algo más de cuatro horas para cubrir los 2.910 kilómetros que separan Barcelona, nuestro punto de partida, de la capital de Egipto. A ese tiempo hay que sumarle otra hora cuando lleguemos a El Cairo, ya que el horario egipcio se sitúa en la misma franja que Europa Oriental, es decir, una hora más que en España. Todo ello se resumió, en nuestro caso, a una llegada a hora tardía, con el tiempo justo para el alojamiento en el hotel Delta Pyramids y salir a buscar un restaurante en el que cenar antes de recogernos para poder dormir algo, ya que al romper el alba debíamos volar nuevamente hasta el verdadero punto de inicio de nuestra ruta.

Día 1: Lúxor.

A primera hora de la mañana, y tras una noche en la que apenas pudimos dormir por el calor, nos pusimos en pie para partir nuevamente hacia el aeropuerto de El Cairo, donde el guía local nos esperaba para el embarque. Tras una hora de vuelo, aproximadamente, tomábamos tierra en el aeropuerto de Lúxor, desde donde nos trasladamos hasta el muelle en el que se hallaba el Cleopatra, una discreta “motonave” que sería nuestro hotel flotante durante los próximos cuatro días de crucero fluvial.

Tras el alojamiento, nuestro primer contacto con la antigua Tebas fue uno de los lugares más emblemáticos del Egipto antiguo, el milenario templo de Karnak. Situado en la ribera oriental del Nilo, el complejo de templos de Karnak forma parte del conjunto denominado Antigua Tebas, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979. Es el conjunto de templos más grande de Egipto y durante siglos fue el lugar más influyente del Egipto faraónico. En su interior hallamos templos dedicados a las deidades Amón-RaMontuMut, Jonsu, Opet y Ptah. Pero tal vez sea más conocido por el gran obelisco que aún se mantiene erguido y por su espectacular sala hipóstila, formada por 122 columnas de 23 metros de altura. Pasear entre ellas nos da la medida de la grandeza de una civilización que nos ha maravillado a lo largo de la historia por sus logros en el terreno científico y artístico. El vértigo que produce la altura de esas columnas se acrecienta con el vértigo de pensar que fueron erigidas hace más de 5.000 años. Paseando entre ellas nos transportamos a tiempos pretéritos al amparo del misterioso juego de sombras que proyectan al tapar los potentes rayos del sol.

El recinto sagrado de Karnak se comunicaba con el de Luxor mediante una larga avenida flanqueada por carneros de la que se conserva un buen tramo próximo a este último templo, que ocupó nuestra segunda visita en la antigua capital del imperio nuevo y medio egipcio. Se lamenta la ofrenda que Egipto hizo a Francia de uno de sus obeliscos, que hoy en día vemos en la Place de la Concorde porque el precioso templo luce casi intacto y su ausencia rompe la simetría del conjunto. Pero así es la historia: Francia colaboró con Egipto en la preservación de su legado histórico y, en agradecimiento, Egipto le donó uno de sus más preciados dones que hoy podemos visitar totalmente descontextualizado en mitad de una plaza urbana.

Sea como fuere, la visita al templo de Luxor es mágica. A través de la gran avenida de esfinges llegamos hasta los dos enormes pilonos que marcan el acceso al templo. Su construcción fue ordenada por Amenofis III a su arquitecto Amenhotep, quien edificó un templo que incluía naos, santuario de la barca, sala de ofrendas y antecámara, capillas para distintas deidades y una sala hipóstila abierta a un gran patio cuadrado, el «patio solar».  El conjunto es de proporciones imponentes y refleja una gran armonía. Se completa con una columnata procesional de acogida de unos veinte metros de longitud a la entrada del templo.

Pero si mágica es la visita diurna del templo aún lo es más durante la noche, paseando entre las sombras que proyectan los focos sobre las enormes columnas, una experiencia recomendable durante la visita a Lúxor tras una tarde que completamos con un paseo en calesa que, ¡oh sorpresa!, acabó en un bazar de la ciudad donde pretendían vendernos toda suerte de productos. Y es que la picaresca egipcia está a la vuelta de cualquier ofrecimiento, ya sea alquilar una calesa, preguntar una dirección… todo suele acabar en un intento de obtener dinero del turista.

Día 2: Lúxor-Esna

Tras nuestra primera noche a bordo del Cleopatra y, una vez desayunados, nuestra guía particular nos esperaba para cruzar a la otra orilla del Nilo. El programa para el segundo día en Lúxor era igualmente importante pues teníamos cita con el Valle de los Reyes, posiblemente la necrópolis más importante del mundo, donde yacen algunos de los faraones más notables de todo el antiguo Egipto. Pero antes de visitar tres de sus tumbas, realizamos una parada para conocer el templo de una de las reinas que rompió moldes, logrando ser faraón sustrayéndose al débil poder de su hijo. El templo de Hatshepsut sorprende por su arquitectura, que difiere un tanto del resto de templos por su construcción a lo ancho y semi-enterrada en la roca. Así, aprovechando la orografía de la zona, el templo fue diseñado en tres terrazas escalonadas soportadas (y adornadas) con columnatas de gran tamaño. En sus paredes hallamos numerosos relieves ornamentales e informativos (los antiguos egipcios usaban los muros de los templos para narrar historias) con pasajes de la vida de la reina-faraón Hatshepsut. Son célebres los que describen una expedición al misterioso país de Punt, situado en un lugar determinado del Mar Rojo.

Este maravilloso templo, que poco después de nuestra visita saltaría a las primeras páginas de los periódicos por un brutal atentado terrorista contra turistas, tiene su acceso a través de una prolongada rampa y se atribuye al canciller, arquitecto real y posible amante de Hatshepsut, Senemut. Según parece, ese diseño que aún hoy en día consideraríamos moderno, era característico de la arquitectura clásica tebana en lo que se refiere a los edificios públicos.

La visita al templo de Hatshepsut, situado en el complejo de Deir el Bahari, dio paso en nuestro caso a la visita al Valle de los Reyes, donde se encuentran las tumbas de la mayoría de faraones del Imperio Nuevo (dinastías XVIII, XIX y XX). El azar quiso que la más popular de esas tumbas, la del rey Tutankamon estuviera cerrada, así que en nuestro caso la visita se centró en la de Horemheb, sucesor del anterior por méritos militares y último faraón de la XVIII Dinastía egipcia. La tumba fue localizada por Edward Ayrton en febrero de 1908 y es diferente a otras tumbas reales de la dinastía XVIII por tener  bajorrelieves en lugar de pinturas en las paredes, con pasajes del Libro de las Puertas que aparecen por primera vez en la historia. 

Tras la visita al Valle de los Reyes, donde pudimos contemplar otras dos tumbas, el recorrido nos llevó hasta una pequeña fábrica de objetos de alabastro y, de regreso a nuestra embarcación, a conocer los Colosos de Memnom. Son dos estatuas gemelas que representan al faraón Amenhotep III en posición sedente; sus manos reposan en las rodillas y su mirada se dirige hacia el Este, en dirección al río Nilo y al Sol naciente. Las estatuas están esculpidas en grandes bloques de cuarcita. En la antigüedad corría el mito de que una de las estatuas “cantaba” al amanecer. La explicación a ese fenómeno es que el cambio de temperatura, al comienzo del día, provocaba la evaporación del agua, que al salir por las fisuras del coloso producía un sonido peculiar, pero una restauración acometida en el siglo III por orden del emperador romano Septimio Severo nos privó de este fenómeno. Dicha restauración pretendía restituir la gloria de los colosos un tanto maltrecha por el terremoto que tuvo lugar en el año 27 a.C., tal como narra el historiador y geógrafo griego Estrabón

A la intensa visita a los lugares sagrados de Lúxor sigue una larga tarde  de navegación, contemplando la magia del ocaso reflejado en las aguas del Nilo, un espectáculo sin igual cargado de paz y nostalgia con el que llegaremos hasta la nueva escala.

Día 3: Esna-Edfú-Kom Ombo

La ciudad de Esna se halla a unos 55 km al sur de Lúxor y fue la antigua Iunyt, capital del nomo III del Alto Egipto, tras  Hieracómpolis y Eileithyaspolis. En ella podemos visitar un pequeño templo dedicado al culto de Jnum, que fue iniciado durante los reinados de Thutmose III (s. XV a. C.), y Amenhotep II, y reformado posteriormente. De él sólo se ha conservado completa la sala hipóstila, comenzada bajo el reinado del emperador Tiberio y finalizada bajo el de Adriano. Veinticuatro columnas de más de trece metros de altura soportan las grandes losas del techo de ese templo, decorado con bajorrelieves que representan escenas de los dioses, de la caza del faraón, textos con himnos a Jnum, un calendario de fiestas, escenas astronómicas y signos zodiacales.

Entre las curiosidades que hallamos al paso por Esna se encuentra la esclusa que permite salvar un desnivel de unos diez metros, siendo parada obligatoria para todos los cruceros que navegan por el río. Un trabajo de ingeniería digno de ser contemplado, siempre que los organizadores del tour te lo permitan, claro, ya que algunos aprovechan la maniobra para entretener al pasaje con absurdas actividades folclóricas.

Superado ese escollo, nuestra próxima parada tiene lugar en Edfú, situada a 90 kilómetros al sur de Lúxor. Fue capital del nomo II del Alto Egipto y un núcleo importante de población durante el Imperio Antiguo. Allí encontraremos el templo dedicado al dios Horus, una imponente construcción  de época ptolemaica, que la tradición atribuye a Imhotep, y que, según dicen, es el templo mejor conservado de Egipto. Su construcción comenzó el 23 de agosto de 237 a. C. bajo el mandato de Ptolomeo III Evergetes, y  fue consagrado por Ptolomeo VII Neo Filopator y su esposa Cleopatra II.

Como en todos los santuarios de la ruta fluvial, en él hallaremos una espectacular sala hipóstila, en este caso una exterior formada por doce columnas y otra interior en la que hallamos otras 18. Presidido por una imponente estatua del rey halcón, el templo se halla prácticamente intacto con todas las dependencias habituales (capillas, lago sagrado naos y pro-naos, etc.) y llaman poderosamente la atención sus altos muros de piedra decorados con bajorrelieves en lo que se denomina el ambulacro (pasadizo interior concebido para deambular contemplando las historias narradas en los muros).

Tras esta visita nos espera otro tramo de Nilo hasta cubrir los aproximadamente 100 kilómetros que separan Edfú de nuestra próxima parada, por lo que el resto del día es para disfrutar de la contemplación del maravilloso paisaje ribereño.

Día 4: Kom Ombo-Asuán

Amanecemos en Kom Ombo, donde tenemos una cita con el templo de Sobek y Haroeris, que está en ruinas, pero aún así resulta imponente, especialmente por su ubicación, que lo hace destacar al lado del Nilo. Es un edificio completamente simétrico, con dos entradas, dos salas hipóstilas y dos santuarios, cada uno dedicado a un dios: Haroeris (o Horus El Viejo o El Grande), y  Sobek, el dios cocodrilo.  Fue construido por orden del Ptolomeo VI en el siglo II a. C., cuando Kom Ombo  era la capital del primer nomo del Alto Egipto, y se concluyó bajo el reinado de Ptolomeo XII en el siglo I a. C. El emperador romano Augusto le añadió el pilono de la entrada hacia 30 a. C.

Su planta es similar a la del templo de Edfu y consta de un patio, dos salas, tres vestíbulos y dos ambulacros (frente al único que hay en Edfu). La fachada cuenta con dos entradas que comunican con cada uno de los dos templos que conforman el recinto sagrado, aunque ambos comparten zonas comunes en el interior.

El patio está en ruinas, con los muros laterales y el pilono destruidos. A través de él, dos puertas llevan a la primera sala hipóstila, el pronaos. En ella, hay grabadas escenas protagonizadas por Haroeris en el muro izquierdo y por Sobek en el derecho. Las columnas están talladas con lotos del Alto Egipto y papiros del delta del Nilo.

En la segunda sala hipóstila, los muros muestran escenas de ofrendas con el nombre de Ptolomeo VI Filométor y Ptolomeo VIII Everxetes II. A continuación se sitúan tres vestíbulos y finalmente, los santuarios, con decoraciones semejantes a las de la fachada.
Un museo dedicado al dios Sobek, donde hallaremos momias de cocodrilos, puede completar la visita al templo de Kom Ombo antes de reemprender la navegación río arriba hasta nuestro destino final. Allí podremos contemplar otro de los prodigios de la ingeniería antigua y moderna: la presa de Asuan y el Lago Nasser.
PICT0161Asuán fue la frontera del Sur del Antiguo Egipto y, por lo tanto, un enclave de gran importancia militar y económica del llamado Alto Egipto. A finales del siglo XIX y para poner coto las inundaciones periódicas del Nilo se proyectó la construcción de una gran presa que contuviera sus aguas. Dicha presa tuvo que ser modificada en diversas ocasiones para hacer frente a la acción del agua, hasta que en 1946 se decidió construir otra mayor 8 kilómetros río arriba. Ésta se empezó a construir en 1952, estando Gamal Abder Nasser al frente del gobierno, por lo que durante muchos años fue conocida como “presa de Nasser”. El proyecto concluyó en 1970 y en él intervinieron diversos gobiernos colaborando económicamente. El gran lago formado por la gran presa, no obstante, conllevaba otros inconvenientes: inundar para siempre valiosos monumentos faraónicos, por lo que a instancias de la Unesco, los países implicados en este gran proyecto de ingeniería arrimaron el hombro para trasladar algunos de ellos a otras zonas. Egipto donó algunos de esos templos a los países colaboradores en agradecimiento (de ahí la existencia en Madrid del Templo de Debod), pero posiblemente la mayor hazaña fue el traslado de dos imponentes santuarios que hoy en día son visita obligada para los turistas: los templos de Filé y Abú Simbel.
Nuestro periplo por lo templos del antiguo Egipto faraónico concluye con una visita a una de esas maravillas rescatadas de las aguas: el templo de Filé. Situado en un islote en medio del Lago Nasser, este complejo lo forman un templo principal dedicado a la diosa Isis, que ocupa una posición principal, y otros subordinados que se dedican a Arensnufis, Imhotep y Hator, que están subordinados al de la diosa. Entre los principales elementos que podremos contemplar en este espectacular santuario hallamos, además de los templos dedicados a las deidades, las columnatas de la época de Augusto y Tiberio, el primer pilono con los obeliscos de Ptolomeo VIII Evérgetes, la puerta de Adriano (que da paso a la capilla principal y al templo de la diosa Hathor) y el quiosco de Trajano.

El crucero fluvial que recorre  los principales templos del Antiguo Egipcio suele concluir aquí, dejando el resto del día libre para deambular por Asuan. Las alternativas suelen ser dos: alquilar una faluca y navegar por el Nilo o contratar una excursión para descubrir el fabuloso templo de a Abú Simbel, situado aproximadamente a una hora de avión de la zona y que constituye la otra construcción de grandes dimensiones trasladada desde lo que ahora es el fondo del Lago Nasser. Desgraciadamente, nosotros optamos por el paseo en faluca, pero recomiendo encarecidamente la visita a dicho templo, uno de los más emblemáticos del país, que destacas por las colosales estatuas de Ramsés II.

Category: Cruceros
You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed.Both comments and pings are currently closed.

Comments are closed.

US